OJO! ESTAFADORES EN ACCIÓN

OJO! ESTAFADORES EN ACCIÓN

El lector Luis Carlos Medina (*), un profesional que aportó todos sus datos de identidad y residencia, envió un mensaje para denunciar que fue estafado por una empresa que prometió entregarle a domicilio un costoso producto cuando consignara algo más de dos millones de pesos. A principios del mes de diciembre, el señor Medina buscó en los clasificados de EL TIEMPO, escogió una de las ofertas y llamó al teléfono indicado. La persona que contestó le dio un número bancario. De acuerdo con el pacto verbal, un día después de realizada la transacción, el comprador recibiría el objeto que pagó. El dinero entró a la cuenta unas horas más tarde, y hasta el día de hoy no ha llegado el producto. Medina cuenta que los señores del negocio inventan un millón de excusas. Averigué y no aparecen registrados en la Cámara de Comercio y, según los vecinos del local donde operan, han hecho lo mismo con otras personas . La víctima considera que lo más irracional del asunto es que después de lo sucedido,

08 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

El lector Luis Carlos Medina (*), un profesional que aportó todos sus datos de identidad y residencia, envió un mensaje para denunciar que fue estafado por una empresa que prometió entregarle a domicilio un costoso producto cuando consignara algo más de dos millones de pesos. A principios del mes de diciembre, el señor Medina buscó en los clasificados de EL TIEMPO, escogió una de las ofertas y llamó al teléfono indicado. La persona que contestó le dio un número bancario. De acuerdo con el pacto verbal, un día después de realizada la transacción, el comprador recibiría el objeto que pagó. El dinero entró a la cuenta unas horas más tarde, y hasta el día de hoy no ha llegado el producto. Medina cuenta que los señores del negocio inventan un millón de excusas. Averigué y no aparecen registrados en la Cámara de Comercio y, según los vecinos del local donde operan, han hecho lo mismo con otras personas . La víctima considera que lo más irracional del asunto es que después de lo sucedido, (los presuntos estafadores) han vuelto a publicar propaganda del sitio , y pregunta por qué no se ejerce ningún control sobre los anunciantes del periódico.

Natalia (*) mandó una carta similar. Ella enfatiza que los medios de comunicación no tienen responsabilidad jurídica por la publicidad que sale en sus espacios. Eso es claro . Pero interroga: Una vez el lector comprueba que hay estafas a través de los anuncios y se lo comunica al medio, EL TIEMPO tiene alguna norma que le impida aceptar los avisos engañosos? . Natalia consignó un millón 300 mil pesos en octubre de 2003. No obtuvo nada a cambio.

Un tercer lector, Alfonso Méndez (*), reflexionó sobre el mismo ilícito al señalar que es común encontrar (en los clasificados) proveedores inexistentes. Se caracterizan porque sus precios son más bajos que los de la competencia, no tienen razón social, muchos trabajan sin dirección fija, a través de un teléfono fijo o móvil que contestan unos días sí, y otros no .

Infortunadamente, esta modalidad de delito no es extraña. Hace apenas diez días, la Policía capturó a varios integrantes de una banda que operaba en casi todas las ciudades de país y que logró despojar a ciudadanos desprevenidos de por lo menos 800 millones de pesos , aseguró un boletín oficial. La banda pagaba avisos en siete periódicos, incluido EL TIEMPO, para ofrecer préstamos (desde 200 mil pesos hasta $ 150 millones) sin papeles ni codeudores. Los delincuentes solo proporcionaban números de celular. A los interesados les exigían consignar, antes de entregar el supuesto préstamo, el valor de una póliza de cumplimiento e intereses de uno o dos meses. Después de tener la plata en sus cuentas, desaparecían.

La Defensora verificó la identidad de sus tres corresponsales. Habló con ellos, con miembros del Grupo de Investigaciones de la Dijín y, además, con la gerente de publicidad y una de las asesoras jurídicas del diario, quienes expusieron los criterios que se tienen en cuenta para rechazar determinados avisos.

En primer término, la Policía reitera que no está garantizada la seriedad de un anunciante porque pague un espacio en un medio de comunicación. La jefe de la unidad policial a cargo, Juliette Kure, advierte que los casos descritos se presentan con mayor frecuencia de lo que la gente cree, pese a que los peligros son evidentes. El traslado de dinero sin garantías reales a personas desconocidas, la falta de sede o ubicación fija de un negocio, la ausencia de credenciales legítimas, las promesas desmesuradas, entrañan una gran posibilidad de ser burlado.

La Dijín iniciará acciones preliminares de investigación a petición de la Defensora, quien, de esta manera, intenta ayudar a los tres afectados, cuyos intereses, en cuanto lectores, representa dentro del diario.

Las ejecutivas de EL TIEMPO expresaron, por su parte, que a raíz de algunas quejas previas, el periódico adoptó controles más estrictos. Ahora se exigen, fuera de otros requisitos, ciertos documentos y datos de identificación. Sin embargo, ambas admiten que es difícil tener un filtro infalible debido a la diversidad de avisos y de productos ofrecidos. Muchos anunciantes son honestos y están respaldados por empresas prestigiosas. Pero se cuelan algunos indeseables. Ellas confirman que si el periódico sospecha que hay un aviso fraudulento, lo rechaza. Y que si existe una denuncia formal, cierra los créditos y bloquea al supuesto estafador.

Es imposible, no obstante, detectar la utilización del nombre de terceros. El periódico se compromete a ejercer una vigilancia cada vez más eficiente. Pero no asume responsabilidad por los resultados que se deriven de las transacciones voluntarias entre terceros. Los propios lectores deben tomar sus precauciones, para no convertirse en las próximas víctimas. Los colombianos tenemos fama de poseer la llamada malicia indígena . No pequemos, entonces, de ingenuos. Siempre es prudente recordar, frente a una oferta que nos deslumbre, aquel sabio refrán popular que sentencia que de algo tan bueno nunca dan tanto .

(*) Nombres ficticios para proteger a los lectores. No se revelarán identidades u otros detalles de las personas que pagaron los avisos fraudulentos, hasta cuando avancen las pesquisas legales.

Deflector@eltiempo.com.co

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