LA PUERTA TURCA AL ORIENTE

LA PUERTA TURCA AL ORIENTE

Es Kurdistán, es Turquía, es un lugar donde la naturaleza transporta al viajero a un mundo de fantasías y de aventuras.

13 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Es Kurdistán, es Turquía, es un lugar donde la naturaleza transporta al viajero a un mundo de fantasías y de aventuras.

A 37 kilómetros de la frontera con Irán y bajo la imponente custodia de los montes Ararat (Agri Dagi) el grande, con 5.137 metros, y el pequeño, con 3.890 metros sobre el nivel del mar se encuentra Gogubayazit.

Allí hasta donde los ojos alcanzan a mirar se puede ver como el cielo azul y limpio se une con la tierra teñida de muchos tonos. Es un paisaje seco, la vegetación es escasa pero se notan las laboriosas manos de hombres, mujeres y niños que hacen la tierra productiva, progresiva e interesante.

Los conflictos, las invasiones y las guerras que a lo largo de la historia se han vivido en esta región ubicada al oriente de Turquía, no han tocado el alma de esta región.

La mezcla de colores en el paisaje es impresionante: el verde del pasto que crece cerca de los pequeños arroyos, el amarillo del trigo maduro, el ocre de la tierra labrada y preparada para cultivar, el del pasto seco con el que se alimentan los animales en invierno, el de la tierra una vez se ha cortado el trigo, y el marrón oscuro casi negro de la boñiga que se utiliza para calentar las casas en invierno.

Todos son una evidencia de la presencia del hombre, de su esfuerzo por sobrevivir con las actividades agrícola y pecuaria conservando la tradición de sus antepasados.

Y allá, arriba, con una de las mejores panorámicas, cinco kilómetros afuera de Dogubayazit, está Ishak Pasa Sarayi, que es al mismo tiempo un fuerte, un palacio y una mezquita. Este complejo arquitectónico sobre una pequeña colina, custodia la panorámica y el acontecer del valle.

Lo comenzó a construir Colak Abdi Pasa en 1685 y su hijo lo terminó en 1784. Una vez adentro, solo cierro los ojos para escuchar y sentir el sonido del tiempo a través de la piedra tallada con maestría y cuidado. Dejo volar mi imaginación para que en cada pasillo, en cada sótano, en cada aposento, busque historias... historias de amor, de saqueos, de trabajos, de pasiones; pero todo es solo un gran secreto. Ahora solo reina la grandeza, el silencio, el arte y la nostalgia.

Caminar por las colinas cercanas al Ishak Pasa Sarayi es un espectáculo que impresiona la vista, alegra el alma y pone a prueba la condición física. Allí se puede observar la forma sencilla de vida de los pobladores: las mujeres cerca de un arroyo lavando ropa y lana de oveja sobre una tabla de madera; los hombres y los muchachos grandes pastoreando sus animales; el perro corriendo detrás de las ovejas; el burro negándose a caminar; los niños, con sus ropas roídas por el uso, los cabellos desorganizados y las caritas sucias, corriendo al encuentro de los caminantes.

Dogubayazit está habitado por gente amable, comunicativa, trabajadora, hospitalaria y emprendedora. Es la puerta por donde los aventureros pasan al Oriente a conocer nuevas costumbres y nuevas culturas. Es el lugar al que el viajero busca un día volver para disfrutar de la armonía del paisaje y la compañía de la gente que allí vive.

Si quiere participar en Viajeros, envíenos una crónica corta, acompañada de una foto del destino (en la que aparezca usted), y sus datos personales como ocupación, teléfono, dirección y correo electrónico (si lo tiene) a la Avenida Eldorado No. 59-70, sección Viajar, o a viajar@eltiempo.com.co.

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