EL PATO DONALD COMO CENSOR

EL PATO DONALD COMO CENSOR

Una de las más sólidas instituciones de Estados Unidos es el Pato Donald y la capacidad creativa que él representa. Otra, es la libertad de información, puesta a prueba una vez más con éxito por la divulgación de fotografías e informes de torturas practicadas por militares estadounidenses en Irak.

08 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Una de las más sólidas instituciones de Estados Unidos es el Pato Donald y la capacidad creativa que él representa. Otra, es la libertad de información, puesta a prueba una vez más con éxito por la divulgación de fotografías e informes de torturas practicadas por militares estadounidenses en Irak.

Por eso, choca enterarse de que el Pato Donald actúa contra la libertad de información. La empresa Disney, convertida en poderoso conglomerado del entretenimiento gracias a esa tierra de la fantasía que inventó su fundador, acaba de bloquear la distribución de la última película de Michael Moore, un realizador que es típico fruto de la libertad de información estadounidense.

Moore, autor de la premiada película Bowling for Columbine, es duro crítico del armamentismo, de la guerra y del gobierno de George Bush. Así queda claro en su reciente cinta sobre los nexos económicos de Bush con poderosos petroleros saudíes, entre ellos la familia de Osama Ben Laden. Se titula Farenheit 9/11, en alusión al violento ataque del 11 de septiembre en su país, y recoge un hecho que ha motivado varios libros y artículos: el extraño y precipitado éxodo de los parientes del rey del terrorismo, que salieron de Estados Unidos con ayuda del gobierno apenas se produjo el atentado.

Moore tiene contrato vigente para distribuir su película a través de Miramax, filial de Disney. Pero los directivos del conglomerado han prohibido a Miramax que cumpla el compromiso, pues no quieren irritar al gobierno con la divulgación de una cinta que le es adversa.

En el fondo, las razones no son ni siquiera ideológicas, sino vulgarmente económicas. Disney aspira a unos beneficios tributarios en sus parques temáticos que le ha ofrecido Jeb Bush, el gobernador de Florida y hermano del Presidente. De modo que prefirió forzar al Pato Donald a una humillante función de censor con tal de no arriesgar esos dólares. Ya se ve que detrás de DisneyWorld hay tanto interés por la tierra como por la fantasía.

editorial@eltiempo.com.co

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