EL ATAQUE DEBÍA SER EL ÚLTIMO, QUERÍAN MATARNOS A TODOS

EL ATAQUE DEBÍA SER EL ÚLTIMO, QUERÍAN MATARNOS A TODOS

Esta historia no es nueva. Es la tercera vez que este tipo de ataque apunta a Yelwa desde junio del 2002 , relata Abdulahi Abdulahi, de 50 años y miembro del consejo de ancianos de Yelwa.

08 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Esta historia no es nueva. Es la tercera vez que este tipo de ataque apunta a Yelwa desde junio del 2002 , relata Abdulahi Abdulahi, de 50 años y miembro del consejo de ancianos de Yelwa.

Este ataque debía ser el último, querían matarnos a todos. Ahora estamos cercados, pero de todas maneras nuestros abuelos nacieron aquí y no queremos partir , manifestó.

Un grupo extrañamente silencioso, formado por ancianos, mujeres y niños, hacía cola delante de una simple mesa de madera instalada por enfermeros de la Cruz Roja en la plaza de Yelwa, escenario el domingo pasado del ataque de una milicia cristiana contra una comunidad musulmana que dejó por los menos 630 muertos.

Algunos heridos que ya no pueden caminar fueron llevados hasta allí en carretillas. Otros, con un rictus de dolor, muestran un miembro con graves cortaduras o el agujero por el que entró una bala.

Desde el asalto el domingo de las milicias cristianas, Yelwa, en el centro de Nigeria, está conmocionada.

Este ataque va más allá de lo que se podía imaginar. Ni siquiera podemos describir lo ocurrido , dijo el joven Adilu Yinuss.

Umar Abdu Mairiga, que dirige el equipo de la Cruz Roja nigeriana, estima que la mayoría de esos heridos necesitan algo más que primeros auxilios .

En menos de una hora, el equipo atendió a 23 heridos: La mayoría ha recibido balazos o machetazos, como este niño , dice señalando a una criatura en brazos de su madre y que tiene en la parte inferior del rostro una cicatriz de por lo menos 10 cm.

Según testimonios concordantes, alrededor de 630 personas fueron enterradas en una fosa común por los habitantes de Yelwa.

Hemos enterrado a más de 630 personas , declaró el jueves un responsable local, Yakubu Haruna. Algunas personas fueron enterradas detrás de sus casas , agregó.

Alhadji Mohamed Babayaro perdió todo en el ataque: su casa y la de su padre fueron saqueadas e incendiadas, dos de sus cuatro esposas y 11 de sus 22 hijos murieron, afirmó, precisando que los asaltantes secuestraron a muchachas y robaron vehículos.

La tensión sigue siendo perceptible en Yelwa y en los alrededores a pesar del despliegue de las fuerzas del orden. Los soldados instalaron dos retenes a la entrada de la ciudad y se necesita una escolta policial para recorrer los 20km que separan Yelwa de la capital del distrito de Shendam.

Cuando podemos nos defendemos con arcos y machetes, pero esta vez eran demasiado fuertes , afirmó por su parte Lawal Abdulahi, agricultor de 35 años.

Se estima en 10.000 el número total de nigerianos que murieron en este tipo de violencias desde la elección en 1999 del presidente Olesegún Obasanjo.

FOTO/AP.

Calles semidesiertas y restos de cuerpos son las imágenes que aún se ven en Yelwa, en el centro de Nigeria.

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