PARAS : 120 MINUTOS EN EL CONGRESO

PARAS : 120 MINUTOS EN EL CONGRESO

La llegada de sus jefes Salvatore Mancuso, Ernesto Báez y Ramón Isaza al Congreso fue entendida por los paramilitares como una oportunidad histórica, como lo dijo claramente uno de ellos

29 de julio 2004 , 12:00 a.m.

La llegada de sus jefes Salvatore Mancuso, Ernesto Báez y Ramón Isaza al Congreso fue entendida por los paramilitares como una oportunidad histórica, como lo dijo claramente uno de ellos.

Y obraron en consecuencia. Salvatore Mancuso y Ernesto Baez se tomaron literalmente la palabra en el Salón Elíptico de la Cámara de Representantes ayer.

Intervenciones ante todo políticas con ausencia evidente de propuesta para avanzar en el proceso de negociación con el Gobierno.

Cada uno, en un discurso de 10 páginas, justificó, en directo ante la Comisión de Paz de la Cámara, y a través de Señal Colombia, ante el país, su existencia, sus acciones, e incluso la violación del cese de hostilidades prometido al Gobierno en diciembre del 2002.

"El cese de hostilidades declarado por las autodefensas no nos exime de la responsabilidad de defender a las poblaciones y regiones de los ataques de las guerrillas, allí donde el Estado no hace presencia", dijo Mancuso, el primero de los jefes paramilitares en intervenir.

Para ese momento, Sergio Caramagna, jefe de la misión de la OEA que verifica el proceso con las autodefensas, esperado en el recinto, se había excusado, telefónicamente, de asistir a la audiencia.

Su labor como verificador del cese de hostilidades fue precisamente cuestionada ayer por el vicepresidente Francisco Santos.

"Entendemos que el proceso de paz con las autodefensas tiene un grave problema de credibilidad. Uno, porque la misión de la OEA hasta este.

momento no ha ejercido la función de veedor como tiene que ser, y dos, porque.

el compromiso de las autodefensas no ha sido total", dijo. Pidió más agresividad de Caramagnaa en la misión.

de verificación.

Pocos compromisos.

Los negociadores que dieron la cara por las Auc en el Congreso y a los que el país conoce con uniforme de combate, llegaron poco después de las 10: 30 de la mañana vestidos con traje y corbata.

Los copresidente de la Comisión de Paz de la Cámara comenzaron la audiencia poco antes de las 11 pidiendo a Mancuso, Baéz e Isaza "franqueza" y "compromisos" para que su paso por el Congreso tuviera sentido.

Pero los paramilitares comenzaron pidiendo. Mancuso, con su conocido tono pausado, demandó la conformación de una comisión "de alto nivel" integrada por el Gobierno, representantes del Congreso, la magistratura, la Iglesia y los gremios de la producción.

Esta, según el jefe del estado mayor de las Auc, debe tener "capacidad decisoria que acompañe al Gobierno y las autodefensas, haga recomendaciones y garantice la transparencia del proceso".

Y con el argumento de que las Auc son una organización confederada y regional, insistió en otras zonas de ubicación (hoy en día solo existe la de Santa Fe de Ralito, en Córdoba) en el Magdalena Medio, sur de Bolívar, Urabá, Cundinamarca, Llanos Orientales y Norte de Santander.

Dijo, sin embargo, que desmovilizar de tajo a todas las autodefensas sería "una demencial irresponsabilidad, que provocaría un desastre en gran parte del territorio nacional y llevaría la derrumbe de la economía". Condicionó la concentración de las tropas a la presencia de los organismos de seguridad del Estado en su área de influencia.

Los paramilitares, como era obvio, hablaron duro contra sus enemigo natural, la guerrilla, pero también, contra algunas estrategias de seguridad de Uribe . Si no se supiera que se estaba delante de un paramilitar, se hubiera pensado que se estaba frente un jefe guerrillero.

"Quisiéramos escuchar del Gobierno nacional más estadísticas de sustitución que de erradicación... Quién ha preguntado a los campesinos con qué alimentan a sus hijos el día después de las fumigaciones...?, preguntó Mancuso. Y añadió sobre los campesinos: "Viven en silencio el drama del envenenamiento, el desplazamiento y la miseria".

La entrada en escena de Ernesto Báez compitió con la irrupción de Dilia Solano, de la ONG Justicia y Verdad, que aprovechó el cambio de orador para reclamar justicia y reparación a las víctimas de los paramilitares y protestar contra el eventual perdón y olvido.

Báez no se inmutó ante el reclamo femenino que salía de las barras del Salón Elíptico de la Cámara. Con estilo de orador experimentado siguió su discurso. Vehemente, con cambios en el tono de la voz, pausas y manoteo.

El y Mancuso también pasaron por alto la presencia en las barras de Iván Cepeda, hijo del asesinado senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda, que mantuvo en alto, sin pronunciar palabra, un retrato de su padre durante la audiencia.

Pese a su protesta silenciosa, fue apartado de las barras e interpelado por un policía que le exigió identificación y una explicación sobre su presencia en el lugar.

Mientras esto pasó, Báez continuaba su discurso. Criticó las capturas masivas.

"(...) La aplicación de la política de allanamientos y detenciones masivas ha devenido en brutales atropellos a los derechos humanos, expresados en ultrajes, intimidaciones...".

Báez fue el encargado de poner sobre la mesa las posiciones de las autodefensas sobre temas cruciales como el intercambio humanitario con las Farc y los acercamientos con el Eln.

Sobre un eventual intercambio de secuestrados por guerrilleros presos anunció: "Desde ya las autodefensas campesinas hacemos formal retiro de nuestras anteriores advertencias contra la integridad física de los guerrilleros que salgan de las cárceles". El intercambio, según los paramilitares, debería ser la puerta a la exploración de una negociación con las Farc.

Sobre el Eln, apoyaron la convención nacional propuesta por el grupo guerrillero.

Los jefes paramilitares pasaron de largo el espinoso tema de los narcos presentes en la mesa de negociación en Santa Fe de Ralito, pero invitaron a un foro que denominaron Conflicto armado y narcotráfico, solución integral para la paz y que pretenden realizar entre el 17 y 19 de septiembre en la zona de ubicación.

Casi al final del discurso en el que hizo esta propuesta, Baez pidió perdón al país.

"Con el corazón expuesto al escrutinio de Dios y de la Nación, ante ustedes, a nombre del Estado Mayor y de todos los miembros de las autodefensas campesinas vengo humilde a pedir perdón a todos los familiares y amigos de las víctimas adversarias y propias de esta guerra triste de la patria...".

Y Ramón Isaza, que delegó la lectura de su discurso en uno de los miembros de la Comisión de Paz de la Cámara, justificó su comienzo en las autodefensas en la desatención del Estado a los reclamos de seguridad contra las acciones de la guerrilla.

Dejó constancia de que su presencia en el Congreso era primordialmente para ratificar su deseo de paz.

Marchas cruzadas.

Mientras los negociadores de las Auc cumplían la cita histórica en el Congreso, desde afuera llegaban al Salón Elíptico los ecos de un coro que gritaba "paramilitares asesinos", "Ni perdón, ni olvido".

Eran marchantes que sobre las 10:30 de la mañana aparecieron por la carrera séptima con carteles y dos ataúdes. Casi todos, familiares de víctimas de las autodefensas o miembros de ONG de derechos humanos.

A pesar de ser mucho menos en número, llegaron para hacerles contrapeso a las caravanas de apoyo al proceso con los paramilitares, que venían de lugares como el Magdalena Medio, Antioquia, Cundinamarca y de distintos lugares de Bogotá.

Un primer roce entre los dos grupos se dio cuando los que traían los ataúdes comenzaron a marchar alrededor de la plaza coreando contra los paras , mientras los otros manifestantes los chiflaban o cantaban el Himno Nacional.

Luego comenzaron los empujones. Jóvenes de Bogotá que apoyaban a las Auc se cubrieron las caras con camisetas blancas y los otros gritaban: "Tienen ganas de matar, no se dejen provocar".

Tuvo que intervenir el Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía para separarlos.

El representante Wilson Borja calmó los ánimos y el grupo de los ataúdes abandonó la Plaza de Bolívar. Al tiempo, en otro lado de la Plaza de Bolívar, Gustavo Sánchez se deshacía en llanto porque no lo dejaron entrar el Congreso.

Llevaba una carta para los tres jefes paras en la que les pedía razón de su hijo Miguel Angel, secuestrado el 29 de febrero pasado en Antioquia con otros tres parapentistas.

Descontento con audiencia.

La apresurada salida del Salón Elíptico de la Cámara de Representantes de los jefes paramilitares Salvatore Mancuso, Ramón Isaza y Ernesto Báez , dejó un mal sabor entre algunos de los cerca de 55 congresistas que fueron a la audiencia pública de ayer.

Luego de dos horas de discursos, varios congresistas esperaban pacientemente su turno para intervenir, pero la sorpresa fue mayúscula cuando los invitados salieron del recinto y no regresaron.

"Vinieron, hablaron y se fueron", fue la lapidaria frase de uno de los representantes presentes. "Allí acabó todo", señaló otro.

Sin embargo, el representante del Polo Democrático, Gustavo Petro, -con su discurso- dejó en silencio al auditorio que antes aplaudía las intervenciones de los jefes paras . "Estamos frente a un inmenso fracaso nacional (...) hoy somos testigos del sometimiento de las instituciones del Estado al narcotráfico", dijo.

Pero las críticas a la visita de los paras no llegaron sólo de la izquierda, los uribistas Rafael Pardo y Gina Parody no se quedaron atrás . Según pardo, "todo salió mal", porque el Gobierno nunca les dijo cuál era el propósito de la audiencia dentro del proceso.

Jattin dijo que los paras alegaron problemas de seguridad y salieron.

"Es vergonzoso que hayan venido, pero peor que vengan a dar cátedra y se vayan", dijo Gina Parody.

FOTO.

- De izquierda a derecha, Báez , de pie, Mancuso e Isaza, mientras esperaban el momento de su intervención en el Salón Elíptico de la Cámara.

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

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