EL SÍNDROME CASTAÑO

EL SÍNDROME CASTAÑO

No sé cuál sería la palabra: absurdo? Desconcertante? Insultante? Lo cierto es que la manera como se ha movilizado el aparato del Estado para atender todo lo relativo a la desaparición de Carlos Castaño ha sido por lo menos extraño.

12 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

No sé cuál sería la palabra: absurdo? Desconcertante? Insultante? Lo cierto es que la manera como se ha movilizado el aparato del Estado para atender todo lo relativo a la desaparición de Carlos Castaño ha sido por lo menos extraño.

El dispositivo de seguridad que desplegaron hace dos semanas para sacar a la esposa de Montería es de lo más raro que he visto en esta democracia. Tres o cuatro camionetas de la Policía, alcancé a contar. Y un helicóptero oficial. Un helicóptero! Tal vez, el mismo por el cual casi terminan en prisión los que trataban de llevarles elementos personales y comida al gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, y al ex ministro Gilberto Echeverri cuando estaban secuestrados por las Farc.

En la primera semana de luto por su desaparición ya nos habíamos enterado de que el Alto Comisionado estaba superpendiente de ella. Que el comandante de la Brigada 11 le estaba dando protección. Y el mismo comandante de la Policía Nacional dio un parte de tranquilidad de que la señora y la hija iban a estar sanas y salvas con la ayuda de sus hombres.

Se abona, por supuesto, el gesto humanitario de atender a dos colombianas en riesgo, pero me dio la sensación de que alguien está sufriendo una especie de síndrome de Estocolmo con Carlos Castaño. Y casi lo ratifiqué viendo que tampoco han faltado los comentarios periodísticos que dejan un tufillo como de que este era el bueno . Por no hablar de la manera como la Fiscalía desplegó la semana pasada equipos especializados de medicina legal para examinar hueco a hueco en Urabá a ver si aparecía el cuerpo del ilustre desaparecido ( cuántos N.N. de este país se buscan con tanta fruición?).

Puede ser cierto que Castaño cargara con las culpas de otros en algunos de los asesinatos que se le achacan. Y puede ser, también, que Castaño estaba en un proceso de contrición de corazón. El derecho al arrepentimiento existe. Pero con solo recordar la violencia que promovió (tiene 57 órdenes de captura y 7 condenas) y los crímenes que reconoció es suficiente para poner otra vez los pelos de punta.

Basta con revisar la masacre en El Aro, en 1997 (por la cual ya fue condenado). Los testigos dijeron que los paras amarraron de un árbol a una de sus víctimas, le sacaron ojos, lengua y testículos. Antes de matarlo. O qué tal la de Mapiripán? Cinco días para matar a 30 personas, a las que según el expediente torturaron y lanzaron al río! Por no hablar del desparpajo con que Castaño contó en su biografía que planeó el asesinato del senador Manuel Cepeda. Por qué? Porque le pareció. Simplemente. O los detalles que del homicidio de Carlos Pizarro, el líder del desmovilizado M-19, que él mismo ordenó.

Qué habría sido del destino de este país si Pizarro y Bernardo Jaramillo (otro crimen por el cual fue condenado Castaño), las dos cartas que la izquierda se iba a jugar para tratar de demostrar que sí existía una posibilidad democrática, no hubieran sido asesinados?.

Dirán algunos, para explicar este repentino duelo público por Castaño, que lo que pasa es que el hombre estaba en un proceso de negociación con el Gobierno. Puede ser. Pero ahí nos tocaría meternos en otras profundidades y preguntar si lo que hay es negociación o sometimiento.

Y hay quienes también arguirán que Castaño estaba arrepentido y que lo mataron precisamente por arrepentido -porque no hay muchas razones para pensar que esté vivo-, pero no podemos por eso olvidar que Castaño fue el que sofisticó una de las máquinas de muerte mejor aceitadas de la historia del país.

Qué podrán sentir, por decir algo, al ver la devoción para proteger a la familia de Castaño, decenas de miles que pasan verdaderos trabajos para sobrevivir? O los que están en las periferias de las ciudades que viven en precarias condiciones expulsados de sus tierras gracias, precisamente, a Castaño?.

O a alguien se le ocurre que si a Manuel Marulanda le da por armar rancho aparte y le monta una emboscada al Mono Jojoy va a estar presto el Estado para poner a disposición de la familia de Jojoy una flotilla de vehículos de transporte para protegerlos?.

Lo más paradójico es que sus otrora compañeros Mancuso, Don Berna y demás parecen ser los menos dolidos.

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