NO ME ABANDONEN

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Corrían las 5:30 de la tarde y el sol estaba invisible. Luz Mery Morales venía de recibir un curso de modistería en el Sena y caminaba de afán por la empinada vía conocida como la cuesta del Changay, en el barrio Ricaurte de Ibagué. Un camión estaba a la vista.

04 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Corrían las 5:30 de la tarde y el sol estaba invisible. Luz Mery Morales venía de recibir un curso de modistería en el Sena y caminaba de afán por la empinada vía conocida como la cuesta del Changay, en el barrio Ricaurte de Ibagué. Un camión estaba a la vista.

Transitaba por el andén de la calle 15 entre carrera 10 y 20 con pasos largos y rápidos porque le había prometido a su hijo ciego de 9 años de nombre José Luis que le iba ayudar hacer tareas. El muchacho la esperaba ansiosa porque era unaprofesorai que tenía el espíritu de la paciencia.

El camión, de la empresa Interaseo, que había visto minutos antes bajaba por la pendiente. Ella lo notó. Se veía un aparato grande porque permanecía solo a algunos metros de ella. Estaba detenido cuando lo vio de nuevo, sin importancia. Arriba de ella, dos ancianas caminaban hacia una tienda. Era el pasado miércoles 14 de abril.

Iba por el andén y el carro estaba parado varios metros arriba; venían bajando. Pero al parecer el carro se desengranó y el hombre perdió el control, y vi que el aparato comenzó hacer zigzag a hacia varias partes , cuenta Luz Mary, aún con lágrimas.

Acto seguido, la señora de 49 años sin espacio para moverse mejor y escapar de la embestida, alcanzó a sostenerse de las rejas de la ventana de una casa y tratar de salvarse. Fue en vano evitar el accidente. El camión se le vino encima. Tenía los ojos cerrados.

Yo lo esquivé.

La mujer ya no sintió las piernas. Las lágrimas de dolor aparecieron. Yo lo esquivé dos veces, pero a lo último me atropelló , recuerda. El conductor venía metido en la cabina con sus dos ayudantes.

Entonces inició su lamento de auxilio hasta que uno de ellos se bajó del camión para darle la mano. Fueron varias veces que le estiró el brazo para tratar de sacarla de la tragedia. Pero ella no podía; permanecía inmóvil.

Mientras el ayudante le insistía, ella le decía en un hablar rápido y cansado que no podía, que no era capaz. Estaba en el suelo, sin fuerzas. En medio de la confusión los habitantes de la zona salieron auxiliarla. Solo uno pudo.

Habiéndome partido las piernas, aún así, el conductor, que no se había bajado, pretendía mover el carro, cuando yo permanecía herida. Yo le decía que no moviera el carro porque me mataba. El conductor no escuchaba , recuerda esta mujer humilde y obligada a estudiar modistería porque no tiene empleo fijo.

Alcanzó a salir por iniciativa de un hombre, el mismo que vive en la casa donde ella trató de meterse para salvarse, la de la ventana. El ayudante también colaboró. La pudieron sacar con cuidado después de unos minutos para acostarla luego en el andén de la empinada cuesta, cerca del camión. La mujer no podía levantarse; la sangre se veía.

El tipo estaba empecinado en mover el camión , dice otra vez. El hombre que la ayudó le quitó los papeles al conductor. Cogieron el primer taxi que pasó y la llevaron de inmediato a la Clínica Tolima. La mujer en medio del viaje se preguntaba sí estaba viva. Era ya de noche.

Dolor en las piernas.

Entró por urgencias a esa clínica por medio del Soat (seguro obligatorio contra accidentes de tránsito) que tiene el camión. Allí la intervinieron quirúrgicamente para salvarle las piernas que ya no sentía. Lo que más me afectó fueron las partes de la rodilla para abajo. El peroné está grave , cuenta la señora.

No sé cómo estoy viva, no me explico , se pregunta esta mujer que se consuela con su madre que llora en medio de la habitación invadida por sus familiares. Poco a poco voy sintiendo las piernas, pero en ocasiones me duele . Las lágrimas salen en cada respuesta.

Creo que toda estas cosas son improvisaciones, pues al chofer le faltó experiencia. Un carro de esa magnitud, que tiene tantos frenos y de ese peso no puede bajar en contravía, porque así iba el camión. Tampoco hay señales de que por aquí es una vía transitada, que suben carros de todo tipo , dice la afectada que hace apenas una semana comenzó a sentir las piernas.

Después del accidente que casi le cuesta la vida, cinco cirugías en ambas piernas le han practicado y esta semana espera otra más porque quiere volver a caminar. Reconstrucciones en los huesos y remover su piel, las cirugías más comunes para la paciente.

Solo la ha visitado, y dos veces, el jefe de operaciones de la empresa Interaseo, entidad a la que pertenece el camión. La primera visita fue a los dos días de ocurrido el accidente. Los que más han venido han sido las aseguradoras, por lo de la plata, claro , dice la señora.

El lío de caminar.

Según Nubia Estela, una de sus hermanas, el lunes de la semana pasada el Soat se venció y no nos dieron medicamentos en la clínica. Nos querían pasar de la clínica al Seguro Social. Un abogado de mi hermana habló y la dejaron en el lugar .

Luis Felipe Zárrate, jefe de operaciones de Interaseo, dice que desconoce el asunto del traslado en este accidente fortuito, pero asegura que estamos pendientes de que cada entidad aseguradora cumpla. Hasta ahora se han atendido los seguros obligatorios y el seguro de la empresa ya respondió.

Nubia Estela, que vive en el mismos sector, cuenta que el conductor que atropelló a su hermana sigue teniendo la misma ruta, pero manejando otro carro. Lo veo siempre trabajando, como si no hubiera pasado nada. Debería estar suspendido , enfatiza.

Antes eso, Zárrate cuenta que el proceso está en la Fiscalía y en cualquier momento vamos a saber si existe un responsable . El funcionario asegura que el conductor seguirá operando hasta que la entidad oficial no de un resultado. En cuanto a los carros, dice que siempre tiene buen mantenimiento.

Con dos hijos, Luz Natalí y Lina, de 7 y 11 años, respectivamente, Luz Mery, que no puede caminar, solo se pregunta quién va a pagar los daños físicos y morales de este hecho que no le dejó llegar a su casa en el Alto Ricaurte a colaborarle a su hijo que no puede hacer las tareas solo.

Foto: Luz Mery Morales, con 49 años y madre de tres hijos, confía en poder volver a caminar. Sin embargo, se pregunta quién va a responder por los daños físicos y morales.

Foto: Su familia siempre ha estado con ella. Solo piden que todas esas cirugías sirvan para que vuelva a caminar.

Ricardo Espinosa

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