EL FANTASMA DE LA ALCALDÍA MAYOR

EL FANTASMA DE LA ALCALDÍA MAYOR

Más de un funcionario y ex trabajador de la Alcaldía Mayor de Bogotá asegura haber oido, especialmente hacia la medianoche, a un fantasma que anda con pasos acelerados por los corredores del segundo y tercer piso del Palacio Liévano. Que ese espanto enciende luces, abre y cierra puertas, teclea rápido una máquina de escribir y, en ocasiones, hasta descarga la cisterna de un baño que funciona en la primera planta de la construcción.

25 de julio 2004 , 12:00 a.m.

Más de un funcionario y ex trabajador de la Alcaldía Mayor de Bogotá asegura haber oido, especialmente hacia la medianoche, a un fantasma que anda con pasos acelerados por los corredores del segundo y tercer piso del Palacio Liévano. Que ese espanto enciende luces, abre y cierra puertas, teclea rápido una máquina de escribir y, en ocasiones, hasta descarga la cisterna de un baño que funciona en la primera planta de la construcción.

Cuando las personas intentan verificar qué o quién origina los extraños ruidos, no encuentran nada ni a nadie. Solo se tropiezan con el silencio.

Al día siguiente, cuando los asustados cuentan las historias, los demás compañeros de trabajo sueltan la carcajada. "Eso fue la mona sin cabeza", les dicen burlonamente. Y el espanto vuelve y queda como un murmullo de corredor.

Pero este año, el fantasma que ronda el Palacio Liévano, al parecer, recordó su existencia . Quien la advirtió fue el jefe de Prensa de la Alcaldía Mayor, Augusto Cubides, cuando el alcalde Luis Eduardo Garzón comenzó su administración.

"Fui a trabajar a la Alcaldía ese primer sábado de enero, hacia las 9 de la mañana, cuenta. Salí un momento de la oficina y cuando regresé, las luces estaban encendidas. Las apagué. Hacia las 10 de la mañana, tuve que dejar por segunda vez el trabajo. Cuando volví, los bombillos estaban nuevamente prendidos y había una grabadora puesta con el máximo volumen. Fui al sitio a verificar si algún periodista había llegado. No encontré a nadie. En seguida me fui. Hasta ese momento, no sabía que en la Alcaldía asustaban".

Quizás sea el mismo fantasma que afirma haber visto el ex vigilante Libardo Bravo, en 1984, en una de sus rondas nocturnas por el edificio Liévano.

"Era un día de Semana Santa, como hacia las 11 de la noche. No me había tomado ni un tinto. Estaba dándole vuelta al edificio y cuando iba por el segundo piso, al fondo, donde hoy están las oficinas de la Secretaría General, vi como algo que se movía. Me fui acercando y encontré que era un bulto blanco, como de 1,60 metros de altura, que se movía por encima del piso. No se le veían pies ni cabeza. De pronto, ese bulto se metió rápidamente por esas oficinas y oí que se puso a escribir en una máquina. La verdad, me dio mucho miedo. Me bajé corriendo al primer piso." Libardo agrega que durante los 12 años que trabajó en esa construcción, se acostumbró finalmente a compartir la noche con ese espanto. "A veces le prendía o apagaba a uno las luces. Abría las puertas y después las cerraba. Lo raro es que iba a ver y encontraba todo normal", expresa.

Esa extraña actividad es la que ahora parece estar registrando el sensor de movimiento instalado entre el primer y segundo piso del edificio. Se ha activado en la noche y registra un movimiento similar al que tienen los pasos, afirma el subintendente Alvaro Guzmán, quien trabaja en la oficina de enlace de la Policía de la Alcaldía.

A esos movimientos se suma otro hecho "raro" y es que, según la empleada de la cafetería Marcela Cadena, está apareciendo una lechuza "enorme" que después de las 10 o 12 de la noche suele sobrevolar el área del parqueadero de la Alcaldía, en el costado occidental del inmueble. "Yo la vi. Es demasiado inmensa", insiste.

Pero ex alcaldes como Augusto Ramírez Ocampo y Paul Bromberg afirman que ese fantasma no existe. "A mí los que trataron de asustarme fueron los vivos", expresa Ramírez. Para Bromberg, esos espantos son creados por los vientos fuertes que bajan de la montaña en la noche. "Ese cuento se escucha, por lo general, con los edificios antiguos", apunta.

El Palacio Liévano era a comienzos del siglo XVII una hilera de casas de dos pisos (ver reproducción): en el costado suroccidental de la llamada Plaza Mayor (hoy Bolívar) o casa de la esquina, estaba la cárcel Chiquita, para hombres; en seguida, en la segunda vivienda, funcionaba el despacho de los alcaldes; la tercera casa, de dos plantas, era la sede del Cabildo; en la cuarta, funcionaba el despacho de los virreyes, recuerda el investigador y arquitecto de la Corporación La Candelaria, Alberto Escobar.

Estas casas de la cuadra (excepto la de los virreyes) permanecieron intactas hasta cuando ocurrió el terremoto, en 1827. Luego, el comerciante antioqueño José María Arrubla construyó las galerías identificadas con su nombre. Ahí continuó funcionando la Alcaldía en la segunda y tercera planta, hasta cuando se incendiaron las galerías que funcionaban en el primer piso, en 1900. Hacia 1902 comenzó la reconstrucción y con nuevo diseño arquitectónico parisino, fue levantada la edificación que hoy es la sede de la Alcaldía Mayor.

Hay quienes señalan que con tantas tragedias en ese viejo edificio "quizás quedó un alma en pena". Cierto o no, algo ronda por la Alcaldía, pero nadie sabe a ciencia cierta qué o quién es.

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