EL BÚNKER DE LA LIBERTAD

EL BÚNKER DE LA LIBERTAD

La primavera parecía tardía este mes de abril y, arropada por la nieve que caía desde el amanecer, la torre de cristal del Oslobodenje, el periódico más importante de Sarajevo, se levantaba recién reconstruida.

09 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

La primavera parecía tardía este mes de abril y, arropada por la nieve que caía desde el amanecer, la torre de cristal del Oslobodenje, el periódico más importante de Sarajevo, se levantaba recién reconstruida.

El periodista bosnio Zlatko Dizdarevic, redactor jefe del más heroico equipo de periodistas del siglo, nos llevó a una colina a 70 metros y allí dijo que tomáramos la fotografía. Desde ese punto, tanques de guerra y una batería de cañones dispararon contra el edificio hasta volverlo harina.

La comisión internacional que determinó cuántos obuses cayeron sobre Sarajevo encontró que el Oslobodenje había sido atacado diez mil veces durante la guerra. El edificio fue destruido en septiembre de 1992, unos meses después de haber sido sitiada la ciudad por fuerzas serbias.

A la derecha de las torres se ve una construcción baja y alargada. Es un bunker que protege la rotativa. Allí se refugiaron 25 periodistas durante algo más de tres años para hacer el diario. A pesar de que, el agua, la energía eléctrica, los teléfonos y demás servicios fueron cortados durante el sitio, estos seres permanecieron allí y el Oslobodenje no dejó de salir a las calles ni un solo día.

La de Bosnia fue una guerra con 200 mil víctimas, la mayoría personas inermes. Once mil cayeron en Sarajevo. Esta ha sido una de las agresiones más brutales en las últimas décadas.

Sin embargo, hoy Dizdarevic piensa que la palabra ganó la batalla y, colándose bajo el paraguas que protege la cámara, suelta así:.

Allí, refugiados en aquel búnker haciendo el periódico, nos preguntábamos cuál era nuestro deber. La conclusión fue que aun en guerra, la libertad representa lo más importante en nuestro oficio. Que cuando el periodista tiene al frente un dilema de interés cotidiano o político, siempre debe escoger la verdad que es permanente. Los intereses políticos cotidianos no son más que eso: intereses políticos cotidianos.

Pero la verdad no siempre es fácil, y si se evade, eso se convertirá en un bumerán contra el periodista y luego contra su profesión .

Luego ocupamos el coche para regresar, y él continuó:.

No existe un periodismo durante la paz y un periodismo durante la guerra como algo totalmente distinto. Los periodistas tienen la necesidad y quizás la obligación de publicar la verdad. Y la verdad hasta el fin: lo mismo durante la guerra que durante la paz .

La torre.

Cinco años antes de la guerra en Bosnia la edificación fue construida y dotada con la tecnología más moderna. La torre de cristal se convirtió en un símbolo de la ciudad. El producto más importante era el Oslobodenje, con un tiraje de 100 mil ejemplares diarios, una cantidad importante comparada con el número de habitantes de la ciudad. La planta de redacción estaba compuesta por 300 personas, entre ellas 150 periodistas musulmanes, serbios, católicos y judíos. Allí se reflejaba la conformación por nacionalidades de los habitantes de Bosnia.

Aun en la era comunista, Dizdarevic tuvo un norte: En mi función de editor siempre sostuve que si aceptaba aun cuando fuera una sola instrucción de un político, eso significaba que quedaría prisionero de él .

Bosnia es una mezcla de serbios, croatas, musulmanes, católicos, judíos, y cuando se acabó el régimen comunista y el país comenzó a caerse a pedazos según cada nacionalismo halaba para su lado, el Oslobodenje logró reunir a un equipo que no sentía ninguna simpatía por aquellos nacionalismos. En ese momento comprendimos que nuestro diario iba a ser atacado porque personificaba el espíritu de pluralidad , dice Dizdarevic.

En 1989 se realizaron las primeras elecciones democráticas en Bosnia.

La decisión inicial del nuevo parlamento fue la repartición de los medios de comunicación entre los nacionalistas: los partidos musulmanes debían ser dueños de la televisión, los nacionalistas serbios de la Casa Editorial Oslobodenje y los partidos nacionalistas croatas de la radio.

Solo 48 horas después de las elecciones, el líder nacionalista serbio llegó al diario con un grupo de gente y anunció que ellos eran los nuevos propietarios y traerían a sus propios redactores.

Como respuesta, los periodistas del diario les exigieron que se fueran y les anunciaron que iban a hacer todo lo posible por combatir sus pretensiones.

En tanto se inició el proceso de privatización de la Casa Editorial Oslobodenje convirtiendo en dueños a los propios periodistas, ellos realizaron demostraciones masivas en las calles de Sarajevo en respaldo al periódico y en defensa de la libertad de expresión.

Infortunadamente no sucedió lo mismo con la radio y la televisión. En tres semanas, Slobodan Milosevic, presidente de Serbia, licenció a 2.500 periodistas y directores, y los remplazó por gente del aparato de los partidos.

Los nuevos medios, controlados por los políticos, iniciaron la producción de un odio increíble. Día tras día transmitían informaciones como Sabe usted que su vecino de esta o aquella nacionalidad ya compró un fusil? Usted no tiene fusil? Ellos se están preparando para atacarlo .

En su lucha, los periodistas del Oslobodenje se apoyaron en las organizaciones de derechos humanos y diarios de Europa, y permanecieron en el edificio. Nunca lo dejaron solo y así salvaron el periódico.

Sarajevo, una ciudad rodeada de montañas por todas partes, fue sitiada el 6 de abril de 1992.

En aquel momento, los políticos comprendieron que para llevar a las personas a la guerra era necesario presentar a los otros como enemigos históricos y la vía para producir el odio eran los medios de comunicación.

Frente al fuego.

Luego de estallar la guerra, la línea divisoria de los combates quedó a 50 metros del Oslobodenje. El periódico estaba prácticamente en tierra de nadie, pero los periodistas entendieron que debían seguir imprimiéndolo porque eran la única voz independiente, aunque se hallaran sobre la línea de fuego.

Se decidió conformar una redacción de guerra. Entonces Dizdarevic había sido nombrado jefe de redacción y subdirector, y fue encargado de la misión de armar el equipo y regresar al edificio:.

Reunimos a los mejores periodistas, personas que no tuvieran afán de estar con sus familias e hijos en Sarajevo -ya había comenzado el éxodo-. Periodistas que psicológicamente fueran estables porque nadie sabía cuánto iba a durar el cerco de la ciudad.

Era un grupo de 25 entre periodistas, técnicos, electricistas y la persona que cocinaba, y se fueron a vivir en el refugio, al lado de la rotativa. Desde allí transformaban la información utilizando estaciones de radioaficionados.

En el edificio había reservas de papel para una producción de seis meses. El mayor problema era el combustible. Lo necesitaban para la producción de electricidad cuatro horas cada día para poder imprimir el diario.

Eso se pudo resolver gracias al mercado negro organizado por los Cascos Azules de las Naciones Unidas en Sarajevo -dice Dizdarevic-. Ellos también nos dieron el transporte de papel desde fuera de la ciudad. Personalmente, con el dinero de la redacción y con el que pude reunir de los diferentes organismos mundiales, entregué tres o cuatro veces dinero directamente a oficiales de los Cascos Azules, quienes organizaron el transporte clandestino de papel, tinta, etcétera .

Relevos.

El primer equipo de periodistas que dirigió Dizdarevic estuvo allí cuatro meses día y noche, y fue reemplazado por otro, pero luego comenzaron a relevarse cada dos semanas. La realidad se convirtió en algo brutal.

Como existía el problema de credibilidad en medio de la guerra de desinformación, centramos nuestra labor periodística en la contra desinformación y apelamos a los corresponsales extranjeros que tenían libertad para salir y entrar a la ciudad. Y presentamos a nuestros lectores cómo las 25 personas que iniciaron el trabajo conmigo eran serbios, croatas, católicos, musulmanes y judíos .

El papel.

La historia de Slatko Dizdarevic simplemente se desliza:.

Muchas veces pensamos que no podríamos hacer el diario por falta de papel, pero, por ejemplo, una tarde encontramos buena cantidad para hacer bolsas de supermercado, y como allí había una máquina para libros, en ella imprimimos un diario de cuatro páginas.

Otra vez hallamos papel para manteles de mesas, luego papel rojo para servilletas. Publicamos el diario en cinco colores diferentes y tuvimos que cambiar el formato 34 veces.

Ganamos como profesionales porque no discutimos posiciones personales ni políticas. Comprendimos también que la guerra no era resultado del odio entre las diferentes naciones, sino provocada por los criminales políticos en beneficio de sus intereses personales. Nunca utilizamos un lenguaje de odio.

Recuerdo que hicimos una lista de un centenar de palabras que nadie podía utilizar en el diario durante la guerra, porque eran las de la ira. Comprendimos que existía algo llamado el otro lado: cada verdad tiene su contraparte. Entonces nos cuidamos de presentar también la otra verdad, gracias a la ayuda de radioaficionados y corresponsales extranjeros.

Y el triunfo de la palabra?.

Pudimos ganar la batalla contra los políticos y contra paramilitares que aparecieron en Sarajevo durante la guerra. Ellos estaban para defendernos porque al comienzo no había un ejército, pero luego decidieron ser criminales y comenzaron a entrar a las viviendas a robar, a hacer pillaje. Nosotros nos preguntamos si había que escribir de esa situación.

Después de tres horas de discusión publiqué un artículo firmado porque yo era el redactor jefe y quería tomar responsabilidad. Creo que este es el papel de un redactor jefe: tomar todos los riesgos, los más difíciles, los más graves antes que los demás. Desde luego, después tuvimos muchos problemas con los paramilitares .

Nuestro papel.

A los bosnios les gusta la nieve porque empaña las cicatrices de la guerra en la faz de los edificios taladrados por obuses. Frente a las de una torre que fue de vivienda, Dizdarevic concluye:.

El papel de los periodistas no es cambiar el mundo. Los periodistas no podemos suplantar el papel de la justicia, la sociedad, el ejército o la policía, pero sí estamos obligados a transmitir la información para que la gente pueda tomar su propio destino en las manos.

Es que nadie está obligado a ser periodista. Hay muchas otras profesiones. Pero si uno se inclina por este oficio, debe saber que se trata de una profesión que hay que llevar a cabo hasta el fin. Uno puede ser amado por políticos o militares, pero entonces no será respetado.

Hay una alternativa: la de no ser amado, pero sí la de ser respetado. En esto uno debe plantearse la pregunta: Soy alguien respetado? O no .

FOTO/Germán Castro Caycedo.

1- Tanques de guerra y una batería de cañones atacaron desde este punto el edificio del Oslobodenje , ahora ya reconstruido. A la derecha el búnker.

2- La nieve empaña las cicatrices de la guerra.

3- Un ejemplo de la cadencia del fuego que recibió Sarajevo.

4- Hasta las canchas de fútbol se llenaron de tumbas.

5- Zlatko Dizdarevic, el editor jefe del diario.

6- Sarajevo, rodeada de montañas, fue sitiada en abril de 1992. La ciudad se ve así, 12 años después de la barbarie.

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