LA MUERTE DE INRAVISIÓN

LA MUERTE DE INRAVISIÓN

No resulta sorprendente la decisión del Gobierno Nacional de liquidar a Inravisión y Audiovisuales, las dos entidades estatales encargadas de la programación, producción y operación de los canales públicos de televisión. Desde la creación de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) en 1995 y la aparición de los canales privados tres años después, el panorama de la televisión en el país cambió de tal manera que aquellas entidades, y en particular Inravisión, se convirtieron en una carga cada día mayor para las finanzas del Estado.

29 de octubre 2004 , 12:00 a.m.

No se necesitaba el minucioso estudio de la multinacional Arthur D. Little, presentado hace dos meses al Gobierno, para saber que la televisión pública sufría una grave crisis. Las deficiencias en la operación y mantenimiento de los equipos, la imposibilidad de adaptarse a los rápidos cambios de los últimos años en el sector y la incapacidad de generar recursos propios habían hecho inviables a las dos empresas estatales. Se habían quedado atrás en un medio cada día más competitivo, que hoy conforman 3 canales privados (dos nacionales y uno local de Bogotá), 3 públicos, 6 por suscripción, 8 regionales, 25 locales sin ánimo de lucro y 45 de televisión comunitaria.

Las dificultades de Inravisión se agudizaron a partir de 1998 con el retiro gradual de las programadoras del Canal A y la mayoría de las del Canal Uno, víctimas de la competencia aplastante de los dos grandes canales privados nacionales. Sin los ingresos que generaban aquellas programadoras, el Instituto pasó a depender de las transferencias de la CNTV, que hoy alcanzan a 48.000 millones de pesos anuales y apenas son suficientes para pagar su carga pensional (el 72 por ciento de esa suma) y sus 350 empleados. El pasivo pensional llega a la cifra descomunal de 600.000 millones de pesos.

La responsabilidad por ese pasivo es uno de los puntos que aún quedan por resolver. El Gobierno considera que aquel debe ser asumido por la CNTV, pero en el seno de la Comisión hay oposición a esa fórmula. El comisionado Jaime Niño, quien votó en contra de la proposición aprobada por la corporación para apoyar la liquidación de Inravisión y Audiovisuales, sostiene que si aquel pasivo es transferido a la CNTV, esta quedará sin recursos para cumplir sus funciones y, en consecuencia, se dejaría en el desamparo a la televisión pública.

Otro punto neurálgico es el de cómo llenar el vacío que dejarán Inravisión y Audiovisuales. El documento del Conpes que acogió las conclusiones del estudio de Arthur D. Little sugiere que se cree para este fin una entidad como Colombia Telecomunicaciones, la empresa que remplazó a Telecom. Para el comisionado Niño, esta decisión no podría ser tomada por el Gobierno sin usurpar funciones que corresponden al Congreso y a la CNTV, pues la Constitución asigna al Poder Legislativo la prerrogativa de determinar la política nacional en materia de televisión, y a la Comisión, la facultad de ejecutarla de manera autónoma. Por este motivo, el funcionario ha dicho que se propone demandar los decretos respectivos cuando sean expedidos.

Sobra decir que el Gobierno deberá tomar todas las precauciones necesarias, no solo para que este importante paso se dé en forma transparente y ajustada a la Constitución, sino para que, al darlo, se garantice la continuidad de la televisión pública, que ya tiene una larga historia en el país.

Fundada en 1954 como dependencia de la Radiodifusora Nacional y puesta desde 1963 en manos de Inravisión, en su medio siglo de existencia la televisión pública colombiana ha marcado muchos hitos, que ya son historia. La liquidación de Inravisión y Audiovisuales no tiene por qué significar que desaparezca y así lo dejó claro la ministra de Comunicaciones, Martha Pinto de De Hart, en su intervención ante el Congreso Nacional de Publicidad reunido recientemente en Cartagena. Allí anunció que el Gobierno está diseñando un plan para garantizar la continuidad de los canales públicos en óptimas condiciones técnicas, asegurar su adecuada financiación y ofrecer una programación de calidad, que compita con los contenidos de los privados. Ojalá que así sea.

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