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LA CARRERA 38: UNA VÍA PARA TOCAR MADERA

LA CARRERA 38: UNA VÍA PARA TOCAR MADERA

Todo comenzó con un pequeño almacén que apenas sí se notaba entre las casas del lugar. Era para los habitantes del barrio algo así como una miscelánea o un negocio improvisado. Lo que nunca nadie imaginó es que ese modesto almacén formaría parte importante en la historia del barrio Gaitán.

Su primera ubicación estuvo en la calle 71A con carrera 38, en donde se apilaban toda clase de artesanías y muebles que su dueño había traído de diferentes lugares del país. La clientela fue creciendo y hubo la necesidad de que su dueño, Alvaro Pardo, trasteara sus artículos a un sitio más grande.

El nuevo local que empezó a ser rápidamente reconocido surgió en un gran almacén esquinero de la carrera 38 con calle 80, en donde se encuentra actualmente. Así, Yocima se convirtió en el primer negocio de la carrera 38.

Los artesanos y fabricantes de muebles no tardaron en enterarse y decidieron llegar uno a uno a poblar la calle. Cada cual empezó a forjar su propio negocio. Ahora, después de 27 años, el barrio Gaitán cuenta con más de 80 establecimientos de este tipo.

Yocima es único en su género. Ofrece al público muebles artesanales y las artesanías más representativas de toda Colombia: mecedoras de Mompós, máscaras indígenas de Pasto, canastos en calceta de plátano, cerámicas de Ráquira, tapetes en fique, hamacas de la Guajira y chivas de Pitalito.

Los demás almacenes venden un solo estilo de muebles y los vendedores y fabricantes insisten en que cada uno de ellos está diseñado para un tipo especial de personas. Simpre se debe tener en cuenta, al comprarlos, las necesidades, el estilo y la personalidad del comprador.

Así, en la carrera 38 entre calles 70 y 80 se ofrecen muebles rústicos, artesanales, clásicos, modernos y prácticos.

Pero, sin lugar a dudas, existen muebles en donde los creativos, diseñadores y ebanistas, dejaron desbordar su imaginación. Son muebles que por su figura no concuerdan con los estilos clásicos establecidos.

Es el caso del mueble al estilo vienés, en el cual la madera es sometida a un proceso especial para doblarla. Por esto, los muebles son totalmente redondos y tapizados con telas multicolores.

Además, los comerciantes lo denominan el mueble engañoso porque desde lejos da la apariencia de ser en plástico, pasta o metal, pero nunca en madera.

Pero en el sector de la 38 no todo es color de rosa. Infortunadamente existe el problema de la competencia desleal. Muchos comerciantes del sector regalan sus muebles para no perder la venta del día y esta situación ocasiona graves inconvenientes: están dejando de ganar lo que debe ser y perjudican la imagen del sector. Muchos compradores piensan que por el hecho de que se compren tan baratos es porque son de mala calidad.

Por esa competencia desleal los precios varían de un almacén a otro. Los compradores recorren todo el sector negociando el producto hasta encontrar la rebaja perfecta.

El año pasado, los comerciantes se organizaron para determinar precios en común, pero, como siempre, no faltó el que por debajo de cuerda quiso aprovechar la situación y así mejorar las ventas de su almacén ofreciendo los productos más baratos de lo establecido. La unión fracasó.

Los precios de los muebles varían según su material. Las salas- comedores en bambú y mimbre están por los 200.000 pesos; las más elaboradas en maderas como cedro superan el medio millón de pesos al igual que los bares, las bibliotecas y los juegos de alcoba.

Definitivamente, en la variedad está el placer. En la 38 se combinan formas, colores, materiales, diseños y creatividad, para ofrecer al cliente el artículo que mejor se amolde a sus necesidades de decoración.

Polvo y aserrín Muchas personas no alcanzan a imaginar todo el proceso que requiere un pedazo de madera para convertirla en un mueble. En este proceso se fusiona mano de obra y maquinaria. Los muebles que adornan las casas han tenido que pasar por muchas manos capacitadas para darles forma.

En el sector de la 38 existen varias fábricas de muebles. En una de ellas trabaja Henry Talero Agudelo, ebanista de 28 años. La gran bodega en donde labora está adornada por biruta y aserrín. El polvo que suelta la madera al cortarla y pulirla ensombrece el ambiente y las máquinas producen un ruido ensordecedor. Con él trabajan 15 personas que cumplen, cada quien, una labor específica.

Todos los lugares siempre están poblados de muebles. Donde se duerme, se come, se ve televisión, se reciben las visitas, se trabaja... Todas estas comodidades las ofrecen los llamados carpinteros quienes aprendieron el oficio de sus antepasados y que ahora con sus manos brindan comodidad y descanso.

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