MEDELLÍN RECIBIÓ A LA MADRE LAURA

MEDELLÍN RECIBIÓ A LA MADRE LAURA

El acto que sirvió ayer de preludio a la apertura del primer santuario de veneración de la Beata Madre Laura Montoya, que estará hoy al alcance del público, se convirtió en un encuentro interétnico.

10 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El acto que sirvió ayer de preludio a la apertura del primer santuario de veneración de la Beata Madre Laura Montoya, que estará hoy al alcance del público, se convirtió en un encuentro interétnico.

Pasadas las 9:00 a.m. y con más de media hora de retraso, las reliquias de la religiosa que tiene el título de Beata desde el pasado 25 de abril, compuestas por sus restos mortales, partieron en un carro fúnebre hecho de madera tallada, con llantas también de madera, y tirado por cuatro corceles blancos, a la usanza del Siglo XIX.

Las siguieron cerca de 50 carros atiborrados de gente venida de los cuatro puntos cardinales de Colombia y de los tres continentes por donde regó su obra la fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena.

Según la madre Esperanza Arboleda, superiora general de las Lauritas, como se les conoce más comúnmente, en total llegaron unas 1.500 hermanas, más un número no determinado de seguidores.

Los fieles tomaron por la avenida San Juan y se bajaron de los vehículos en el centro administrativo La Alpujarra para continuar a pie hasta la Basílica Metropolitana, donde el arzobispo Alberto Giraldo bendijo los huesos de la Madre que llegaron dispuestos en un ataúd color gris.

En el desfile se destacaron las mujeres wayú con amplias mantas, los paeces con sus ponchos y sombreros color crema; guambianas y guambianos con su inconfundible sombrero negro, ruana azul y falda negra, y emberas con faldas azules, camisas multicolores e infinidad de collares de chaquiras colgados al pecho. Lo mismo que rostros color ébano que llegaron en representación de los grupos poblacionales a los que las Lauritas dirigen su acción bajo el principio de respetarles y hacer que ellos valoren sus culturas.

También se vieron infinidad de religiosas con el hábito gris que distingue a las Lauritas saludándose de beso; varios vendedores de botones, gorras, camisetas y ponchos con la imagen de la Beata, e infinidad de peregrinos.

Aires andinos.

A su llegada a la Catedral, en vez de cantos gregorianos, la Beata fue recibida con canciones andinas tocadas por indígenas con sus quenas, sus tambores y zampoñas.

El acto solemne comenzó hacia las 12:30 de la tarde, presidido por el arzobispo Alberto Giraldo y con la asistencia de unas 5.000 personas, entre ellas el primer mandatario Alvaro Uribe, quien les impuso a las Lauritas la Orden Nacional al Mérito en grado de Cruz de Plata.

El incienso estuvo preparado por tres médicos tradicionales de Pietayó (Cauca) con hojas de urijuela, moscas de páramo y alegría de páramo, tres hierbas ancestrales, que según ellos tienen el mismo efecto curativo de las oraciones de la Madre Laura.

"Ella también curaba a los paeces, pero a punta de fe", dijo Rivera.

Hacia las 2:30 de la tarde, las reliquias retornaron ya benditas a su sitio de origen, en Belencito, dentro de un Cadillac blanco modelo 1954. Serán el punto central del santuario anexo al Templo de la Luz, donde a partir de hoy los feligreses podrán empezar a venerar a su Beata.

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