ASÍ COMENZÓ EL ACOSO

ASÍ COMENZÓ EL ACOSO

Un día cualquiera, a mediados de 1999, los ojos de Saúl Quiroga* se tropezaron en el río Caquetá con tres botes repletos de guerrilleros vestidos de camuflado, con distintivos de las Farc y los fusiles apuntados hacia la espesa selva.

09 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Un día cualquiera, a mediados de 1999, los ojos de Saúl Quiroga* se tropezaron en el río Caquetá con tres botes repletos de guerrilleros vestidos de camuflado, con distintivos de las Farc y los fusiles apuntados hacia la espesa selva.

No eran más de treinta, pero a Quiroga le bastó eso para intuir que la tranquilidad que por diez años había reinado en los 15 caseríos indígenas ubicados entre Araracuara y La pedrera, a orillas del caudaloso Caquetá, había llegado a su fin.

La guerrilla, que rápidamente triplicó el número de hombres, empezó a reunir a los habitantes de los caseríos para explicar su presencia.

Decían que estaban organizando el frente amazónico y muy despacito comenzaron a ejercer autoridad, prohibieron la pesca de charapa (una especie de gran tortuga en vía de extinción) y el corte de cedro, achapo y otros árboles. También controlaban las peleas, los robos , recuerda Quiroga quien tuvo que abandonar la región cuatro años después de la llegada de los guerrilleros.

Reclutamiento.

Al principio -dice- los armados eran amables, pagaban por la comida y dejaban que los castigos a los infractores de la comunidad los impusieran los ancianos mirañas, boras, yucunas, caviyaríes y otros patriarcas de las otras ocho etnias que habitan en la región.

Pero lentamente, a medida que más botes bajaban por el Caquetá desde la zona de distensión, los cumpas , como ya les decían los indígenas a los guerrilleros, comenzaron a imponer sus sanciones: amarraban a los infractores a los árboles o los obligaban a trabajar en un carreteable entre Araracuara y Puerto Arturo.

Luego presionaron algunos indígenas para que aumentaran sus cultivos de coca, -que no pasaban de unas cuantas matas utilizadas para el mambeo - y comenzaron a reclutar combatientes entre los 5.500 indígenas de la región.

A los jóvenes el asunto les parecía mágico. Bastaba con levantar la mano o decir yo voy para que los guerrilleros les entregaran uniforme y fusil.

Seis indígenas de esta zona se enrolaron en el llamado frente amazónico, del cual formaban parte unos 40 indígenas reclutados en el río Mirití, precisa otra persona que también huyó.

Los mayores vieron a sus muchachos patrullando por el río, pavoneándose con su vestido camuflado, pero más tarde supieron que la guerrilla los había enviado a campos de entrenamiento.

Antes de irse, los indígenas les enseñaron a los guerrilleros las trochas secretas que sus mayores han utilizado durante generaciones para atravesar la selva. Una red de caminos y caños que unen los grandes ríos y que les permiten recorrer en tres días un trayecto normalmente necesita hasta una semana, como el de Araracuara (Amazonas) - Pacoa (Vaupés), cuenta Quiroga.

Por dos de esas trochas, conocidas como Centro-providencia y El Castaño, los propios indígenas pasaron a fuerza de hombro las dragas, pieza por pieza, a cambios de algunos pesos.

Las dragas eram para los mineros que en número de 50 habián llegado dos meses antes que los guerrilleros a la zona y tras encontrar muestras de oro atrajeron a 250 aventureros más de Brasil, Perú y Ecuador.

Se negociaba cada pedazo de la draga según el peso... se recobraban 20,30, 40 mil pesos , explica Heredia.

La actividad de los mineros no escapó a la mirada de los cuatro jefes guerrilleros de la zona, entre ellos Manimuñeco , a quien los indígenas apodan así porque tiene una prótesis en lugar de brazo derecho.

Por cada balsa cobraban un millón. Por las dragas más... Y después les cobraban por todo , ...dice Saúl Quiroga.

Los primeros muertos.

Otra persona que conoce de cerca la región corrobora esta versión y explica que los dirigentes organizaron reuniones y viajaron a la zona de distensión del Caguán a exponer sus puntos de vista ante la cúpula de las Farc. Le exigieron respeto a su forma de vida, de pensar y de organizarse.

Las Farc se comprometieron a no reclutar indígenas sin autorización de sus padres, a respetar las tradiciones y a las mujeres y a no fomentar el cultivo comercial de la coca y la explotación ilícita del oro.

Pero estos dos últimos puntos siguen causando dolor de cabeza a los indígenas.

Con la circulación de dinero ilícito, los víveres subieron de precio y los jóvenes se preocupan más por el trago, los relojes digitales, las gorras con letreros en inglés que por los cultivos, la caza y la pesca. Algunos indígenas aparecieron con armas al cinto y se rebelaron contra la autoridad de los ancianos y los capitanes de los cabildos.

Se erosionó el proceso de organización de las comunidades, que llevaba una década, luego de soportar durante más de 60 años (desde los años 30 hasta principios de los 90) las consecuencias de las bonanzas del caucho, de las pieles y de la coca.

El 28 de diciembre del 2002, murió baleado Santiago Felipe Méndez, un líder miraña-carijona. El asesino le descerrajó un tiro de escopeta al pie de su maloca.

En septiembre del año pasado cayó el segundo líder. Gaspar Rodríguez, un muinane de Araracuara, apareció flotando en las aguas del Caquetá con un tiro en la frente.

Ahora los indígenas han visto llegar más armas y uniformes camuflados. Dos contingentes del Ejército desembarcaron en Cahuinarí, a mediados del año pasado, y en Puerto Santander (Araracuara) unos cuatro meses después, para cortar la ruta de abastecimiento que tenían las Farc por el Apaporis y otros grandes ríos.

La guerrillera sigue en la selva cobrando impuestos a minero e imponiendo su presencia atemorizante. Como le pasó a Saúl Heredia, quien a fines del año pasa dejó todo abandonado tras recibir la nota: "Por andar de tres dedos (sapo) vas a amanecer soplao en el río".

* Nombre cambiado por razones de seguridad.

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