ESA PLATICA SE PERDERÁ

ESA PLATICA SE PERDERÁ

La comandante Sonia sucumbió a la tentación de una vida narco. Ella y sus muchachos se comportaban como mafiosos en Peñas Coloradas, feudo cocalero de las Farc en el Caquetá. En una de esas rumbas, cuando estaban borrachos, en plena noche, les sorprendió un comando del Ejército y se los llevó detenidos.

09 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

La comandante Sonia sucumbió a la tentación de una vida narco. Ella y sus muchachos se comportaban como mafiosos en Peñas Coloradas, feudo cocalero de las Farc en el Caquetá. En una de esas rumbas, cuando estaban borrachos, en plena noche, les sorprendió un comando del Ejército y se los llevó detenidos.

Esta mujer importante en la estructura guerrillera era una pesadilla para la población, por sus muchos abusos. En los días posteriores a su espectacular captura, las Farc asesinaron a diez personas, entre ellas el gerente de Compartel, en la típica cacería de brujas que suelen emprender los grupos criminales para buscar traidores.

Desaparecida la financiera, se esfumó la plata. Las grameras sustituyeron entonces a las máquinas registradoras y todo, desde una gaseosa a un mercado, se pagaba con coca.

Como las Farc sabían que se avecinaba un operativo militar sin precedentes, y enfurecidos por el golpe a Sonia , reunieron a los vecinos. Les advirtieron que tenían que enfrentar al Ejército o desplazarse. En otros lugares como Santo Domingo, les exigieron que lo evacuaran en cuanto vieran al primer soldado.

Regían, además, las normas habituales: muerte para las mujeres y niñas que se relacionen con militares y policías, y para cualquiera que les colabore.

De ahí el desplazamiento que se está produciendo en estos días. Digo todo esto porque lo conocí de boca de esas gentes cuando viajé sola por la zona hace unas semanas, y no faltará que dentro de unos días salgan algunas voces, quién sabe si la del confundido Saramago (errado en lo del secuestro, no en lo demás), a señalar a las Fuerzas Armadas como las responsables de todo lo que allí ocurra.

O que culpen al Gobierno del último chantaje fariano: si sigue el operativo, no habrá más pruebas de supervivencia de secuestrados, como si no supiéramos que las niegan durante meses a decenas de familias cuando les viene en gana.

No discuto la obligación del Estado de arrebatarles regiones a las Farc, pero para mí que metiendo quince mil hombres no lograrán dominar esos territorios ni erradicarán la coca. Obligarán al grueso de la guerrilla a huir hacia Guainía o la región del Pato, y a los cocaleros hacia Llorente y otros pueblos de Nariño, a donde ya muchos han ido, pero no acabarán solo con fusiles los viejos problemas que son la fuente de la violencia y del narcotráfico.

En Cartagena del Chairá, en donde hay Batallón y policía, quienes siguen mandando son las Farc porque es muy difícil combatir el poder de intimidación de una guerrilla que actúa como banda de matones.

Allí las mamás aleccionan a sus hijas para que eviten a agentes y soldados, y los comerciantes que deben trabajar con los militares dan las explicaciones del caso a los subversivos con el fin de que no les maten. También a San Vicente del Caguán llegan sus tentáculos, si bien a mucha gente se le ha quitado el miedo a compartir de forma abierta con los uniformados. Pero todo el mundo paga vacuna y acuden puntuales a las citas que les ponen.

Y no solo es intimidación, es que tampoco creen en el Estado porque solo lo conocen vestido de uniforme de camuflado o verde oliva. Es desolador comprobar cómo en Los Pozos, La Sombra o en el mismo San Vicente no llegó la inversión prometida. Las carreteras destapadas las arregla la guerrilla, la educación sigue siendo escasa y mala, no hay energía ni agua potable, ni buenas vías. Sólo la que enlaza San Vicente con Florencia, que está muy deteriorada, ha visto dinero para reparar los puentes que voló la guerrilla.

El Gobierno dice que primero es la guerra y luego la inversión. Yo creo que si no van de la mano, esa platica del impresionante operativo se perderá.

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