LA OTRA CARA DE LA MORDIDA

LA OTRA CARA DE LA MORDIDA

Para nadie es un secreto que la principal fuente de desangre del Estado colombiano es la corrupción. No es exagerado afirmar que no pasa un día sin que estalle algún escándalo generado por ese cáncer que corroe a la sociedad y arruina las finanzas públicas. Por esto, no sorprenden los tristes resultados de la más reciente encuesta de percepción empresarial sobre el tema, realizada por Confecámaras en 15 ciudades del país y divulgada ayer. La cual confirma que el soborno, el serrucho y otras prácticas corruptas siguen imperando en los negocios que los particulares efectúan con el Gobierno en todos sus niveles. Nada menos que 3 billones de pesos en mordidas fueron a engordar los bolsillos de funcionarios públicos el año pasado, para que otorgaran contratos o licencias, ajustaran las condiciones de los pliegos a la medida del proponente interesado o efectuaran algún otro favor a los aspirantes a obtener alguna adjudicación.

06 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Para nadie es un secreto que la principal fuente de desangre del Estado colombiano es la corrupción. No es exagerado afirmar que no pasa un día sin que estalle algún escándalo generado por ese cáncer que corroe a la sociedad y arruina las finanzas públicas. Por esto, no sorprenden los tristes resultados de la más reciente encuesta de percepción empresarial sobre el tema, realizada por Confecámaras en 15 ciudades del país y divulgada ayer. La cual confirma que el soborno, el serrucho y otras prácticas corruptas siguen imperando en los negocios que los particulares efectúan con el Gobierno en todos sus niveles. Nada menos que 3 billones de pesos en mordidas fueron a engordar los bolsillos de funcionarios públicos el año pasado, para que otorgaran contratos o licencias, ajustaran las condiciones de los pliegos a la medida del proponente interesado o efectuaran algún otro favor a los aspirantes a obtener alguna adjudicación.

De poco consuelo sirve el que, en opinión de una minoría de los 1.600 empresarios encuestados (todos ellos inscritos en la lista de proponentes para contratar con el Estado), las prácticas corruptas disminuyeran, respecto al año 2002, en el Gobierno Nacional. Porque, al mismo tiempo, la percepción de la gran mayoría es que aquellas aumentaron con creces en los niveles departamental y municipal. Con el agravante de que, al menos en una tercera parte de los casos, es el funcionario quien insinúa la mordida y fija su cuantía, que va del 10 al 25 por ciento del valor de la adjudicación. No hay razones para dudar de estos datos, originados en el sector empresarial que gestiona en forma permanente ante el Estado. Es una especie de confesión de parte, a la que sólo falta la de los beneficiarios de este perverso sistema, en mala hora entronizado en nuestro país y al parecer imposible de erradicar.

Tan desolador resulta que en el banquete de la corrupción participe el sector privado como que la acción de la Justicia frente a empresarios corruptos sea tan ineficaz, por no decir inexistente. Porque aquí toda el agua sucia y podrida se la echan a los servidores públicos, mientras gerentes y empleados de diferentes niveles de las empresas se frotan las manos y se llenan los bolsillos. A unos y a otros hay que perseguirlos sin contemplación. Porque de nada sirve la dramática confesión de los empresarios encuestados si no se toman decisiones radicales para ponerle fin a tanta francachela.

editorial@eltiempo.com.co

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