AVIONADAS

AVIONADAS

Yo no sé si es que todavía sigo siendo muy montañero o qué, pero aún me asombro cada vez que voy en un avión y siento cómo despega el aparato, lleno de gente, maletas y carga.

12 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Yo no sé si es que todavía sigo siendo muy montañero o qué, pero aún me asombro cada vez que voy en un avión y siento cómo despega el aparato, lleno de gente, maletas y carga.

Todavía me maravillo cuando los motores empiezan a rugir, mientras los pilotos aceleran al máximo en un aparente intento de borrar la pista con las llantas, antes de escalar las nubes, donde todo es tranquilidad.

Claro que llegar al estado de calma absoluta de un vuelo no es tarea fácil. De hecho el acto de desplomarse en la silla del avión y abrocharse el cinturón se convierte en un momento sublime, gracias a todo el ajetreo previo al despegue. No sólo por los preparativos de cada viaje, sino por el trajín al que lo someten a uno las autoridades de los aeropuertos y, sobre todo, las aerolíneas.

Hoy por hoy, frente a las empresas aéreas el pasajero siempre lleva las de perder. No en vano me decía la semana pasada un piloto internacional, con cerca de treinta años de experiencia, que la letra menuda de los tiquetes aéreos es una invitación a no viajar. Y después de leerlo entendí por qué lo decía.

Por ejemplo, si uno tuvo con qué sufragar los no propiamente módicos costos del pasaje, pero necesita hacer un cambio o pierde el vuelo, lo multan o le anulan el tiquete. Pero cuando es la aerolínea la que hace los cambios, creen resolverlo todo con un simplepena con usted.

El proceso de check-in es absurdo; es incomprensible por qué se demoran tanto para expedir un pasabordo. Sin importar si el vuelo es nacional o internacional, ni el tamaño de la aerolínea, la señorita del counter oprime teclas eternamente, antes de entregarle a uno el dichoso papelito con los números de vuelo, silla y sala. Ahí el tiempo parece detenido, pues el proceso dura lo mismo que hace veinte años.

Luego viene el tema de los equipajes. Las aerolíneas deberían hacerles un descuento, o abonarles millas, a los pasajeros que no aforan maletas. Esto no sería únicamente una forma de estimular a la gente para que viaje más ligera, sino que podría ser también una elemental compensación, ya que a los viajeros no les perdonan que vayan con exceso de equipaje, pese a que cada vez restringen más el peso que se puede llevar.

Y qué decir de la frescura con la que lo dejan a uno sin maletas por uno o más días, sin importales nada y sin dar mayores explicaciones? Y luego, cuando éstas aparecen si es que no se pierden , tiene uno que regresar por ellas al aeropuerto, en lugar de que la aerolínea tenga la cortesía de llevárselas a uno a su domicilio. Otra vez, la ley del embudo.

Qué bueno sería que en estas épocas de ventas y reestructuraciones, las aerolíneas aprovecharan para equilibar las cargas y brindarles a los pasajeros la oportunidad de disfrutar de la experiencia de volar aún antes del despegue.

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