CUANDO LA BARRA VIBRABA

CUANDO LA BARRA VIBRABA

Al Gallego Lires López (Al Pájaro Hoyos (A José Fernández Gómez. A Cacharilas , etc.

05 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Al Gallego Lires López (Al Pájaro Hoyos (A José Fernández Gómez. A Cacharilas , etc.

De golpe Pacheco fue y encontró que estaba cerrada, para siempre. Son muchos los años de La Barra y unos menos los que lo recuerdo. Cuando escribía como Un Hincha Azul , oía religiosamente cierto programa vespertino por la emisora Mil Veinte. Lo dirigían Alberto Piedrahíta Pacheco, Hernando Vidal y David Cañón y los temas persistentes eran fútbol y ciclismo. En ese entonces el restaurante se llamaba La Casa de los Jamones y el espacio radial se emitía directamente desde aquella Barra de la 22.

Ubicada, en efecto, en la calle 22 entre carreras 9a. y 10a., ir a La Barra constituía toda una odisea ya que, para hablar claro, estaba localizada en uno de los peores sitios de Bogotá. Muchos años luego la ilusión era la de que la Alcaldía de Peñalosa alcanzara a recuperar el Centro, lo cual le faltó por falta de tiempo. Con todo, ir a La Barra se volvía todo un expectante acontecimiento, pues la verdad es que en una época llegó a ser incluso la mejor tasca de Bogotá.

Muerto su propietario, Alejo Villanueva, supongo que de tanto comer, las riendas las tomaron su esposa, Casilda, y su hija Begonia y la administración del negocio, Pedro Carreño, cónyuge de esta última. Y aunque se tratara de un establecimiento que este octubre iba a cumplir 40 años de vida, verdaderamente vine a frecuentarlo en épocas tan inolvidables como difíciles.

Aludo al Gobierno de Ernesto Samper, cuando tuvo que afrontar la más enfurecida y rabiosa oposición. Y no cualquiera! La encabezaban varios personajes y periodistas que entonces se hicieron célebres por dar palo a diestra y siniestra. Ellos eran los conspis. Lo grave es que la batuta la manejaba ni más ni menos que el embajador de los Estados Unidos, el virrey Myles Frechette.

Lo cierto es que uno de los principales contertulios de La Barra fue Andrés Pastrana, presumiblemente por su afición taurina y su amistad con toreros como Palomo Linares. Un día, en plena y ardiente campaña política, me encontraba almorzando con la gente de la Revista Credencial cuando súbitamente, en medio del acalorado clima político, ingresaron Luis Fernando Ramírez, Luis Alberto Moreno, Claudia De Francisco y otros más, quienes de inmediato subieron al segundo piso para aguardar a que llegara el candidato amigo. Pese a que ya mostraba unas garras antipastranistas que me han costado mucho, envié una botella de jerez a Pastrana y sus acompañantes con un mensaje que simplemente decía: Estimados contradictores, todo el éxito, aunque esta vez no sea el triunfo .

Jerez seco y bien helado, se entiende, no recuerdo si La Ina o Tío Pepe. Desde entonces los pastranistas no volvieron a visitar La Barra y el samperismo se la tomó en más de una ocasión, con almuerzos inolvidables a los cuales asistió luego el propio Presidente de la República, a veces en la grata compañía de amigos solidarios como Hernando Santos, Augusto López, Mónica De Greiff, Horacio Serpa y Aseneth Velásquez, entre otros. Y así, mientras los conspiradores resolvieron trasladar sus cuarteles de invierno a Salinas, en el norte, los samperistas, en medio de deliciosas viandas, trazábamos como escuderos las estrategias de contraconspiración.

Tal vez fue La Barra el primer restaurante español en Colombia que se atrevió a ensayar el cochinillo. Gracias a un criadero local de marranitos, donde dejaban crecer los cerdos los meses o días suficientes para que la carne no se endureciera ni adquiriera sabores extraños, ahí, entre plato y plato, ya puede hablarse de los planes que se concebían para frenar la arremetida de los contrincantes. Y en medio de unos calamares fritos -o en su tinta- calientes con limón, al igual que de unos estupendos mejillones frescos invariablemente complementados por la tortilla de la casa y los emblemáticos langostinos en vinagreta bañados en una salsa de tomate fresco, todo en el fondo resultaba vano, ante los escándalos semanales de Semana, o los muy diarios del noticiero de las Marías .

Fueron, pues, muchos almuerzos tan angustiosos como suculentos, matizados por los magníficos cuentos de sus contertulios y finalmente relajados y relajantes, al calor de tres o cuatro copitas de Paternina banda roja, tan entrañables en esa atmósfera de tasca hispánica que siempre caracterizó a La Barra.

Ahora dicen que, además de clausurarse, sus dueñas se han marchado, diez años después de semejantes encuentros gastronómicos y políticos. Si por desgracia la calidad de las ventas se había deteriorado y Casilda tampoco había vuelto a preparar ese arroz caldudo de conejo que no figuraba en el menú habitual, es imposible creer que sus empleados -comenzando por las inolvidables María Luisa Buitrago y Rosa Sandoval- no solo hayan quedado cesantes sino pendientes de su liquidación, acaso sacrificados como aquel cerdito tostado y crujiente que de cuando en vez calmaba el apetito de tanto ansioso paladar. Eso no puede ser.

posgar@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.