AUDICIÓN PARA EL RECUERDO:

AUDICIÓN PARA EL RECUERDO:

13 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

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Un abuelo artista, que además era ebanista y medio loco, le enseñó el arte de la contemplación musical. Y Ana Carolina Avila, aunque solo tenía 3 años, se sentaba a oír sinfonías de tres horas, en silencio, mientras el abuelo Fabio Pérez trabajaba, sin musitar palabra.

Ahí empezó su disciplina. Y luego vino la danza, que por ser una niña solitaria le cayó como del cielo. Cuando llegaba del colegio no hacía tareas, bailabasi no lo hiciera, creo que no tuviera forma de comunicarme con el mundo, tal vez sería autistaafirma la joven.

Pero se comunica y muy bien. Gracias a su dominio del cuerpo, está hoy en Bélgica, en el cuerpo de baile de Jan Fabre, el director y coreógrafo que presentó, en el pasado Festival Iberoamericano de Teatro Cuando el hombre principal es una mujer. Fabre la tiene en el montaje de Tannhausser, de Richard Wagner, que se presenta en la Casa de la Opera de Bruselas.

Durante los días del Festival pasado, Fabre hizo una audición. Avila fue y resultó elegida, con tres colombianos más, dos de ellos para la temporada del año que viene. Y empezaron las carreras. Primero la visa, que tuvo que sacar en tres días cuando originalmente su trámite se demora dos meses.

El embajador de Bélgica en Colombia le dijo, después de leer la carta de la escuela de Fabre, que por un trámite administrativo no podía perder esa oportunidad y se responsabilizó de su visa y de la de su amiga Andrea Rubiano, también elegida.

Su familia, a la que no le sobra la plata, se hizo cargo de todos los gastos: pasaje, estadía y alimentación. Y no por cumplir el sueño de Avila, de 22 años, sino porque saben que como profesional tiene todo para dar, es una apasionada de su oficio (que estudió en la Asab) y podrá aportar mucho a la formación de bailarines en Colombia.

En Bélgica, Ana Carolina estará hasta que termine le temporada, en julio próximo. Aprende de un hombre que considera su maestro y comparte experiencias con bailarines de Francia, Alemania, Australia y España, en una ciudad desconocida y en inglés como idioma oficial del montaje.

Un teatro de 300 años de antiguedad la recibe todas las noches, bailando. Ana Carolina, que casi nunca sonríe, entiende el mundo desde lo sensorial de la danza, y cuando baila es, sin duda, su mejor momento.

Foto.

EN BELGICA, Ana Carolina Avila comparte su experiencia con bailarines de varias nacionalidades.

CLAUDIA RUBIO / EL TIEMPO

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