ESPACIO PÚBLICO, A LA DERIVA

ESPACIO PÚBLICO, A LA DERIVA

El hombre llegó acompañado de una mujer y se instaló en la esquina de la carrera Sexta con calle 12, al lado de la Universidad El Rosario. Apareció una mañana cualquiera, muy temprano, con dos cajas de frutas que colocó sobre el piso. Todos creían que se trataba de algún distribuidor de manzanas y duraznos. Pero no.

14 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

El hombre llegó acompañado de una mujer y se instaló en la esquina de la carrera Sexta con calle 12, al lado de la Universidad El Rosario. Apareció una mañana cualquiera, muy temprano, con dos cajas de frutas que colocó sobre el piso. Todos creían que se trataba de algún distribuidor de manzanas y duraznos. Pero no.

A los pocos días, ya no eran dos sino cuatro cajas a las que ahora se les sumaban mangos y ciruelas. Dos semanas más tarde, en la misma esquina que da acceso al parqueadero de la universidad, hoy está instalado un carrito de ruedas con carpa, vitrina de exhibición, las mismas frutas relucientes, el logo del equipo Santa fe y un arrume de cajas vacías sobre el andén. Al carrito lo rodean seis estudiantes que esperan pacientes el vaso con el mango biche recién cortado.

El hombre, que viste delantal azul, sombrero de palma y una sudadera vinotinto ya no está solo. Ahora dos mujeres lo acompañan y el sonríe al ver la clientela, total, sin mayor esfuerzo acaba de ganarse una esquina privilegiada para el trabajo informal.

Historias como estas se han multiplicado en la ciudad. Arropados por el fallo de la Corte Constitucional, por las promesas del alcalde Garzón o por la indiferencia de las autoridades en general, lo cierto es que Bogotá se está quedando sin espacio público. "Los miles de millones de pesos que se invirtieron en el pasado en rehabilitación de andenes y programas para vendedores ambulantes, se esfumaron", dice un lector a través del correo electrónico. Hoy existe la sensación de que el espacio público está a la deriva y que el Código de Policía es un convidado de piedra.

El Alcalde reconoce que el tema es complejo y que el principal promotor de esta invasión es el desempleo rampante en la ciudad. Por eso le ha dicho al sector privado y a las ONG que ha llegado la hora de asumir el problema para generar fuentes de trabajo y que la gente tenga opciones distintas a la calle.

En los semáforos ocurre algo similar, con el agravante de que los vendedores ambulantes ahora cuentan con uniformes y equipos sofisticados con marcas de importantes empresas de productos alimenticios y otras, que hacen más atractivo el rebusque.

El defensor del Espacio Público, Germán Rodríguez, anunció que se avanza en un estudio para controlar la situación. Habla de kioskos organizados, movibles y que estarían ubicados cada cien metros. Renovación Urbana protesta por lo precipitado del anuncio y porque esa no es la solución.

El Alcalde espera el resultado de un estudio que, a mitad de año, dará luces sobre cómo atacar esta especie de epidemia urbana. Pero mientras tanto, la invasión sigue - lenta y silenciosa-, apoderándose de las calles de Bogotá, ante la impotencia de la gente.

FOTO/Martín García EL TIEMPO.

1-En Kennedy el comercio organizado debe soportar la competencia desigual de la informalidad.

2- Sobre la carrera 13 no se ven vendedores, pero todos parecen haberse trasladado al parque Lourdes, recién recuperado.

3- A pesar de las millonarias inversiones para salvar la Plaza de San Victorino y sus andenes, hoy estos son propiedad privada de las ventas callejeras.

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