FACTOR YO

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Han muerto 21 niños en Bogotá tras caerle encima al bus donde viajaban, una máquina de cuarenta toneladas de peso. Y sumamos otros accidentes trágicos como pan de cada día en Colombia.

11 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Han muerto 21 niños en Bogotá tras caerle encima al bus donde viajaban, una máquina de cuarenta toneladas de peso. Y sumamos otros accidentes trágicos como pan de cada día en Colombia.

En este país ocurren diez accidentes de tránsito más que en USA, en relación con su población. Las víctimas fatales por esta razón, superan en número a las causadas por el conflicto armado, el cual podría estar participando en un 15% aproximadamente de las muertes violentas en Colombia.

Por ello, aún con el dolor en el alma y con las fibras más profundas de mis sentimientos afectadas por el insuceso que será imborrable en la memoria de los colombianos, dejo planteada una tesis central: No fue un accidente. Creerán que no tengo razón; pero si pensamos en la lógica de nuestro ser cultural, en las características de nuestros comportamientos sociales y en el grado superlativo de egoísmo, individualismo e insolidaridad que obra en nuestras conciencias, todos ustedes me hallarán la razón.

Los factores del subdesarrollo, por ejemplo, son muchos: Valor agregado insignificante, sector industrial débil, desempleo galopante, indicadores de ciencia y tecnología que dan pena, recesión crónica, pobreza del 64% y serios indicios de una sociedad desquiciada por la violencia: la insurgente y contrainsurgente, la de la familia, la del atraco común y la pelea callejera; la violencia simbólica de la amenaza y del silencio, la de los noticieros que hacen sus delicias de cada nota trágica patrocinada, la violencia que se legitima cuando le cambian las reglas de juego a la democracia, la violencia de la exclusión y del Estado inoperante.

La predisposición, ante el 98% de impunidad de nuestra justicia, de disparar o atacar, así sea en defensa propia y las regulaciones sociales de hecho que hacen saltar en mil pedazos códigos, normas y leyes; lenguajes de guerra, arengas de fuego y exterminio, incitaciones subliminales para eliminar al contrario, la imposición por la fuerza, de mis razones, si acaso lo son, el cruce del semáforo en rojo, el parqueo en la mitad de la vía, el desconocimiento grave de los elementales principios de la convivencia y de la ética ciudadana.

Somos violentos, parecería que esa es nuestra naturaleza ante la perplejidad de otros; nos acostumbramos a la tragedia para no aplazar el festival ni el reinado. En un país, un tren transportando gases, gasolina y gente, "inexplicablemente" estalla causando la muerte de 200 personas; en otro país, otro tren con las mismas características estacionado en una aldea, "extrañamente" explota y fallecen cientos de personas, y aquí, una máquina de 40 toneladas, que no debía estar donde estaba, ni debía ir a la hora y a la velocidad que iba, increíblemente cae encima de un bus aplastándolo y matando a 23 niños.

Será accidente? No, así somos, como decía el maestro Echandía, un país de cafres.

* Docente Unillanos.

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