DESARROLLO Y SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

DESARROLLO Y SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

No por haber prevalecido en la visita del presidente Alvaro Uribe Vélez al Parlamento Europeo los aspectos litigiosos de la situación colombiana (estatuto antiterrorista, ley de alternatividad penal, proceso de paz con las autodefensas), ni por el eco estridente de ciertas protestas internas, ni por el énfasis en los problemas del terrorismo y el narcotráfico, sufrieron eclipse irreparable los temas vitales del apoyo al desarrollo socioeconómico y a la prórroga por diez años de las preferencias arancelarias a las exportaciones de este país.

12 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

No por haber prevalecido en la visita del presidente Alvaro Uribe Vélez al Parlamento Europeo los aspectos litigiosos de la situación colombiana (estatuto antiterrorista, ley de alternatividad penal, proceso de paz con las autodefensas), ni por el eco estridente de ciertas protestas internas, ni por el énfasis en los problemas del terrorismo y el narcotráfico, sufrieron eclipse irreparable los temas vitales del apoyo al desarrollo socioeconómico y a la prórroga por diez años de las preferencias arancelarias a las exportaciones de este país.

Habitualmente, lo relacionado con los episodios de guerra y violencia, en nuestro caso asociados al problema de los estupefacientes, domina el interés de los medios externos de comunicación. Tanto más si se le abona con campañas previas de organizaciones que se proclaman defensoras de los derechos humanos y en esa condición denuncian unilateralmente presuntas violaciones gubernamentales, ignoran las muy visibles y dramáticas de la subversión y claman por el canje humanitario e irrestricto de rehenes y guerrilleros presos.

El menosprecio de tales corrientes de opinión en el exterior suele conducir a su robustecimiento y a prevenciones como las que el presidente Uribe Vélez quiso disipar con acento polémico y arrojo singular. Al menos, aun con ausencias considerables, en ese solemne y resonante escenario se escuchó, de primera mano, la versión del Gobierno, su interpretación y razón de obrar. A hacerse oír y, en lo posible, a persuadir fue. De lo primero no cabe duda. De lo segundo dará testimonio el curso de los acontecimientos. Asimismo, en persona pudo percibir lo que flota en determinados ambientes, cosa también útil para sus futuras actuaciones y las de sus funcionarios aquende y allende las fronteras.

La postergación a segundo plano de la cuestión esencial del desarrollo no parece haber disuadido a las autoridades europeas del reconocimiento de su importancia para el logro cabal de la restitución de la paz y la convivencia democrática. Allá como aquí es claro que las circunstancias de retraso, miseria y desigualdad constituyen gérmenes de conflicto a los cuales corresponde atender prioritariamente.

La ruina de buena parte de la actividad productiva no sólo se reflejó en mayor pobreza sino en desplazamiento atolondrado de la fuerza laboral a ocupaciones y cultivos ilícitos. Demasiado caro le han costado a Colombia la reducción de su ingreso por habitante, el experimento de la sustitución de la producción y el trabajo nacionales y el anterior auspicio táctico del desempleo y el subempleo. Hay que hacer vida nueva. Y hacerla de verdad.

Compromiso del Estado.

En vísperas de su viaje al exterior, el presidente Uribe Vélez efectuó la tertulia por el crecimiento económico, de cuyos resultados hemos tenido noticia por las versiones de prensa. Reviste indudable importancia que el país vaya adquiriendo clara conciencia de la necesidad de impulsarlo, aunque no deba hacerse la ilusión de que por su mera virtud se corregirán los altos niveles de indigencia, marginalidad, informalidad, desigualdad y pobreza.

En Colombia hizo carrera la teoría de que el desarrollo socioeconómico era fruto espontáneo de las fuerzas del mercado y de que el Estado debía restringirse a ofrecer seguridad a su juego automático. De semejante error se comienza a salir. Cómo será que hasta el denostado ejemplo del proceso de industrialización tardía de Corea del Sur se invoca. Acaso sin advertir que fue respuesta a las iniciativas gubernamentales y no propiamente a las fuerzas del mercado libre, según lo demuestra Alice H. Amsden en su libro magistral sobre esa maravillosa experiencia, que arranca de 1976, cuando el ingreso per cápita era igual al de Guatemala.

Contra lo que se suele afirmar, se empezó por la sustitución de importaciones. Gracias a ella se llegó a la diversificación de la actividad exportadora, unas veces de manera inmediata, otras con retraso de diez años y, en ocasiones, veinte años después. La industria electrónica cambió estructuralmente del simple ensamblaje a la producción de partes y componentes básicos. Aun en 1983, se protegió el mercado nacional de computadores de la competencia extranjera.

La economía se valió del crédito externo no para subvencionar consumos, sino para generar nuevas formas de producción. El gobierno impuso a las empresas severa disciplina, pero también les ofreció orientación y apoyo. Bien vale la pena aprender de las lecciones del desarrollo surcoreano y de los reparos que el profesor Stiglitz formula a la intervención del FM, cuando le sobrevino la crisis.

El Estado en Colombia no puede seguir desentendido de la suerte del desarrollo. Debe volver a inspirarlo y a darle un gran empujón, como el que se le imprimió en Corea del Sur. Trazarle rumbos diáfanos y, en este propósito, revivir la planeación indicativa del sector privado. Considerarlo prioridad máxima por su repercusión sobre el orden público, el empleo y el modo de vida de los compatriotas. Erigirlo en pieza maestra de la seguridad democrática.

abdesp@cable.net.

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