TESTIMONIO DE UNA DESPEDIDA

TESTIMONIO DE UNA DESPEDIDA

Herederos de Roberto Bolaño, eso es lo que dice la línea perdida en la que los libros señalan a quién le pertenecen los derechos de autor.

07 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Herederos de Roberto Bolaño, eso es lo que dice la línea perdida en la que los libros señalan a quién le pertenecen los derechos de autor.

Justo en la página siguiente, la de la dedicatoria, la duda termina por aclararse:mis hijos Lautaro y Alexandra y para mi amigo Ignacio Echevarría Así comienza, El gaucho insufrible, el libro póstumo del escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003).

Este libro despedida tiene el dolor desgarrador de una enfermedad terminal y los altibajos que enfrenta cualquier ser humano en esa condición. No es un libro de cuentos, tampoco es uno de ensayos, es un adiós de alguien que siente que su lugar en la literatura no fue reconocido a tiempo.

Literariamente, El gaucho insufrible es el mejor cuento. Es la historia de un exitoso abogado que termina regresando a la vieja hacienda de su infancia como una manera de huir de la debacle argentina de hace dos años. El sufrimiento estoico y pasivo del protagonista hace inevitable pensar en el mismo Bolaño, que seguramente escribía ese texto consciente de que su final estaba cerca.

Sin embargo, la parte más valiosa del libro es Libertad +Enfermedad= Enfermedad. Allí Bolaño, resignado a su suerte, trata de poner los puntos sobre las íes en algunos de los asuntos que, considera, quedaron pendientes.

Escribir sobre la enfermedad, sobre todo si uno está gravemente enfermo, puede ser un suplicio. Escribir sobre la enfermedad si uno, además de estar gravemente enfermo, es hipocondriaco, es un acto de masoquismo o de desesperación. Pero también puede ser un acto liberadorconfiesa en uno de los primeros capítulos de su testimonio, que es lo que debe ser, ya que, aunque esté organizado como un ensayo, está escrito con la resignación de la muerte y no con la frialdad de la razón, sin el temor las consecuencias posteriores, eso ya no importa.

Bolaño se sabe condenado y por eso recuerda la película de Tim Robbins, Dead man walking, en la que Susan Sarandon es una monja que brinda apoyo a Sean Penn, quien encarna a un condenado a muerte. El escritor chileno resalta la calidad de la película, pero se cuida en señalar que:Robbins es un buen actor y tal vez un buen director pero no ha estado jamás en el corredor de la muerte.

En su hora del balance final, Bolaño no reniega de su suerte, siente que su apuesta por la literatura fue honesta.pobre, vivía en la intemperie y me consideraba un tipo con suerte porque, a fin de cuentas, no había enfermado de nada grave. Abusé del sexo, pero nunca contraje una enfermedad venérea. Abusé de la lectura pero nunca quise ser un autor de éxito.

Bolaño fue durante mucho tiempo un secreto literario que solo compartían los graduados con honores en el vicio de la lectura. Su suerte como escritor comenzó a cambiar cuando ganó el premio Rómulo Gallegos, por su novela Los detectives salvajes, en 1999, pero ya era tarde, apenas cuatro años después fallecería.

Dardos literarios.

-Los escritores actuales no son ya, como bien hiciera notar Pere Gimferrer, señoritos dispuestos a fulminar la respetabilidad social ni mucho menos un hatajo de inadaptados sino gente salida de la clase media y del proletariado dispuesta a escalar el Everest de la respetabilidad, deseosa de respetabilidad.

-La mejor lección de literatura que dio Vargas Llosa fue salir a hacer jogging con las primeras luces del alba. La mejor lección de García Márquez fue recibir al Papa de Roma en La Habana, calzado con botines de charol.

- Qué pueden hacer Sergio Pitol, Fernando Vallejo y Ricardo Piglia contra la avalancha de glamour?.

-Si el cadáver increíblemente gordo de Cela lo amarramos a un caballo blanco, podemos y de hecho tenemos a un nuevo Cid de las letras españolas.

Foto: Roberto Bolano, uno de los mejores narradores contemporaneos, muerio mientras esperaba un transplante de higado.

La Biblia de Bolaño.

Si alguien quiere adentrarse a la complejidad y al ingenio de Roberto Bolaño debe leer Los detectives salvajes (1998). Un libro difícil de describir. Lleno de voces, de humor, de historias grandes y pequeñas, cargado de una increíble fuerza narrativa.

Estos detectives son dos jóvenes aspirantes a poetas, Arturo Belanoáquizá el álter ego de Bolañoá y Ulises Lima, creadores de una secta literaria a la que han llamado realismo visceral. Ambos emprenden, en un Ford Impala, un viaje desde Ciudad de México hasta los desiertos del estado de Sonora (noroccidente de México) para rastrear a una poeta perdida, Ces rea Tinajero, que se les ha convertido en un mito.

El libro, de 609 páginas y sin duda un trasgresor experimento, ha sido calificado por voces tan autorizadas como el escritor español Enrique Vila-Matas comocarpetazo histórico y genial a Rayuela de Cortázar. Una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio.

Los detectives está dividido en tres partes. La primera, que comienza en 1975, cuando estos poetas son apenas unos muchachos, es un diario en el que un joven obsesionado con la métrica, Juan García Madero, narra la manera como conoció, se hizo parte de este grupo y huyó del D.F. con Belano y Lima.

La segunda, que abarca desde 1976 hasta 1996, reúne testimonios de por lo menos 40 personajes, entre ellos Carlos Monsiváis y la secretaria de Octavio Paz, que se refieren a los dos poetas tanto a su vida presente como pasada y a su frenética búsqueda de la poeta perdida. La última parte vuelve al pasado, a 1976, y narra, como en un road movie, el viaje hacia Tinajero y su patético encuentro.

Un libro difícil de olvidar, frenético y en el que se respira vida.

Fragmentos de su poema.

Un paseo por la literatura, del 2000, que hace parte del libro Roberto Bolaño Tres, publicado por El Acantilado.

entonces que visitaba la mansión de Alonso de Ercilla. Yo tenía sesenta años y estaba despedazado por la enfermedad (literalmente me caía a pedazos). Ercilla tenía unos noventa y agonizaba en una enorme cama de dosel. El viejo me miraba desdeñoso y después me pedía un vaso de aguardiente. Yo buscaba el aguardiente pero sólo encontraba aperos de montar.

que un cementerio olvidado de Africa encontraba la tumba de un amigo cuyo rostro ya no podía recordar.

que era un detective viejo y enfermo y que buscaba gente perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.