LA DEMOCRACIA EN ENTREDICHO

LA DEMOCRACIA EN ENTREDICHO

Colombia tiene una manera particular de relacionarse con América Latina. Cuando se tiene éxito en algún área, el mérito se lo lleva el gobierno de turno pero cuando se fracasa, especialmente en lo económico, este resultado se le atribuye a las tendencias que dominan la situación latinoamericana. Al darle un vistazo a los resultados de investigaciones actuales, tanto en lo económico como en lo político, queda en evidencia que somos definitivamente latinoamericanos. Si se empieza por lo positivo, América Latina comienza a salir de un período de lento o nulo crecimiento económico y se ven con relativo optimismo los próximos años.

03 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Colombia tiene una manera particular de relacionarse con América Latina. Cuando se tiene éxito en algún área, el mérito se lo lleva el gobierno de turno pero cuando se fracasa, especialmente en lo económico, este resultado se le atribuye a las tendencias que dominan la situación latinoamericana. Al darle un vistazo a los resultados de investigaciones actuales, tanto en lo económico como en lo político, queda en evidencia que somos definitivamente latinoamericanos. Si se empieza por lo positivo, América Latina comienza a salir de un período de lento o nulo crecimiento económico y se ven con relativo optimismo los próximos años.

Las previsiones del Fondo Monetario presentadas por Portafolio, confirman un crecimiento promedio para América Latina del 3.9%, nada espectacular, pero mejor que lo vivido durante el último quinquenio reconocido por la CEPAL como una etapa perdida. La recuperación que de hecho ya se siente en Colombia forma parte entonces de esa nueva onda que se vive en la Región, pero debe anotarse que está en el promedio latinoamericano y, lo superan, Venezuela, que viene de una recesión, Uruguay, Ecuador, Argentina y Chile.

Pero probablemente lo más pertinente para el actual momento que vive el país, son los resultados del estudio realizado por las Naciones Unidas titulado " La Democracia en América Latina." Sus principales conclusiones ameritan una reflexión profunda por parte de los colombianos. Un 54% de los latinoamericanos están pensando que las dictaduras podrían arreglarles los problemas. Un 58% están de acuerdo con que los Presidentes vayan más allá de las leyes, un 56% creen que el desarrollo económico es más importante que la democracias, y, más sorprendente aún, y probablemente muy adecuado para lo que hoy vive Colombia, un 54.7% apoyarían a un gobierno autoritario si resuelve problemas económicos. Las demás cifras son tan o más preocupantes: un 43% no cree que la democracia solucione los problemas del país, un 40% cree que puede haber democracia sin partidos, un 37% están de acuerdo con que el Presidente ponga orden por la fuerza. Es este un escenario aceptado por un alto porcentaje de Colombianos?.

Hay más aún. A la pregunta sobre quien maneja el poder en América Latina, un 79.7% respondió que son los grupos económicos quienes detentan el verdadero poder en las naciones del área. Interesante que en segunda instancia, con un 65.2%, se ubican los medios de comunicación y solo en tercer lugar, con un 36.4%, el poder ejecutivo. Es decir, los países latinoamericanos son percibidos por los ciudadanos como estados con poco margen de maniobra, capturados por pequeños grupos de interés. Como para completar este triste cuadro, los latinoamericanos señalan en una alta proporción, 22.9%, que la Embajada de Estados Unidos es un centro de poder. Es decir, se reconoce por parte de la ciudadanía, que además de ver debilitados a sus gobiernos estos deben moverse bajo la égida de los representantes de Estados Unidos. La soberanía, la libre determinación de los pueblos, principios fundamentales que definen una Nación como tal, se ha perdido, si es que alguna vez se tuvo.

Tres hechos fundamentales que caracterizan a la Región Latinoamericana y que se refieren al comportamiento económico, al desarrollo político y al ejercicio del poder, tienen en Colombia expresiones claras. Cada vez más nuestra economía se mueve al vaivén del resto de la Región y en la medida en que los Acuerdos de Comercio se cristalicen esta realidad será cada vez más evidente. La recomendación es seguir más de cerca el devenir de América Latina y dejar de mirar exclusivamente al Norte porque el Sur también nos pesa. Con respecto a la concentración del poder, también Colombia sigue la línea latinoamericana. El país vive permanente la gran influencia de los sectores que concentran la riqueza los cuales ejercen sin timidez una gran influencia no solo en las decisiones económicas sino, más aún, en las estrategias sociales sin que la solidaridad con los amplios sectores marginados sea su gran preocupación. Que el Embajador de Estados Unidos en Colombia entra en el debate político interno, es parte de la historia nacional.

Lo que está sucediendo en la política, con las especificidades del caso, es también el resultado de la insatisfacción con el tipo de democracia que se ha construido en el país. La búsqueda de la reelección del Presidente Uribe y la aceptación por parte de la ciudadanía de los argumentos que la justifican expresados muchos de ellos por el Primer Mandatario, es un reflejo de la crisis de la política colombiana. Es posible que la tradición de democracia imperfecta de este país impida declarar de frente la necesidad de un dictador, como parece que lo harían más de la mitad de los latinoamericanos. Sin embargo, para ser justos es importante recordar cómo algunos dirigentes de este país pedían a gritos un Fujimori cuando este vivía sus momentos de gloria. Hoy en día, el país como un todo no llegaría a estos extremos para resolver, no los problemas económicos, sino el gran dolor de cabeza nacional, el conflicto armado. Pero lo que si es evidente es que las frustraciones de gobiernos anteriores y las características del mandato actual, trabajo y mano dura, están llevando al país a la consagración de Presidente Uribe como un Mesías al que se le permitirían muchas de las libertades que los latinoamericanos consideran como necesarias.

Como se ha dicho hasta la saciedad, la continuidad de una política la deben dar los Partidos con ideologías claras y no individuos que están sometidos a todas las limitaciones del ser humano. Cuando estos Partidos políticos existen, pasa lo que sucede actualmente en España. Seguirá la lucha contra el terrorismo interno, se seguirá impulsando la economía y la modernización de la sociedad española, pero al pasar del Partido Popular al PSOE, habrá una variación de matiz, que recogerá lo positivo pero que cambiará lo que el pueblo español considera que no debe seguir.

Esta vorágine que actualmente vive el país alrededor del tema de la reelección del Señor Presidente Uribe, con la polarización que está causando, con una forma agresiva de hacer política, apartándose de la tradición y forzando cambio a la carrera en la Constitución y las leyes, no es sino una profunda crisis de la democracia. No solo se cambian las reglas del juego, sino que este síndrome mesiánico nace de la pérdida de credibilidad en el ejercicio de la política. Y en esto, como en muchas otras cosas, sí que somos latinoamericanos y no solamente americanos, como le gustaría a muchos.

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