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LA REVUELTA DE LOS CONTRIBUYENTES

LA REVUELTA DE LOS CONTRIBUYENTES

Los liberales que ya comienzan a sentirse cómodos de nuevo en Washington deben cuidarse. Una nueva revuelta de los padres está cocinándose en el país en contra de la élite cultural y el estado liberal burocrático una revuelta que promete sacudir los salones del poder con tanta fuerza como la revuelta fiscal que comenzó a principios de los 70. Las elecciones de 1974 parecieron ser un desastre para los conservadores. A la postre del Watergate, la clase novicia más liberal que haya habitado las salas del Capitolio descendió sobre Washington. Una ola de legislación progresiva pronto siguió. Los expertos observaron al mundo político de Norteamérica a mediados de los 70 y predijeron que el liberalismo resurgente dominaría el panorama durante los años por venir.

Pero la historia de la última mitad de los 70 no fue de liberalismo triunfante. La verdadera historia resultó ser la revuelta de los contribuyentes en contra del gobierno liberal, una rebelión que incluyó iniciativas antiimpuestos en varios estados y alimentó la elección de Ronald Reagan en 1980.

En retrospectiva, uno puede encontrar señales de esta naciente revuelta fiscal en las elecciones de 1974. Los normalmente gastadores neoyorquinos derrotaron una multimillonaria emisión de bonos de transporte por un margen de 3 a 2; y los votantes en el estado de Washington repelieron un aumento de salario para sus legisladores.

Estos votos fueron producto de la frustración del norteamericano de clase media en contra de la siempre creciente carga fiscal, combinada con la creencia de que los servicios del gobierno eran siempre más ineficientes y que las políticas del gobierno resultaban más cuestionables. Más adelante, en los 70, esta furia fue canalizada en un movimiento político.

El movimiento tuvo una doctrina economía del lado de la oferta que proyectó la razón de las disminuciones impositivas. Y el movimiento tuvo un líder, Ronald Reagan, quien estuvo dispuesto a identificar su futuro con esta causa. La doctrina y el líder convirtieron una revuelta populista en una revolución política, la Revolución Reagan de los 80.

En donde estuvo la revuelta del contribuyente en 1974 está la revuelta de los padres en la actualidad. En la superficie, un Presidente y un Congreso liberales dominan la escena, envanecidos con grandes visiones de una nueva era de gobierno activista. Y las doctrinas del liberalismo parecen políticamente más correctas que antes.

La familia en el centro Pero si miramos con mayor profundidad, vemos un panorama distinto. En toda la nación, padres de todas las razas y clases se están rebelando en nombre de sus hijos en contra de las burocracias de la educación y los servicios sociales que, creen ellos, despilfarran los dineros y se burlan de sus valores. Esta revuelta de los padres hasta ahora se ha mantenido bajo la superficie. Pero ha habido erupciones ocasionales.

En Queens, Nueva York, los padres se rebelaron contra un intento por imponer a sus hijos del primer grado un currículum con derechos para los homosexuales , y tuvieron éxito en destituir al director de la escuela.

En Milwaukee, Wis., los ciudadanos derrotaron avasalladoramente un referéndum apoyado por el liderazgo de la ciudad para construir más escuelas públicas, y un abogado de los derechos de los padres estuvo cerca de ganar la victoria en las elecciones de superintendente escolar.

En Chicago, Ill., padres del centro de la ciudad presionaron a la legislatura del Estado y demandaron ante la Corte su derecho a escoger una educación decente para sus hijos.

De la élite cultural ahora escuchamos incluso cierto reconocimiento de la importancia central de la familia. Y de los creyentes en el gran gobierno, ahora escuchamos el reconocimiento de que los gobiernos no educan a los hijos; los padres, sí.

Esto, también, es reminiscente de los 70, cuando los principales expertos en política pública se hicieron más críticos de las políticas impositivas y de gastos del Gobierno, legitimizando la revuelta de los contribuyentes. Actualmente no es difícil encontrar a sofisticados liberales escandalizados, por ejemplo, ante la decisión de un juez de Shreveport, La., que dijo que enseñar abstinencia sexual en las preparatorias públicas viola la separación constitucional en Estados Unidos entre la Iglesia y el Estado.

Las señales de la revuelta de los padre son claras. Otro importante desarrollo es que los padres están comenzando a pensar en sí mismos como padres, y a organizarse así.

Golpe al Poder Antes de mediados de los 70, los ciudadanos se organizaban como grupos distintos de constituyentes. Fue un gran avance para la revuelta impositiva cuando los ciudadanos comenzaron a pensar en sí mismos como contribuyentes. La brecha en la votación de las elecciones de 1992 entre padres con hijos y otros votantes sugiere que los padres podrían comenzar a verse como una clara y distinta fuerza política.

A irá la revuelta de los padres? Necesitará pasar de la furia y el escándalo hacia una agenda coherente. Entre varios potenciales elementos de una agenda paterna , uno probablemente emergerá como central: la opción y el control paterno sobre la educación de sus hijos.

La legislación sobre una forma más de opción escolar es un golpe al corazón del poder y a las presunciones del establecimiento de escuelas públicas. Y es el establecimiento de las escuelas públicas lo que sostiene al edificio de los proveedores de servicios sociales, quienes parecen estar usurpando el papel propio de los padres.

Lo mismo que las limitantes impositivas y las reducciones fiscales buscaban restaurar la autonomía financiera de los ciudadanos, la opción escolar busca restaurar el control moral y social para los padres. Y al igual que las reducciones fiscales limitaron los recursos disponibles para los políticos, la opción paterna limitaría la autoridad y la discreción disponible a los burócratas.

De esta manera, la revuelta de los padres en los 90 no es simplemente análoga a la revuelta de los contribuyentes en los 70; se levanta y profundiza una revuelta populista en contra del estado liberal burocrático.

Habrá iniciativas de opción paterna en las papeletas de votación de los estados en los próximos años. Habrá iniciativas en las legislaciones de todos los niveles y los candidatos crecientemente abrazarán los intereses de los padres. Ultimamente, sin embargo, los movimientos políticos necesitan un líder. A principios de los 70, Ronald Reagan se identificó con la incipiente revuelta del contribuyente. En los 80, fue electo presidente y vocero, y levantó una coalición que controlaría a la Casa Blanca por 12 años hasta que su sucesor renegó de su promesa de no elevar los impuestos.

La revolución de los padres está comenzando. Pronto saldrá a la luz política del día. La cuestión que sigue en pie es: Quién hablará en nombre de los padres de familia? (*) William Kristol fue jefe de personal del vicepresidente Dan Quayle. En tal capacidad, fue crítico persistente de la élite cultural latinoamericana, un término también invocado a menudo por Quayle. Kristol es director ahora del Proyecto Bradley de los 90 . (c) 1993, New Perspectives Quarterly. Distribución: Los Angeles Times Syndicate.

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