LA POBREZA YA NO ES LO QUE ERA

LA POBREZA YA NO ES LO QUE ERA

En 1961 apareció el libro Los hijos Sánchez, del antropólogo Oscar Lewis. Se inició lo que se llamó antropología de la pobreza. Cuarenta y un años más tarde, se estrenó la película Ciudad de Dios, dirigida por Fernando Meirelles, adaptación de la novela de Pablo Lins. Durante la década de los 60, los directores de documentales llevaron sus cámaras a los extramuros de las grandes ciudades para registrar las condiciones de pobreza que vivían los barrios de invasión de la época, favelas, tugurios, villamiserias. Treinta años más tarde se publicaron No nacimos pa semilla, de Alonso Salazar; La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo, y La hoguera de las ilusiones, de Arturo Alape.

13 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

En 1961 apareció el libro Los hijos Sánchez, del antropólogo Oscar Lewis. Se inició lo que se llamó antropología de la pobreza. Cuarenta y un años más tarde, se estrenó la película Ciudad de Dios, dirigida por Fernando Meirelles, adaptación de la novela de Pablo Lins. Durante la década de los 60, los directores de documentales llevaron sus cámaras a los extramuros de las grandes ciudades para registrar las condiciones de pobreza que vivían los barrios de invasión de la época, favelas, tugurios, villamiserias. Treinta años más tarde se publicaron No nacimos pa semilla, de Alonso Salazar; La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo, y La hoguera de las ilusiones, de Arturo Alape.

Pensaba en la ascendente ruta seguida por la pobreza en tres o cuatro décadas, mientras editorialistas, directores y columnistas de diarios de diversos países asistíamos al Seminario Internacional Periodismo de Opinión, Desigualdad y Liderazgo Mediático en América Latina, organizado en Cartagena por la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano y el Banco Mundial.

No era posible predecir, durante la década de los 60, que en las grandes ciudades colombianas se levantarían inmensas ciudadelas de miserias. La pobreza no sólo existía sino que crecía, pero a nadie se le ocurrió pensar que su ritmo de crecimiento alcanzaría el nivel de una verdadera emergencia humanitaria.

Lo que va de Los hijos de Sánchez a Ciudad de Dios no ha sido revelado en las cifras que nos ofrecen los departamentos nacionales de estadística. El purgatorio de la pobreza es ahora un incontrolable infierno de miserias crecientes. Del rebusque se ha pasado en muchos casos a la delincuencia organizada. El polvorín social está allí. Todo habría empezado hace cuarenta o más años, cuando la marginalidad urbana no se había criminalizado con el narcotráfico y los hijos de Sánchez confesaban sus penurias mientras tejían solidaridades de familia.

Los pobres, que se contaban por decenas de miles, se cuentan ahora por millones. La prudencia del Banco Mundial dice que hubo en los años setenta una tendencia a la reducción de la desigualdad y durante los años ochenta una tendencia más pronunciada hacia el aumento de la desigualdad ...] Sin embargo, en el largo plazo, el hecho más notable es la persistencia del alto nivel de desigualdad a pesar de que hubo diferentes regímenes económicos y políticos .

En Colombia, el conflicto armado y la atrocidad de desplazamientos y masacres ha vuelto visible, espantosamente visible, la pobreza de las periferias urbanas. No existía acaso antes del conflicto? Las cifras son inciertas pero en Cartagena de Indias, por ejemplo, el 75 por ciento de su población vive en la miseria.

La situación no puede ser ya descrita por Los hijos de Sánchez sino por Ciudad de Dios, la favela de Río de Janeiro donde los niños se organizan en bandas criminales inexpugnables. El drama familiar ha pasado a ser tragedia colectiva. Qué va a pasar entonces si los remedios a la pobreza extrema se dan en progresión aritmética mientras crecen en progresión geométrica las causas de la pobreza y la desigualdad?.

Acumular riqueza para crear empleo ha resultado una falacia. Acumular riqueza para profundizar aún más la brecha que separa a ricos de pobres. El Banco Mundial no lo dice en su informe, pero en la raíz de la pobreza y la desigualdad se descubren dos fracasos: el de los modelos económicos y el de la democracia, que interesa poco o nada a los pobres.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.