CHÁVEZ Y LA OPOSICIÓN: SIN SALIDA

CHÁVEZ Y LA OPOSICIÓN: SIN SALIDA

A pesar de las dudas que suscita y de sus rasgos caricaturescos, el episodio de los paramilitares detenidos en Venezuela es muy grave. Sugiere, nada menos, que si se siguen cerrando las salidas políticas para el conflicto entre el Gobierno y la oposición, se podría desatar un enfrentamiento violento.

13 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

A pesar de las dudas que suscita y de sus rasgos caricaturescos, el episodio de los paramilitares detenidos en Venezuela es muy grave. Sugiere, nada menos, que si se siguen cerrando las salidas políticas para el conflicto entre el Gobierno y la oposición, se podría desatar un enfrentamiento violento.

Es lo que han previsto varios analistas y constituye la tesis de un documento que acaba de publicar el International Crisis Group (influyente organización multilateral que busca prevenir conflictos), bajo un elocuente título que se pregunta: Hacia una guerra civil? . En la medida en que el referendo revocatorio ha perdido credibilidad por sus demoras y reparos -muchos estimulados por el Gobierno-, la idea de que no es posible salir de Chávez por medios institucionales tiende a tomar fuerza en la oposición, con todo y su equivocado corolario: todo vale para sacarlo del poder.

El fantasma de la violencia ya se había manifestado: civiles muertos y heridos en momentos dramáticos como el golpe ( vacío de poder , diría la oposición) del 11 de abril del 2002, o en los enfrentamientos causados por protestas contra el Gobierno a comienzos de marzo pasado, en plenas calles de Caracas, cuando se llevaba a cabo la cumbre presidencial del Grupo de los 15. Señales de una polarización que algunos comparan con la de Nicaragua en la guerra civil, o la de Chile en el gobierno de Allende.

La esperanza que suscitó el Acuerdo contra la violencia, por la paz y la democracia a comienzos del año pasado -promovido por la OEA, el Centro Carter y el PNUD- se ha ido diluyendo. El núcleo estaba constituido por el compromiso de respetar las normas constitucionales que permiten hacer un referendo revocatorio del mandato presidencial. Pero el trámite laberíntico, la ausencia de reglas y la evidente manipulación del Gobierno colocaron esta figura al borde del abismo. El último cronograma del Consejo Nacional Electoral establece que a finales de este mes se revisen 1 190.000 firmas que tienen problemas, y si 520.000 de ellas resultan válidas, se realizaría la consulta el 8 de agosto. Basta un empujoncito para llegar al 19, fecha en la cual un resultado adverso a Chávez no implica la convocatoria de elecciones sino la posesión del Vicepresidente.

La gran pregunta es si la historia de los paramilitares colombianos se convertirá en dicho empujoncito. El ambiente está tenso, la perplejidad aumenta, y los allanamientos, detenciones y otras medidas represivas del gobierno Chávez son considerados por la oposición como prueba de que no hay garantías para dar esta nueva batalla electoral. Por su parte Chávez, en discurso pronunciado ayer en compañía de todos los poderes, magnificó los hechos. Los quiere mostrar como la prueba reina de que sus rivales, aliados con Colombia, están por fuera de la legalidad.

Al preocupante debilitamiento de los mecanismos institucionales se agrega una pérdida de capacidad de acción de la comunidad internacional. A pesar de los esfuerzos de la OEA -que sigue siendo una débil tabla de salvación-, no hay muchos países dispuestos a arriesgarse en una crisis tan imprevisible y compleja. En especial, después del 11 de abril del 2002, cuando Estados Unidos, Colombia y otras naciones o entidades se desgastaron por sus manifestaciones de apoyo al gobierno que iba a reemplazar a Chávez, pero que apenas duró 72 horas.

No es fácil mirar el panorama sin un profundo pesimismo. (Y peor si se considera el desafío que todo esto le impone a las relaciones con Colombia). La ciudadanía está dividida y radicalizada, la política se encuentra debilitada y desprestigiada, y la comunidad internacional, desmotivada. Una auténtica sin salida. A menos que se produzca el milagro de que el ajustado cronograma para el referendo se cumpla. Lo cual significa superar, con prontitud, sin excesos ni emotividades, el absurdo episodio de la conspiración de 88 colombianos contra Chávez: paras no, reparos , como decía un titular de Teodoro Petkoff esta semana. Nada fácil. Pero la única opción que va quedando.

rodpar@eltiempo.com.co

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