LA NUEVA DONACIÓN BOTERO

LA NUEVA DONACIÓN BOTERO

Fernando Botero ha dicho que la parte de su obra en que se refleja el gran dolor de Colombia, producto de la ya demasiado larga y extensa ola de violencia, no podía ser para él, en ningún momento, objeto de lucro. Por este motivo ha unido a la nobleza de la intención, la del acto de donar al Museo Nacional las telas y dibujos en que recoge su visión de esa violencia que nos aflige, plasmada en 55 cuadros cuya exposición se inauguró el jueves en uno de los bellos salones del museo.

07 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Fernando Botero ha dicho que la parte de su obra en que se refleja el gran dolor de Colombia, producto de la ya demasiado larga y extensa ola de violencia, no podía ser para él, en ningún momento, objeto de lucro. Por este motivo ha unido a la nobleza de la intención, la del acto de donar al Museo Nacional las telas y dibujos en que recoge su visión de esa violencia que nos aflige, plasmada en 55 cuadros cuya exposición se inauguró el jueves en uno de los bellos salones del museo.

Muestra el gran pintor colombiano escenas en las que, para el espectador, es imposible fijarse en la belleza plástica, pues en ellas el artista ha querido que el dolor y el horror de la violencia sean el protagonista que a su turno origine en la retina del observador un vivo rechazo contra los fenómenos que inspiraron los cuadros. Ni más ni menos como lo consigue Goya en su inmortal serie Los desastres de la guerra. Bien anota Santiago Londoño Vélez, en su presentación del magnífico catálogo publicado por Villegas Editores, que el testimonio de Botero se complementa una y otra vez con cadáveres destrozados, gallinazos negros que dan cuenta de los restos o vuelan como señales mortíferas, ahogados que flotan en el río, madres y viudas que lloran sin consuelo, desplazados sin futuro, gruesos esqueletos, asesinos impunes, carros bomba en el preciso momento de explotar... Solo la belleza del color, aplicado a veces con urgencia y sin la morosa delectación de muchas de sus pinturas, así como la armonía de las formas de estas inusitadas composiciones, acaso atenúan el cataclismo que representan .

La muestra de cuadros de la serie de los desastres de la violencia se hace más desgarradora por los volúmenes de sus objetos, por los enormes rostros descompuestos de madres e hijos, por la viveza de los colores y la lúgubre del blanco y el negro. La donación hay que mirarla y admirarla como una nueva fase del genial pintor, que además de su arte aporta elementos cruciales para entender una realidad que todos los días nos hace temer por el porvenir de Colombia.

editorial@eltiempo.com.co

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