JEFE BANCARIO DE LULA IMPULSA POLÍTICA NACIONALISTA

JEFE BANCARIO DE LULA IMPULSA POLÍTICA NACIONALISTA

Mientras MCI Inc. daba los toques finales el mes pasado a su plan para vender a Telmex su participación mayoritaria en el proveedor de larga distancia Embratel ParticipaSA, los reguladores de la bolsa brasileña recibieron una objeción de peso. (VER GRAFICO: MANO A MANO)

07 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Mientras MCI Inc. daba los toques finales el mes pasado a su plan para vender a Telmex su participación mayoritaria en el proveedor de larga distancia Embratel ParticipaSA, los reguladores de la bolsa brasileña recibieron una objeción de peso.

(VER GRAFICO: MANO A MANO).

El poderoso Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) pidió a las autoridades locales que analizaran la venta por US$400 millones, argumentando que un consorcio de compañías locales de telecomunicaciones había hecho una oferta superior.

La iniciativa del banco, que no se espera que prevalezca, ilustra de todos modos la voz, cada vez más influyente, de su presidente, Carlos Lessa, en el debate sobre el futuro económico de Brasil.

Mientras el gobierno izquierdista de Luiz Inácio Lula da Silva hace grandes esfuerzos por implementar las políticas fiscales conservadoras que tanto agradan a Wall Street, Lessa impulsa de manera abierta una agenda definitivamente menos favorable al capital extranjero.

Lessa, un académico de izquierda de toda la vida, no esconde su convicción de que Brasil necesita concentrarse en transformar compañías locales en colosos globales por medio de una mezcla de apoyo gubernamental, política industrial y sustitución de importaciones.

El banco tiene participaciones en unas 200 compañías, lo que le asegura a Lessa una plataforma en el debate nacional económico.

El año pasado Lessa convirtió explícitamente al "interés nacional" en un requisito ineludible para que el BNDES participara en cualquier operación. Por ejemplo, el banco compró una participación en la gigante minera Cia. Vale do Rio Doce para impedir que fuera vendida a la japonesa Mitsui & Co., que ya era accionista y podía ganar poder de veto en la compañía en caso de elevar su participación en ella.

"Cada vez me preocupan más las compañías multinacionales", dijo recientemente al periódico Valor Económico. "Tienen una temible tasa de escándalos. No puedo olvidarme de Enron, WorldCom, AES y ahora Parmalat".

Sus defensores dicen que Lessa no es más nacionalista que los funcionarios franceses que recientemente desalentaron a Novartis AG, con sede en Suiza, a que llevara adelante una oferta por la francesa Aventis SA. Amparándose en el interés nacional, Francia empujó a Aventis a los brazos de Sanofi-Synthélabo SA, creando un coloso farmacéutico francés.

Sin embargo, algunos dicen que tales políticas pueden ser contraproducentes para un país falto de capital como Brasil, que desesperadamente precisa de inversión extranjera para crecer.

Según la Asociación Brasileña de Infraestructura e Industrias Básicas (Abdib), Brasil necesita invertir US$20.000 millones al año para eliminar los cuellos de botella de la infraestructura.

El grupo espera este año que las inversiones en infraestructura totalicen sólo US$6.500 millones, en parte porque la inversión extranjera directa en rubros como fábricas y equipos ha disminuido en los últimos años.

"Esto no es un asunto ideológico", dice el presidente de Abdib, José Augusto Marques. "Brasil necesita dinero".

En las últimas semanas ha aumentado la preocupación sobre las intenciones de Lessa. En marzo, Da Silva puso a Lessa a cargo de ejecutar la recién anunciada política industrial del gobierno, que persigue fomentar cuatro sectores principales: software, semiconductores, farmacéuticas y bienes de capital.

El banco canalizará US$3.500 millones de los US$5.000 millones en líneas de crédito a estos sectores. A algunos detractores les preocupa que, al seleccionar industrias a las que canalizar fondos, el gobierno esté respaldando un pensamiento económico que fue de avanzada en los años 60, pero que ahora atenuará el atractivo de Brasil como centro receptor de inversión global.

"Las políticas arbitrarias son lo peor para un inversionista extranjero", dice Edward Amadeo, ex ministro de Trabajo en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso y ahora consultor.

Lessa, de 67 años, un economista de cabello plateado y ex rector universitario, es el primer presidente brasileño del BNDES que no procede de la banca de inversión. Su creencia en el papel del gobierno en la promoción del desarrollo económico se remonta a los años 60, cuando trabajó para la Cepal, un centro de estudios latinoamericano de inspiración keynesiana que estaba entre los principales defensores del concepto.

Lessa, que cuenta con más de 20.000 volúmenes en su biblioteca, se enfrentó a un cáncer de tráquea hace cuatro años y ha sobrevivido también a otras batallas. Recientemente se quejó de que la prensa había informado que lo habían despedido 34 veces el año pasado.

Una de las principales razones tras esos rumores es la volátil relación de Lessa con el ministro de Desarrollo, Luiz Fernando Furlan, ex ejecutivo de la industria avícola y presidente del directorio del banco.

Una portavoz de Furlan dice que él y Lessa tienen "una relación de colaboración", y que a veces discrepan debido a sus diferentes formaciones. Lessa no estaba disponible para hacer declaraciones.

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