LOS ARRIEROS AÚN EXISTEN

LOS ARRIEROS AÚN EXISTEN

Alfonso Velásquez tiene 73 años y es arriero desde los 12, cuando comenzó a cargar bultos de maíz y fríjol, o ataos de madera por las trochas de La Pintada.

09 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Alfonso Velásquez tiene 73 años y es arriero desde los 12, cuando comenzó a cargar bultos de maíz y fríjol, o ataos de madera por las trochas de La Pintada.

"El es el arriero más viejo de Antioquia y véanlo subiendo lomas", dicen sus colegas, que llegaron desde Támesis, Valparaíso y otras localidades del suroeste, para estar en la primera mulada Arrieros Semos , en homenaje a Guillermo Gaviria Correa y Gilberto Echeverri Mejía, asesinados hace un año por la guerrilla de las Farc.

El pasado miércoles a las 8:30 a.m., 20 arrieros del suroeste se reunieron en La Pintada para iniciar un recorrido de cerca de 120 kilómetros hasta Medellín, a donde llegarán hoy con sus 50 mulas, cargados de comida para los desplazados de la capital antioqueña.

A ellos les tocó enfrentar largas jornadas. El primer día tuvieron que soportar las aguas del río Poblanco y cruzarlo 25 veces para llegar hasta Fredonia, donde fueron recibidos con una fiesta.

El viernes, aunque tarde, arrancaron de Fredonia acompañados de una orquesta de no más de cuatro hombres con carrascas, que animaron el paso hasta Palomos.

La mañana estuvo soleada. Los arrieros caminaban rápido. "Pero no porque queramos sino porque la mula va volando y peyendo duro", contaba Osvaldo Becerra, quien no dejó de echar cuentos sobre lo jodidos que son los arrieros.

"El paisa es mentiroso, mujeriego, bebedor, parrandero, jugador y tramposo. Los paisas siempre se van para el infierno", continuaba Becerra.

Y es que con el recorrido de los arrieros, todos con sus peinillas (machetes), sus surriagos y carrieles, se pudo ver que los arrieros no han desaparecido. "Desaparecieron los caminos pero no nosotros", comenta Edgar Montoya, el Juan Valdés pobre , como lo conocen. Ellos son hombres fuertes y hacen parte de la memoria de Antioquia. Son mentirosos y guardan en los seis bolsillos secretos de sus carrieles los teléfonos de las muchachas.

"Es que nosotros somos como marineros - dice Montoya- tenemos una mujer en cada pueblo. Y para acabar de ajustar somos más valientes que cualquiera. Cuando le diga que una vez un arriero amigo y yo tiramos a matar a un tigre que se nos apareció en el monte, y se asustó tanto que desapareció", concluye el arriero.

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