MADRES QUE CAMBIARON DE HÁBITOS

MADRES QUE CAMBIARON DE HÁBITOS

- LEONOR TERMINO CASADA CON JESUS Leonor Lema no se sonroja si se le pregunta por sus dos esposos: Jaime Londoño Escobar, un comerciante de autos del que enviudó hace 17 años, y Jesús, a secas, un carpintero judío de hace 2 mil años, Mesías y Salvador para muchos.

09 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

- LEONOR TERMINO CASADA CON JESUS.

Leonor Lema no se sonroja si se le pregunta por sus dos esposos: Jaime Londoño Escobar, un comerciante de autos del que enviudó hace 17 años, y Jesús, a secas, un carpintero judío de hace 2 mil años, Mesías y Salvador para muchos.

Con este último se casó el pasado 22 de junio, cuando decidió hacerse religiosa. Una monja, eso sí, que previamente dio a luz 13 hijos y que vio nacer a 22 nietos.

La comunidad católica a la que pertenece y que pidió no ser nombrada permite que viudas con hijos asuman la vocación religiosa. Como ésta, hay otras comunidades, incluso de clausura, que en Colombia lo permiten.

Desde niña Leonor fue bastante rezandera. Iba a misa a la iglesia del barrio Boston, centrooriente de Medellín, comulgaba y sentía que hablaba con Jesús. Eso no fue obstáculo para casarse, a los 16 años, con Jaime, un típico comerciante paisa negociante y rebuscador.

Como buenos paisas de antaño le encargaron a la virgen un muchachito y esta les trajo la docena completa más uno: Luis Fernando, María Elena, Luz Marina, Gilberto, Teresita, Nicolás, María Dolores, Hugo Alfonso, Laura Inés, José Gabriel, Adriana, Rafael y Jaime León.

En el 87 Jaime sufrió un infarto y se les fue. Además del vacío por su compañero de vida, la angustia mayor era que todavía faltaban algunos hijos por ir a la universidad. Leonor se aferró más a Dios, volvió a ser más rezandera que antes, y casi tan mística como Santa Teresa de Jesús.

Y como la santa de Avila, Leonor dice que Jesús le habla, la trata con cariños y arrumacos, y ella le responde con cartas profundas de amor; de amor místico. El hasta me dice mi muchachita consentida , proclama ella inocente y seria.

Buenos días mi amor: Qué maravilloso al despertar saber que tu diestra me sostiene, que mi rostro en tu pecho recostado siente los latidos de tu amor, que me amas como a tu hija única y preciosa, que me cuidas, que bajas hasta mí para seducirme y envolverme en tu misericordia , escribe Leonor en sus misivas.

Antes de ser monja, ella ya vivía como tal. Hacía sus oraciones en la mañana, al mediodía y por la noche, asistía a conversatorios teológicos y visitaba la iglesia cada día. Una vez -recuerda- me invitaron a unos talleres sobre religión, y en medio de la conversación me dijeron: usted ha vivido como una consagrada, por qué no lo oficializa .

Sin saber del todo qué era eso, aceptó. Luego de su cuidadosa preparación en los menesteres religiosos, Leonor les comentó a sus hijos sus planes de hacerse monja.

Al principio nos desconcertó. Pero ella siempre había sido así, entonces no fue algo que no pudiéramos aceptar , comenta Teresita, una de las hijas de la mitad.

Y entonces llegó la ceremonia de consagración, en la capilla privada de su comunidad, ese día adornada con anturios y azucenas blancas. Fue una misa sencilla con un rito consistente en hacer las promesas de obediencia, pobreza y castidad, y la entrega de una Biblia y un Cristo, que recibió la mamá monja con una oración.

Eso fue lo más hermoso. Imagínese, yo entregándome al Señor con mis hijos al lado , dice Leonor. Desde entonces, su misión autoimpuesta consiste en escribir textos con mensajes de esperanza que reparte en supermercados. Ella es religiosa externa y aunque hizo sus votos, no usa hábito y vive en su apartamento de El Poblado, cerca de varios de sus hijos.

Es un poco raro esto de tener una mamá monja, pero de algo debe servir en indulgencias, en protecciones y en alguna palanquita adicional con Dios en los momentos clave.

FOTO/Edgar Domínguez EL TIEMPO.

Leonor tuvo 13 hijos y 22 nietos. Luego de enviudar decidió irse de monja, una noticia que dejó boquiabierta a todos, pero que terminaron aceptando con agrado.

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