ARSID745763LOS TELÉFONOS DE LA SELVA

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Ildefonso Candre, un indígena okaina, va cada semana a una cabina telefónica de la Escuela de Oficiales de la Policía de Bogotá y marca el 8-5208661. Su voz viaja 36.400 kilómetros a un satélite y desciende como un rayo a un teléfono clavado en la pared de tablas de la escuela de Nuestra Señora del Pilar del caserío de Zaragoza, a orillas del río Amazonas.

09 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Ildefonso Candre, un indígena okaina, va cada semana a una cabina telefónica de la Escuela de Oficiales de la Policía de Bogotá y marca el 8-5208661. Su voz viaja 36.400 kilómetros a un satélite y desciende como un rayo a un teléfono clavado en la pared de tablas de la escuela de Nuestra Señora del Pilar del caserío de Zaragoza, a orillas del río Amazonas.

Hola papá Cómo están todos por allá? le pregunta al profesor y vigía del único teléfono del pequeño poblado, donde viven 375 ticunas, kokamas, yaguas y okainas, que se alimentan de borugos, micos cotudos y dantas, y en donde los niños dejan de ir a clase por pescar bocachicos y pirañas.

El joven salió de su pueblo el año pasado a hacer el curso de oficial a la capital del país y gracias al teléfono se transporta en fracciones de segundo a su casa para preguntar cómo están las cosas en su familia y averiguar por la vida de sus amigos de infancia.

El teléfono, por el que pasan en promedio tres llamadas diarias, opera desde hace tres años con una antena en forma de plato y una batería alimentada por un panel solar a un lado de la cancha de microfútbol de este pueblo, en donde hay postes de energía pero no luz porque la planta de Acpm funciona a ratos.

Zaragoza es uno de los 39 sitios de telefonía rural satelital en el trapecio Amazónico, que hacen parte de los 9.745 que existen en el país.

Los teléfonos han permitido en esta región mantener a los indígenas enterados de las expediciones de sus curacas (caciques) en busca de recursos a Bogotá; a los turistas extranjeros, de lo que pasa en sus países; a los soldados, del amor de sus novias, y a los investigadores de la fauna y la flora, de lo que sucede en el resto del mundo.

Llevar esta tecnología a este rincón del país es la misión del programa Compartel, del Ministerio de Comunicaciones, que desarrolla la empresa de comunicación satelital Gilat para favorecer a comunidades pequeñas, que dependían de las razones que enviaban los indígenas en papelitos con los lancheros.

Cuando un familiar se moría en otro pueblo tocaba esperar días a que pasara una canoa para que trajera la noticia , dice Daniel Martínez, administrador del teléfono de la comunidad de Nazareth.

Para instalar los teléfonos, los técnicos de Gilat realizaron verdaderas expediciones como en los tiempos de la conquista. En planchones por el río Amazonas y sus afluentes transportaron, en recorridos de hasta cinco días, equipos, que pesan hasta 190 kilos.

Animales en las antenas.

Los teléfonosfuncionan con tarjetas o sistemas de códigos prepagos y llegaron a reemplazar en algunas poblaciones a Telecom, que cerró sus oficinas y dejó olvidadas las antenas, mientras en otras aparecieron por primera vez, antes que la luz y el agua potable.

El timbre de los aparatos va cambiando la vida de estas comunidades, donde se pueden quedar incomunicados porque el administrador no tuvo plata para ir a buscar más tarjetas, hay días tan nublados que no dejan cargar las baterías o simplemente se mete un bicho a una celda solar.

Estos temas fueron tratados en una reunión, el 21 de abril en Leticia, con los operadores de los teléfonos y funcionarios del Ministerio y Gilat. Arley Charry, antropólogo y funcionario de Gilat, dice que llevar tecnología satelital es lo acertado por la distancia y la inclemencia del clima, pero comenta que a los nativos les llevará un tiempo adaptarse. Al comienzo no sabían pasar la tarjeta por la ranura y todavía, casi siempre, van a llamar en grupo para que uno les ayuda a marcar .

Convivir con la tecnología no ha sido fácil. Los indígenas aveces amarran sus animales de las antenas y pueden desviar la señal del satélite. En otras ocasiones ponen la ropa a secar en los cables y casi siempre que cae una tormenta eléctrica desconectan la antena porque piensan que puede atraer los rayos.

Las preocupaciones en estos caseríos donde los mayores problemas siguen siendo las picaduras de las culebras cuatro narices y verrugosas, y los ataques de los tigres y los caimanes, comienzan a cambiar con la llegada del teléfono.

Víctor Angel Pereira, de la comunidad de San Martín de Amacayacu, donde viven unos 400 indígenas, la mayoría ticunas, necesita un altavoz para llamar a la gente porque si no va corriendo a avisarle se pone brava. Kesnier Vásquez, ex curaca de la comunidad de San Francisco, quiere trasladar el teléfono de una casa porque la gente se ha quejado de que no puede hablar con tranquilidad porque todos se ponen a escuchar.

Los estudiantes de la universidad me preguntan por qué no se pone un bombillo para espantar los mosquitos porque a ellos siempre los llaman de noche , dice Carlos León Cruz, de la comunidad de Macedonia.

En la era del teléfono.

A medida que van conociendo las ventajas del teléfono crecen las solicitudes. Todavía falta algunas regiones apartadas como en los caseríosdel río Putumayo. Hay que pensar en una telefonía de verdad, que llegue a las regiones donde no existe ninguna posibilidad de comunicación dice Charry.

La idea del Ministerio de Comunicaciones es aumentar en 26 los sitios con teléfonos en el Amazonas y en 3.000 en todo el país, además de llevar centros de internet a los internados de la selva.

En el Amazonas ya hay varias poblaciones que quieren entrar en la era del teléfono. Magno Soplin Rivera, de la comunidad de Nuevo Paraíso, pidió hace dos semanas el aparato porque a veces se presentan emergencias y solo tienen una canoa con motor.

La otra vez no pudimos avisar al hospital que nos mandaran la ambulancia (lancha) para atender a una señora embarazada que estaba grave y nos tocó llevarla a remo, por más de cuatro horas. A veces tenemos heridos por picaduras de culebra y nos demoramos mucho llevándolos al hospital , comenta.

Los problemas son otros en La Chorrera. Patricio Guerrero Sánchez, vicecuraca de la comunidad, pide ampliar el servicio porque el teléfono que tienen y el fax no dan abasto. La gente hace fila y pelea por llamar .

En otros pueblos, como Nazareth, el timbre del teléfono espanta, pues los indígenas no tienen a nadie~lejos de sus tierras y solo lo usan en caso de emergencias.

En la localidad, ubicada a unos 30 minutos en lancha de Leticia, Juan Pablo Olmos, un estudiante de biología de la Universidad Javeriana, que está haciendo un estudio de las plantas medicinales de la región, es el único que por estos días recibe llamadas. Tengo que estar pendiente porque de pronto suena el teléfono y nadie contesta .

Río arriba, en Zaragoza, el profesor Candre está pendiente de que cuando los niños jueguen en la cancha no pateen muy duro porque un balonazo a la antena lo podría dejar sin noticias de su hijo en Bogotá.

FOTO/Claudia Rubio enviada especial EL TIEMPO.

1- En Zaragoza, a orillas del río Amazonas, la antena está ubicada muy cerca de la cancha de microfútbol. Los niños tienen prohibido patear duro para no pegarle al aparato, pues se podrían quedar incomunicados.

2- Amelia Coello es la administradora del teléfono de Puerto Nariño. Dice que los que más lo usan son los policías.

3- Idelfonso Candre, profesor de Zaragoza, se comuncia cada semana con su hijo en Bogotá por el teléfono que está en la escuela.

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