LA ESPERANZA TAMBIÉN SE JUEGA SU PARTIDO

LA ESPERANZA TAMBIÉN SE JUEGA SU PARTIDO

Con cada carrera para capturar una pelota de tenis y entregársela al jugador en un club de Cali o Medellín, Raúl Ordóñez y Miguel Tobón, dos de los mejores tenistas de la historia de Colombia, se abrieron hace años un espacio en este deporte. Le hicieron un ace a un entorno que amenazaba con quebrarles mucho más que el servicio.

11 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Con cada carrera para capturar una pelota de tenis y entregársela al jugador en un club de Cali o Medellín, Raúl Ordóñez y Miguel Tobón, dos de los mejores tenistas de la historia de Colombia, se abrieron hace años un espacio en este deporte. Le hicieron un ace a un entorno que amenazaba con quebrarles mucho más que el servicio.

"La mayoría de los niños que conocía terminaron mal: en la droga, muertos o en la cárcel", cuenta Tobón -hoy de 35 años- sobre sus vecinos de entonces en el barrio 12 de Octubre, en la comuna nororiental de Medellín. A los 10 años este ex número uno de Colombia, que ahora entrena a Alejandro Falla, empezó a trabajar como recogebolas en el Club Campestre.

Ordóñez (uno de los entrenadores más reconocidos del mundo por su papel en la formación de Andre Agassi y Monica Seles), se inició a los 7 años como bolero del Club de la Ribera, de Cali. Venía de Terrón Colorado, en el occidente, donde cada noche acompañaba a su mamá en la cantina que ella manejaba.

Ahora, Ordóñez impulsa un trabajo de formación. "Los entrenadores somos casi los papás sustitutos de estos niños", afirma Joaquín Drada, antiguo profesor de Ordóñez. Gracias a esto, la Asociación de Damas Tenistas del Valle apoya en el estudio a cerca de 120 recogebolas de Cali y cada año, Ordóñez patrocina la Copa Nacional de Recogebolas.

Tobón y su hermano Omar crearon una escuela de tenis en el barrio La Visitación y desde hace año y medio nació la Fundación Amigos del Tenis, que beneficia a 160 niños de Santo Domingo Savio, zona marginal de Medellín.

"La idea es que estos niños, en vez de estar en las esquinas, con drogas o armas, cojan una raqueta", dice Tobón. Algo que Stephany Gómez, recogebolas de 14 años, tiene claro. Ella hace parte del programa de la Asociación en Cali, va en octavo grado y piensa estudiar comunicación social. Por eso sigue junto a la malla y espera que el punto termine para correr tras la pelota.

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