EL COMPLOT CONTRA CHÁVEZ

EL COMPLOT CONTRA CHÁVEZ

La increíble historia de un grupo de 88 presuntos paramilitares y reservistas colombianos, arrestados en las afueras de Caracas, cuando preparaban un atentado contra el presidente de Venezuela, o una especie de comando para cometer acciones militares en el futuro, reviste una especial gravedad. Sobre todo cuando las capturas fueron hechas por la Policía Metropolitana de Caracas, que no es propiamente manipulada por Chávez. Y cuando hay otras versiones que indican que algunos de los detenidos tenían antecedentes penales en Colombia, y que los dueños de la finca donde se encontraban son radicales opositores del gobierno.

11 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

La increíble historia de un grupo de 88 presuntos paramilitares y reservistas colombianos, arrestados en las afueras de Caracas, cuando preparaban un atentado contra el presidente de Venezuela, o una especie de comando para cometer acciones militares en el futuro, reviste una especial gravedad. Sobre todo cuando las capturas fueron hechas por la Policía Metropolitana de Caracas, que no es propiamente manipulada por Chávez. Y cuando hay otras versiones que indican que algunos de los detenidos tenían antecedentes penales en Colombia, y que los dueños de la finca donde se encontraban son radicales opositores del gobierno.

Por absurda que parezca, la situación también puede ser explosiva. Basta revisar las declaraciones que se produjeron ayer para entender la gravedad del panorama. Mientras el gobierno venezolano, a través de su exaltado vicepresidente, José Vigente Rangel, les pedía a Estados Unidos y a la OEA que se pronunciaran contra la amenaza a las instituciones, el presidente Uribe reaccionaba rápidamente para poner las cosas en su sitio: su gobierno, dijo, aplaude que los vecinos capturen a todos los delincuentes colombianos, y el vicepresidente Francisco Santos alertó sobre la seriedad de lo acontecido. Por su parte, el vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos, Richard Boucher, se adelantó a desmentir cualquier vínculo con el eventual complot, lo mismo que la oposición venezolana, y el ex presidente Carlos Andrés Pérez afirmó que todo se reducía a un montaje de Chávez.

Lo cierto es que las investigaciones apenas comienzan, la confusión reina y las consecuencias podrían ser delicadas. En especial si se tiene en cuenta un ambiente tan radicalizado y sensible como el de la Venezuela actual, donde la desconfianza cunde y el gobierno y la oposición a duras penas se comunican.

El hecho de que la mayoría de los involucrados sean colombianos (ayer, también, fue detenido el coronel Orlando Castro, de la Guardia Nacional Venezolana) no se puede perder de vista. El inexplicado episodio se podría convertir en la gota que faltaba para rebosar la copa de la impaciencia sobre el peligro de que la violencia colombiana se traslade a su vecino. Hace rato se han hecho planteamientos sobre la presencia de grupos guerrilleros, sobre todo en la frontera, para denunciar una supuesta preferencia, o tolerancia, del régimen chavista. Ahora son voceros cercanos al gobierno los que magnifican el hecho de que los supuestos paramilitares atentarían contra las autoridades legítimas. No hay que olvidar que en más de una ocasión el gobierno caraqueño ha fustigado al de Uribe por su falta de acción contra los paras .

Sería arriesgado que la bandera acionalista anticolombiana se sacara a relucir en estos momentos en Venezuela; que el gobierno se dedique a exaltar los ánimos, exagerar las dimensiones y manipular la información con el objeto de canalizar a su favor sentimientos chauvinistas, o que la oposición se precipite a condenar al régimen por inventar el enredo. Mejor sería mantener un tono sereno como el que impuso el presidente Alvaro Uribe, enfriar los ánimos y buscar el esclarecimiento de los hechos. Lo otro es caer en versiones distorsionadas y enfrentadas que pueden agudizar el conflicto con la oposición o generar tensiones bilaterales.

Dentro de dos semanas, además, según el reglamento aprobado por el Consejo Nacional Electoral se deberán revisar las firmas de ciudadanos que están a favor del referendo revocatorio pero que forman parte de listados tramitados en bloque: el famoso reparo. Existen, aproximadamente, 1 910.000 firmas válidas y 1 190.000 en revisión. Para que se convoque la consulta deben resultar correctas un poco más de la mitad de estas últimas: cerca de 600.000. El trámite es complejo y el tiempo es precioso, pues después del 19 de agosto un resultado adverso a Chávez no obligaría a la convocatoria de elecciones (el vicepresidente asumiría el poder hasta el 2006).

La tensión es alta. Para prevenir riesgos, los presidentes Uribe y Chávez, más que nunca, deben unir esfuerzos para aclarar lo sucedido y acabar la confusión. Y, sobre todo, no caer en peligrosas provocaciones.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.