DOLOR: LA EPIDEMIA INVISIBLE

DOLOR: LA EPIDEMIA INVISIBLE

Es posible que, en este instante, a usted también algo le esté doliendo. La cabeza, la espalda, la nuca... Cualquier parte de su cuerpo.

12 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Es posible que, en este instante, a usted también algo le esté doliendo. La cabeza, la espalda, la nuca... Cualquier parte de su cuerpo.

Y es posible porque el dolor es cotidiano. Y tan generalizado que se calcula que uno de cada dos colombianos lo sufre, como usted, en este instante. También el dolor es una epidemia, no solo en el país sino en el mundo. Una epidemia invisible, como la denominan los especialistas.

Pero Qué es dolor? Cómo sabe usted que ese dolor que siente es igual al que podría estar sintiendo su vecino o su compañera? Cómo puede cuantificarse y calificarse?.

Es difícil dar una respuesta porque, como lo dice el doctor Carlos Francisco Fernández, vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Asociaciones para el Estudio del Dolor (Fedelat), el dolor no se ve, no se cualifica, no tiene color ni olor. Pero es real. Tan real que altera y llega a destruir vidas. Es una sensación que se vive en la soledad. Y que, cuando se instala, se hace tan importante que se convierte en referencia de vida: aquello ocurrió antes de que me empezara a doler la cabeza... O esto pasó después de...

Una referencia vital y muy aburrida. En la que muchos no creen hasta que no les llega a ellos. Y, lo que es más grave, a la que tantos médicos no prestan atención y, en consecuencia, tampoco atienden.

Una falla. Porque, como lo aseguran los médicos especializados en el manejo del dolor, es posible hoy tratar y controlar en un 95 por ciento los dolores, y el 5 por ciento restante puede ser atenuado. Pero, a la base, debe existir un punto fundamental: saber, con convencimiento, que el dolor es real. Y no una idea fantasiosa que se cura con una palmadita en la espalda...

Es tan real y tan frecuente esta epidemia invisible que enfrentarlo en la vida cotidiana significa un peso también real en la canasta familiar: cerca del 13 por ciento de los gastos de la canasta familiar colombiana se gasta en analgésicos. Y la mitad de los hogares colombianos incluyen la compra de los medicamentos en parte esencial de sus mercados.

Y aquí se incluye otro dato significativo que arroja la II Encuesta Nacional de Dolor 2004, adelantada por la Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor ACED: el 30 por ciento de los recursos sanitarios del país se invierten en el manejo del dolor.

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Derecho al dolor.

Si, efectivamente, en este instante usted siente un dolor, vale la pena preguntarle si ha consultado con un médico acerca del mismo o ha hecho, como casi el 50 por ciento de los colombianos lo hace a diario, ha improvisado su tratamiento.

Automedicarse en este campo es tan frecuente que nadie lo cuestiona. De hecho, la inmensa mayoría de analgésicos son de venta libre y se encuentran disponibles hasta en las tiendas más pequeñas de cualquier rincón. A este respecto, los médicos del dolor advierten que ningún analgésico es totalmente inocuo y que la gama de reacciones adversas o negativas es muy amplia: va desde el hecho simple de que el medicamento no actúa y la persona perdió su dinero, hasta la ocurrencia de muertes por reacciones alérgicas.

Pero hay otro detalle bien interesante: los médicos han dejado de considerar el dolor simplemente como un síntoma y hoy lo ven como una enfermedad. Como tal, consideran que toda persona que sufre de dolor tiene derecho a ser tratada. Tema que, por iniciativa de los mismos especialistas, será propuesto en la próxima asamblea de las Naciones Unidas.

Entre tanto, como lo dice el doctor Fernández, se plantea la exigencia de que las personas aprendan más acerca del dolor. Finalmente, es un asunto de todos: de médicos y pacientes, del Estado y de los gobernantes. "Es necesario desmedicalizar el dolor". Tratar la epidemia es importante porque se habla de la calidad de vida de los ciudadanos.

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Todos contra uno.

Pero escuchemos los planteamientos del especialista en torno al dolor.

En primer lugar, se habla de sus causas. Son múltiples -casi infinitas- y son tan individuales que hacen parte del patrimonio personal de cada ser. En la aparición del dolor se mezclan diversos factores: desde los trastornos orgánicos hasta razones emocionales, afectivas, económicas, laborales. A esta escueta lista, cada cual le puede agregar varias fuentes más de dolor.

En segundo lugar, en el dolor interfieren conceptos culturales. El mundo occidental le "prohíbe" al hombre llorar y quejarse. Pero resulta que un 15 por ciento de los hombres comparten con sus compañeras los dolores abdominales -y a veces las náuseas- que ellas sufren durante la gestación y el alumbramiento... Indígenas australianos y los mismos guajiros (para no ir tan lejos) se acuestan y gimen y sufren dolores durante la gestación de sus futuros hijos. Y mientras sus esposas regresan al campo, ellos son los que observan la dieta del puerperio. La intensidad de su sufrimiento es equivalente a su misma paternidad.

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Son reales estos sufrimientos? O son imaginaciones?.

Son absolutamente reales, dice el médico Fernández. Tan reales como el dolor del miembro fantasma. Lo que puede variar es la intensidad, lo que puede diferir de una persona a otra es el umbral -o, para decirlo en forma poco convencional, su capacidad de aguante-. De allí que los médicos deban atender a quien les dice que sufre de dolor. Investigar las causas y aportar soluciones. Para recordar: todo hombre tiene derecho a que le alivien su dolor.

Pero también es conveniente recordar que el dolor es variable. No solo de una persona a otra sino en la misma persona. El dolor que usted siente hoy, cuando tiene trabajo y armonía familiar es muy distinto al que podría sentir si estuviera desempleado, o acabara de separarse de su cónyuge, o su hijo hubiera perdido el año escolar. El dolor en las mañanas no es igual al de las noches. Tampoco es igual el que se presenta cuando usted está acosado por el estrés que cuando está pasando un rato placentero...

Hoy, gracias al avance de la ciencia, y a las investigaciones hechas en el mundo, el dolor ha dejado de ser un ente misterioso, símbolo de castigo o de sino que se debe soportar. Nadie debería vivir con un dolor crónico. Quizá para muchos el dolor purifica. Pero para tantos otros, el dolor altera su viuda, deja incapacidad y amargura, destruye hogares y frustra iniciativas.

Entonces, si a usted en este momento le duele la cabeza, la espalda, el estómago, una muela o un dedo, que ese dolor es recurrente, evite tomarse un analgésico. En Colombia funcionan actualmente 57 clínicas del Dolor. En cualquiera de ellas encontrará un médico que le ayude. Inténtelo, vale la pena.

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