EL BALANCE DEL PODER

EL BALANCE DEL PODER

Saddam, desde luego, tiene toda la razón: el Emirato de Kuwait hace parte, histórica y estratégica, de Iraq. Y su existenxia es producto, como tantas fronteras artificiales, del capricho de algún general inglés, de esos que, sentados bajo una carpa, en el desierto de 1919, resolvieron que tenían la potestad de trazar con un lápiz rojo las fronteras del Nuevo Mundo, que surgía de la post-guerra. Ese mismo error lo cometieron los aliados de 1815, irresponsables cartógrafos que cercenaron a Francia, haciendo inevitable el advenimiento de otra guerra. Y los que en el Congreso de Berlín, en 1878, cercernaron a Rusia para sostener con muletas al Imperio Otomano el hombre enfermo de Europa con el objeto de taponar la expansión de Rusia hacia los mares calientes... Y los mismos, en fin, que también en Versalles, en 1919, cercenaron a Alemania para provocar, apenas 20 años después, la Segunda Guerra Mundial. Cada guerra es hija de la anterior... La Mesopotamia, cargada de historia desde la

26 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Por ello en Iraq, hace 30 años, hasta los magistrados judiciales eran ingleses, y la corona británica instaló allí la débil monarquía Hashemita, que había sido expulsada de Siria por inepta por los franceses, para que hiciera de mayordomo del Imperio, cuidando no los intereses universales, sino los de Inglaterra.

Kuwait es el resultado de la apertura del Canal del Suez. Existiendo ya una vía marítima corta hacia la India, Inglaterra cambia su política de dominación por una de amistades locales. El Golfo Pérsico se llena de países artificiales, como los llamó Hussein, aprovechando la estructura monárquica de las tribus del desierto, y la abundancia de petróleo. Cuando en 1961 Kuwait se independiza de Inglaterra, las tropas de Iraq se movilizan hacia el sur. Edward Heath, joven ministro, garantiza militarmente la independencia del Emirato, e Irak echa para atrás.

Pero es evidente que Kuwait es territorio estratégico de Iraq, porque tapona su salida al mar y controla la navegación del Shatt-el-arab. Y lo que ahora no se logre, porque la fuerza militar de Occidente es demoledora, se logrará después, dentro de medio siglo... La historia enseña que los generales que trazan fronteras bajo las carpas de campaña, el día de la victoria, lo único que logran es posponer la guerra... que siempre es más destructiva a medida que pasa el tiempo.

El único argumento válido para la guerra actual, que la alianza occidental no ha sabido esgrimir, es el del balance del poder. Esta doctrina, impulsada por Canning y por Metternich a principios del siglo XIX, es responsable de los mayores períodos de paz de la historia moderna. El poder de las naciones debe estar fragmentado en porciones relativamente equivalentes, para que ninguna alianza, o poder singular, pueda aniquilar a los restantes.

Cuando Bonaparte invadió a España, Inglaterra se fue a la guerra porque había surgido un poder capaz de superar cualquier alianza restante. El Imperio de los Habsburgos contuvo la expansión del poder alemán, hasta cuando hizo colapso, al mismo tiempo con el Imperio Otomano, que servía de tapón a Rusia... Nuevamente Alemania y Japón rompieron el balance del poder en Europa y en Oriente, al invadir a Polonia y Francia, la primera, y a China, la segunda...

Si bien Hussein tiene la razón académica, Occidente no podía permitir el surgimiento de un poder superior a la suma de los restantes, orientado por la misma religión monoteísta, la única en expansión, que desde hace dos mil años amenaza la existencia de la Civilización Cristiana Occidental.

No tenía razón Fukuyama al anunciar el Fin de la Historia por el solo hecho de quebrantarse el comunismo: La fuerza de Occidente se deriva de esa vieja rivalidad irreconciliable entre el Islam y el Cristianismo, entre Este y Oeste, en la que hemos ganado, en el transcurso de los tiempos, tres batallas esplendorosas: la de Actium, la de Lepanto y la de Navarino, todas peleadas en el Mediterráneo Oriental para ratificar la voluntad de Occidente de detener al Islam en las costas del Asia.

Allí será, también, la cuarta batalla decisiva, que ya ha comenzado.

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