UNA ESCUELA EN MEDIO DEL BOSQUE

UNA ESCUELA EN MEDIO DEL BOSQUE

Cuando Johana Samboni llegó al instituto distrital Torca tenía 8 años, entraba a cuarto grado, le daba miedo el bosque, la espantaba el olor de la caca de los conejos, no distinguía entre la yerbabuena y la manzanilla, y le tenía pavor a las gallinas. Ahora, seis años después, no solo reconoce a la perfección la diferencia entre un huevo AA y uno AAA, sino que el próximo año, cuando se gradúe, comenzará a estudiar agronomía y montará una microempresa de arequipe, yogurt, cuajada y queso doble crema, su especialidad.

09 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Cuando Johana Samboni llegó al instituto distrital Torca tenía 8 años, entraba a cuarto grado, le daba miedo el bosque, la espantaba el olor de la caca de los conejos, no distinguía entre la yerbabuena y la manzanilla, y le tenía pavor a las gallinas. Ahora, seis años después, no solo reconoce a la perfección la diferencia entre un huevo AA y uno AAA, sino que el próximo año, cuando se gradúe, comenzará a estudiar agronomía y montará una microempresa de arequipe, yogurt, cuajada y queso doble crema, su especialidad.

Una especialidad aprendida en un colegio donde los alumnos, en los recreos, además de jugar fútbol y de tomar gaseosa con papas fritas, les llevan cáscaras de papa a Rosita y Estrella -la cabra y la oveja-, miran a los patos nadar en el estanque, hilan en algún rincón y comen helados de manzanilla o canela.

Un colegio para 530 alumnos, ubicado en una casona construida en 1946, con granja, cultivos y un bosque de seis fanegadas, con tres microclimas y repleto de orquídeas, bromelias y alisos. Un plantel en el que la mayoría de sus estudiantes son campesinos o hijos de los empleados que trabajan en los viveros de flores de la zona. Pero en el que muchos también llegan en la ruta, y dejan atrás la contaminación y el asfalto para untarse de barro y aprender a leer con la historia de la oveja y a sumar, contando frutas y hortalizas.

"En preescolar tenía que ocuparme de los bebederos, en primero de las ovejas, en segundo de las aromáticas, en tercero del reciclaje y ahora, en cuarto, de los patos -dice Paola Rodríguez, de 8 años-. Cuando los patos llegaron solo tenían 15 días. Si el mío es macho le voy a poner Donald y si es hembra Deisy. Y en diciembre vamos a hacer un asado con los padres de familia. A mí me da pesar comérmelo, pero esa es la vida de un pato".

El programa.

El instituto distrital Torca es el primer colegio en implementar un proyecto de ciencias agrícolas y agrobiología en el Distrito. Un programa que cumple ocho años y con el que obtuvieron en 1997 el galardón a la gestión escolar.

"La idea es que los niños se enamoren del medio ambiente, independientemente de la carrera que elijan -explica la profesora Leonor Cubides-. Para desarrollar el campo se necesitan también empresarios, ingenieros, matemáticos. Y a eso le estamos apuntando".

Con el tiempo, el colegio se ha vuelto autosostenible. Los alumnos de tercero venden las latas y el cartón que acumulan en el cuarto de reciclaje. Los que se ocupan del huerto comercializan el fríjol, la remolacha y el maíz. Los encargados de los frutales empacan fresas, moras y duraznos en las bolsas que fabricaron en las clases de arte.

Los de la conejera se resignaron a que la carne de los conejos se tiene que vender. En el gallinero el jueves se encontró el primer huevo de esta camada de gallinas. Y el paseo por el bosque ya tiene una ruta definida, un camino ecológico que se les ofrece por 500 pesos a los niños visitantes de colegios distritales y por 1.000 pesos a los privados. La plata, por supuesto, es para nuevas semillas y concentrado para los animales.

"Además de todas las investigaciones que hemos realizado, el bosque también ha sido inspiración para los estudiantes que tenemos cualidades artísticas -dice José Mateus, de 14 años-. Al lado de un árbol, cerrando los ojos, descubrimos el sonido de la naturaleza, una música que también les ha ayudado a los que quieren escribir. Y los que pintan, tienen allá arriba en la montaña el mejor paisaje. Yo toco flauta y cuando me gradúe quiero estudiar música, astronomía y filosofía".

Pero muchos de los alumnos de Torca deciden estudiar carreras afines con el medio ambiente; zootecnia, veterinaria, ingeniería ambiental. Y los mejores, gracias a un convenio entre el colegio y la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA), son becados en sus carreras. Otra universidad que desde hace un año está vinculada al Instituto es la Universidad Agraria, que todos los sábados capacita a un grupo de maestros que luego replican lo aprendido en el plantel. Se trata del proyecto en formación laboral Sembrar Paz , gracias al cual los estudiantes aprenden a producir derivados de la leche para montar su propia microempresa.

"Cuando llegué no sabía ni siquiera lo que era una semilla -dice Samboni-. Pero el campo me robó el corazón. Desde que estaba en cuarto grado, cuando comencé a ver cómo cada día crecían las frutas en los árboles, supe que a esto le quería dedicar mi vida".

FOTO/Felipe Caicedo EL TIEMPO.

1- Juan, Michael y Johny, estudiantes de preescolar, son los encargados de cuidar los cultivos de rábano, cilantro y zanahoria.

2- Ver nadar a los patos en el estanque es uno de los planes a la hora del recreo. Estos animales llegaron al plantel a los 15 días de nacidos.

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