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UN PROCURADOR EN CAMPAÑA

UN PROCURADOR EN CAMPAÑA

No es por lo que el hombre valga, sino por lo que significa su cargo y lo que costaría la indignidad a que aspira, que debe el país ocuparse de la campaña reeleccionista del procurador Edgardo Maya Villazón.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de septiembre 2004 , 12:00 a. m.

Maya es el primero de los clientelistas y politiqueros de que se tenga noticia. Sin olvidar que los cargos de que dispone son los mejor remunerados del país -un procurador delegado gana una vez y media lo que un ministro- y que son muy numerosos -mil en cuatro años no es poca cosa-, no hace un tiro al aire con sus nombramientos. En cada región satisface y compromete con sus larguezas burocráticas a los dueños del poder político; si una Revista le preocupa, la neutraliza con una designación generosa; al Congreso lo toca con su gracia o lo intimida con su discrecional poder disciplinario; y lo más grave, llama a las puertas de las Cortes Venerables, que por desventura no permanecen siempre selladas ante el encanto del hombre de Valledupar.

Aparte de sus componendas clientelistas, lo que Maya hizo con el Congreso fue indecente. Abrió investigación contra 204 de sus miembros, porque dijo haber descubierto la más atroz maquinación politiquera en la Contraloría General de la República. Se declaró impedido para adelantar el juicio, Maya sabe cuándo alejarse de la candela, y lo dejó en manos de su otro yo, aquel Gómez Pavajeau que en todo lo complementa. La causa del impedimento era la presencia en la lista de sindicados de su sobrino político, el senador Araújo, también vinculado por parentesco nada remoto con Gómez Pavajeau, y quien salió del problema entre los primeros absueltos.

Luego vino una declaratoria de nulidad, que no sabemos por cuál vicio de procedimiento se explicó, pero que sirvió a muchos, y las últimas decenas de acusados se purificaron en las aguas lustrales de la prescripción. Al parecer por no pagar el precio del rescate, quedaron condenados cuatro senadores: Camilo Sánchez, presidente que era de la DNL; Jaime Dussan, presidente que es del Polo Democrático, y Julio Manzur con José Darío Salazar, miembros del Directorio Nacional Conservador. Todos los demás deberían pagar sus prescripciones con un voto agradecido por la estratégica mora en castigarlos.

Menos notorio pero más sucio fue el caso de su primo Francisco Javier Villazón Aponte. Sorprendido por el Superintendente de Valores en maniobras con papeles del Fondo Nacional de Regalías, que manejaba, y en asocio de otro pariente político del Procurador, se metió al bolsillo, con sus cómplices, más de 50 mil millones de pesos de hoy, que eran de la Nación. El Superintendente cerró los comisionistas de bolsa implicados; la Contraloría se pronunció contra Villazón Aponte; la Fiscalía, la del doctor Gómez Méndez, tan amigo y vinculado a Maya Villazón en aquello de puestos para su familia, protegió al pillo y persiguió al Superintendente, con saña infame ejecutada por Gómez Pavajeau, y la Procuraduría sancionó, en fallo de primera instancia, a Villazón Aponte. Saben ustedes, lectores amables, lo que pasó luego? Sí, claro. Lo adivinaron. El proceso prescribió en la segunda instancia.

Y queda la Corte Suprema de Justicia. Hasta ahora tenemos comprobados seis casos de magistrados cuyas esposas o cuyos hermanos fueron nombrados por Maya en la Procuraduría. Por el honor de la Corte y el bien de Colombia, esperamos que esos magistrados, que de seguro ignoraban la contraprestación que se les exigiría por los nombramientos, se adelanten con una declaración de impedimento para votar por el nominador y patrón de sus mujeres o sus hermanos. El país no se merece el huracán moral que desencadenaría otra conducta.

Nos anticipamos a las suspicacias. Somos reos de Maya Villazón en dos procesos disciplinarios. Decimos más. Seremos condenados por Maya Villazón. Nuestra defensa la haremos ante el pueblo de Colombia, que tiene derecho a saber cómo se articulan, para su perdición y su vergenza, los mecanismos del poder que sufre, pero que no elige.

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