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LEVI, UN ALCALDE QUE ABRE PUERTAS

LEVI, UN ALCALDE QUE ABRE PUERTAS

A las diez de la mañana de un lunes cualquiera de abril un hombre moreno, de unos 47 años que ya dejan ver su huella plateada en el cabello y la barba, entra al Ministerio de Hacienda. Al levantar la mirada, la secretaria del ministro Rudolf Hommes se encuentra con la mano extendida de este hombre que viste camisa y pantalón y la saluda con amabilidad: Buenos días, yo soy Levi Aníbal Moreno Cuesta, alcalde de Bagadó, municipio chocoano del alto Atrato, desde donde vengo a hablar con urgencia con el señor Ministro .

Que lo espere cinco minutos, porque está en una reunión , le responde la secretaria tras hablar con el Ministro por el teléfono interno. Poco después, el Alcalde estaba frente a Hommes.

Era la tercera vez que Moreno Cuesta era atendido por el ministro Hommes sin cita previa. Desde mucho antes de su posesión, hace un año, el burgomaestre sabía que no podría ejercer su cargo sentado en su oficina, en el segundo piso de una vieja casona construida a orillas del río Andágueda, sin teléfono en medio de la selva chocoana.

También lo han recibido los ministros de Obras Públicas, Jorge Bendeck --luego de una cita por teléfono--, y el de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, mediante recomendación de un político. No obstante, conseguir una cita con el gobernador Antonio Maya y con los gerentes de los institutos ha sido imposible. Allí, descartan todos los proyectos sin dar ninguna explicación .

Está convencido de que la descentralización y la autonomía municipal no funcionan si un alcalde no se sabe mover en los círculos de influencias de Bogotá. Nunca se ha limitado a tramitar sus asuntos mediante oficio, pues una carta se demora un mes en llegar a Bogotá. A donde sea viaja a conseguir recursos.

En medio de las críticas de muchos bagadoseños, que consideran innecesario el gasto de viáticos, cada una o dos semanas Levi se embarca en la panga río abajo, rumbo a Bogotá.

Cada viaje le cuesta alrededor de 600 mil pesos, los que a veces tiene que conseguir prestados entre comerciantes de Quibdó, por los que paga un interés del 2 por ciento mensual. Estos viáticos, considera Moreno, son la mejor inversión que pueden hacer esta población de 15.000 habitantes.

Cómo no recurrir a la ayuda de entidades nacionales si el presupuesto es irrisorio , dice el Alcalde. De los casi 300 millones de pesos para este año, solo 134 millones son para inversión.

Y si hay que invitar a almorzar a algún funcionario, Moreno no tiene problema. Tampoco tiene reparos para pedir una respuesta rápida: Yo voy a estar aquí sólo hasta mañana y me gustaría llevarme una respuesta de lo que va a pasar con este asunto , les dice.

La parte dura de ser alcalde no son los trámites, afirma Moreno, sino lograr que se giren los dineros: los 23 millones bimensuales del Impuesto de Valor Agregado (IVA) llegan con dos meses de atraso; los 54 millones anuales de regalías por oro y platino, que deben llegar cada mes, no han llegado este año, y tampoco los recursos del Plan Nacional de Rehabilitación (PNR) de 1992.

A la mayoría de los alcaldes no los eligen por sus capacidades. De ahí que ellos se quedan quietos en sus oficinas sometidos al más completo abandono. Uno tiene que buscar asesoría , afirma este bagadoseño liberal, sicopedagogo y administrador educativo, cuya estadía de 12 años en Bogotá es su principal aliada para conseguir ayuda.

Así, el plan de la carretera Bagadó-Cértegui ya está inscrito en el banco de proyectos de inversión nacional; a mediados de este año se iniciará la construcción del acueducto y el alcantarillado para la mitad del pueblo. Esta obra costará 410 millones de pesos: el municipio aportará 43 millones y el Ministerio de Salud el resto.

Además, el Instituto Colombiano de Energía Eléctrica (Icel) pagó los 120 millones de pesos de los estudios para una microcentral, que podría ser financiada por una firma europea. También consiguió los recursos para reconstruir las 78 casas destruidas el pasado 30 de marzo por un incendio.

Descentralización, cuándo? La piscina con olas de Arauca, de donde se perdió hasta el motor para generar el oleaje, es el ejemplo más repetido para señalar la ineficiencia administrativa de los departamentos y municipios.

Pero a decir del ex constituyente Gustavo Zafra, se ha convertido en una manera de justificar una posición centralista, aunque Planeación Nacional es más consciente ahora sobre el respaldo a los entes locales.

Todavía dijo Zafra el Ministerio de Hacienda mantiene sus trucos para no girar las transferencias como lo establece la nueva Constitución. Es un esquema viejo que consiste en descontar del presupuesto las rentas de destinación específica a salud, vivienda y otras. De ese modo se recortarán unos 400 mil millones de pesos hasta el año 2.002. .

Mientras tanto, la política macroeconómica del Banco de la República no tiene los recursos de municipios y departamentos como una variable con peso específico. Ello es contrario a los modelos regionales de países de la Comunidad Económica Europea.

Las primeras normas para reducir el centralismo fueron dictadas en 1978. Hoy hacen trámite por lo menos quince proyectos en el Congreso de la República.

En la práctica, los mayores avances se registran en salud y educación. La nueva Constitución se encamina a que la descentralización esté ligada a una política social con recursos a la mano. Por ahora, al proceso aunque irreversible, le falta mucho trecho.

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