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TURBAY Y LOS LIBERALES

TURBAY Y LOS LIBERALES

Discurso pronunciado por el Director Nacional del Partido Liberal, ex presidente Julio César Turbay Ayala, en el banquete ofrecido por la Asociación Democrática Colombiana, en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, el 23 de junio de 1993. Señores ex presidentes de la república, doctores Carlos Lleras Restrepo, Alfonso López Michelsen y Víctor Mosquera Chaux y señora Cecilia Paz de Mosquera; señor Designado y precandidato liberal a la Presidencia de la República, doctor Humberto de La Calle y señora; doctor David Turbay, precandidato liberal a la Presidencia y señora; señor presidente del Senado y director adjunto del Partido, doctor Tito Rueda Guarín; honorable representante y directora adjunta del Partido, doctora Piedad Córdoba; doctor Fernando Gaviria, presidente de la Asociación Democrática y señora; doctor Diego Uribe Vargas, presidente honorario de la Asociación Democrática y señora; señores directivos y miembros de la asociación, señores ex ministros de Estado, señores parlament

Con generosidad que supera todo cálculo han querido saludar ustedes nuestro retorno a Colombia y a la Dirección del Partido Liberal. No nos extraña su benevolencia, pues estamos ya acostumbrados a recibir sus amables demostraciones de amistad y de solidaridad.

Obviamente este homenaje se hace más grato a nuestros afectos por la calidad de los oferentes y del orador escogido para ofrecérnoslo. Se reúnen en el doctor Diego Uribe Vargas los más altos atributos intelectuales. El es un verdadero humanista, consagrado a cultivar las más exigentes disciplinas del espíritu. Su don de gentes y su ingenio lo hacen un apropiado vocero de la selecta audiencia que esta noche nos honra con su fraternal presencia. Sus elocuentes palabras nos conmueven y nos hacen sentir el honor y la responsabilidad que llevamos sobre nuestra cabeza. Nos sentimos comprometidos a cumplir nuestro encargo con eficiencia y sencillez. La situación colombiana Nos preocupa Colombia y por dicha razón no vacilamos en dejar la cómoda vida diplomática para venir a confundirnos con nuestra gente, en cuya bondad encontramos la mejor retribución a nuestra voluntad de servicio. Vivir sus alegrías y experimentar sus sufrimientos nos resulta deber ineludible.

No diría que la situación colombiana sea ni la mejor ni la peor dentro del concierto de las naciones latinoamericanas. Desde luego, es susceptible de mejorar en áreas vitales, como la de la moral, que es la base de todo país que no quisiera verse envuelto en el turbión de la corrupción; la seguridad, la salud, la educación, el bienestar social, la distribución del ingreso, la agricultura, la pequeña industria, la defensa del medio ambiente, la ciencia y la técnica, la eficiencia administrativa y la lucha contra el narcotráfico y sus perversas secuelas.

Los partidos políticos Los partidos políticos, peligrosamente han perdido credibilidad en el mundo y Colombia no es propiamente una excepción. Tal circunstancia es preocupante porque desde los albores de la república, con sus vicios y sus virtudes, han sido los artífices de la nacionalidad y los agentes promotores de la civilización y del progreso. Este no es un país acostumbrado a las presiones de la montonera sino a las ideas, programas y doctrinas de las colectividades políticas. Por esta razón la crisis de los partidos repercute sobre todos los factores del desarrollo, sobre el buen gobierno, sobre la paz en su doble proyección política y social. La democracia no puede funcionar sin el concurso de los partidos, que son los canales naturales de expresión de la opinión ciudadana. El desarrollo, las instituciones republicanas, los avances administrativos, la instrucción, la política social son el fruto de la acción de los partidos que alternativamente han ejercido la conducción del Estado. Yo, como colombiano, les tengo gratitud a las colectividades políticas que se han consagrado a enaltecer la patria y le profeso afecto especial al Partido Liberal, que es al que le debo honores, exaltaciones y oportunidades de servicio.

Lo anterior no significa que desconozca las graves faltas individuales que miembros de los partidos cometen y que justifican la indignación y el reproche generales. Pero para no equivocarnos debemos distinguir entre los partidos globalmente considerados y sus afiliados aisladamente actuando.

Naturalmente, se requieren directivas políticas fuertes, erguidas y decorosas, capaces de señalar a quienes las degradan y generan el rechazo colérico de la opinión, que sería más eficaz si recayera sobre las responsables en particular y no sobre los partidos en general.

Las dignidades que en limpio juego democrático he conquistado, son el fruto de mi identificación con el interés nacional, que no tiene más límites que los que mi propia vida me establezca.

Democracia y partidos Una democracia sin partidos, sin instituciones representativas, sería como un banco sin fondos o como un hospital sin médicos. Necesitamos sentir el honor de nuestro patrimonio histórico político incomparable en su decoro a la pequeñez de quienes han querido enlodar con sus pecados a las colectividades que los repudian. Como demócrata no me incomodan los partidos, sino los delincuentes que medran a su sombra, pero admiro a los combatientes que inclusive ofrendan la vida por servir a la patria.

Es una de mis metas políticas darle a la organización liberal los perfiles de un partido moderno en su estructura, actual en sus propósitos e intachable en su comportamiento moral. Qué bueno que todos tengamos motivos para poder votar tranquilos por el candidato liberal a la Presidencia de la República y por quienes el pueblo elija para integrar las corporaciones y todas las posiciones oficiales de origen electivo.

No todo está perdido Una de nuestras grandes batallas es por la pulcritud de todos los sectores nacionales, pues dentro del sistema de vasos comunicantes el virus de la corrupción puede contaminar gran parte del cuerpo social y debilitar las reservas morales del país, que todavía son abundantes. Yo creo en la posibilidad de devolverle a Colombia, mediante un propósito nacional, su calificativo de potencia moral, tal como se le identificaba en la comunidad internacional.

No pertenezco a la escuela de quienes piensan que todo está perdido, sino que creo con objetividad que somos los artífices de nuestro propio destino y si todos abandonamos el pesimismo y nos incorporamos a la gran batalla por el rescate del país, podremos colocar a Colombia a la cabeza de las naciones de América.

Tenemos que sentir el orgullo de nuestro pueblo, que en su gran mayoría es sano; naturalmente está circundado por problemas difíciles pero no insuperables. La batalla contra las diversas formas de violencia es dura y para resolverla se necesitan sacrificios, acerada voluntad, capacidad persuasiva, gran comprensión y decisión de afrontar la situación tal como las circunstancias lo indiquen.

La violencia Obviamente, de las modalidades de violencia la peor es la que se origina en el narcotráfico, que utiliza no solo el terrorismo armado, sino el moral y el de la perversión de no pocos jóvenes que se degradan ya sea como drogadictos o como distribuidores de sustancias psicotrópicas. Por donde se tome este flagelo muestra su repugnante y peligroso aspecto y sugiere la conveniencia de que la lucha contra esta lacra tenga no solo carácter nacional sino que se extienda al campo internacional, pues sus perniciosos efectos cubren todos los rincones del planeta.

Esa lucha nos ha costado muchas vidas, como para que pueda abandonarla el Partido Liberal. El cual, además de ser el partido del pueblo, tiene que ser también el de la pureza. Escrito en nuestras banderas de combate tiene que estar el lema de la lucha franca y valerosa contra el narcotráfico y sus derivados.

Colombia se creceen la adversidad Soy un optimista sobre el porvenir económico del país y sobre las posibilidades de mejorar la calidad de vida del pueblo colombiano. Poseemos la mejor clase humana, probada en muchos campos y en todo ha resultado vencedora. Es admirable un pueblo que conviviendo con la violencia es capaz de aumentar el ingreso y colocar a Colombia entre las primeras naciones del hemisferio. Me pregunto: cuán grande sería nuestro bienestar económico si disfrutáramos del don de la paz? Un país que supera el infortunio y se agiganta es un país que necesariamente está llamado a triunfar. Colombia se crece en la adversidad y sorprende en medio de muchas equivocaciones con grandes aciertos.

No es un afán burocrático el que anima al Partido Liberal cuando emprende la batalla para mantenerse en el comando de los destinos nacionales. Los partidos que se limitan a experimentar la simple satisfacción sensual de controlar el aparato del Estado, no merecen el consciente respaldo de la opinión nacional.

El poder para nosotros no es un fin, sino el medio para cumplir el programa liberal que corresponde a la concepción del estado social de derecho.

El pacto social La Constituyente de 1991 expidió un estatuto que ordena la modernización del Estado, comenzando por insertar a la sociedad civil fuerzas que estaban marginadas y poniéndole un especial acento al pacto social que ha de afianzar la gran reconciliación nacional. Esta política no la podemos dejar trunca sino que se impone la necesidad de que el liberalismo la incorpore a su plataforma legislativa y el gobierno la ponga en marcha.

Son muchos los artículos constitucionales que están por reglamentarse y abundantes las posibilidades que se le abren al Congreso Nacional para comprometerse en una política llamada a dignificar al pueblo colombiano, elevándole su calidad de vida y realizando el ideal de la justicia social. Dicha política hunde sus raíces en los comienzos de la República, cuando los libertadores, no siempre bien comprendidos, buscaban no simplemente un cambio de amo, sino de condiciones de vida. Es mucho lo que se ha alcanzado avanzar hacia el bienestar en el transcurso de la República, pero es más lo que nos falta por hacer para que Colombia agregue a su tradición jurídica el implantamiento de una política de auténtica justicia social, donde los grandes contrastes le den paso a una sociedad igualitaria, más humana.

El advenimiento al próximo milenio nos impone la obligación de estar debidamente preparados para afrontar los retos de un mundo en el que la ciencia y la tecnología habrán alcanzado sus más altos niveles. Los años que faltan para concluir la presente centuria son años de resuelto esfuerzo para la superación de nuestros problemas y para la conquista de la paz.

La unión liberal Sin pretender abusar de su paciencia deseo referirme al tema de la unión liberal, pues de ella depende en mucho el futuro de la República. Nuestro partido, deplorablemente, no tiene buena memoria y no recuerda que cada vez que se ha dividido inequívocamente ha perdido el derecho a gobernar al país. Así ha ocurrido en varias ocasiones, como también le ha acontecido al Partido Conservador; tenemos, pues, que la división no es un fenómeno venial sino un factor de mortales consecuencias.

Con este convencimiento he estado observando el panorama liberal para establecer si realmente existen causas para la división y encuentro que no se puede afirmar que existan en el campo doctrinario, en el ideológico o en el programático. Todos los matices liberales se pueden congregar para la redacción de un programa de avanzada que corresponda a las nuevas circunstancias mundiales y a las exigencias de la política colombiana. Todos los liberales estamos de acuerdo en enarbolar las banderas morales, en modernizar el Estado, en reconquistar la paz, en impulsar el pacto social, en ampliar las posibilidades de la participación democrática, en luchar contra la pobreza absoluta y contra todas las formas de injusticia social.

Compromiso programático Me he reunido separadamente con los precandidatos y conjuntamente con todos, con la sola excepción del doctor Carlos Lemos Simmonds, y hemos avanzado en el estudio de los requisitos de la consulta popular que se utilizará, por mandato de los estatutos del Partido, como medio para el escogimiento del candidato único del Partido Liberal a la Presidencia de la República.

Se ha convenido redactar un programa que luego debe ser estudiado y aprobado por el Congreso Ideológico, para que existan compromisos programáticos que obliguen al Presidente y desde luego al Congreso. El Partido no quedará atrapado por la mecánica política . También nos libraremos del burocratismo y le pondremos un sólido piso ideológico a la unión liberal.

La neutralidad En mis conversaciones con el señor Presidente de la República le he oído claras, precisas y terminantes declaraciones sobre la decisión del Gobierno de proceder con absoluta imparcialidad, rodeando de garantías el proceso electoral, tal como lo establece la Constitución Nacional. Yo creo en la palabra del primer mandatario y no creo que podamos dudar del castigo que les impondrá a los infractores de la neutralidad. Podemos estar seguros de que el próximo Presidente será elegido en unas elecciones transparentes que asegurarán la legitimidad de su gobierno.

La Dirección del Partido respeta el derecho de los precandidatos de establecer por consenso las fórmulas que aseguren la elección del candidato liberal a la Presidencia de la República y les dará el aval oficial para que estatutariamente las pongan en marcha.

No existiendo dentro de la consulta popular sino dos fechas para señalar, la Dirección Liberal estará de acuerdo con la que unánimemente acojan los precandidatos, mi intención es la de no intervenir más allá de lo que las circunstancias exijan. Ojalá pueda, como lo deseo y como lo anhela el pueblo liberal, que los precandidatos del Partido ganen, por su desinterés y patriotismo, abundantes títulos a la gratitud de la colectividad.

Hasta ahora existen buenas razones para pensar que estamos transitando el camino de la unión liberal. Dios quiera que las condiciones no se alteren, sino que prosigan sin frustraciones su ruta hacia la victoria final.

Mi obligación es la de mantener informada a la opinión y así lo haré con frecuencia y objetividad.

Dentro del propósito de contribuir en el campo ideológico y doctrinario a la actualización del Partido Liberal, desde 1972 fundamos varios de los aquí presentes la Asociación Democrática Colombiana, la cual ha cumplido, como lo dijo Fernando Gaviria, con consagración y esmero su compromiso ideológico. Ahora, fortalecido con profesionales especializados, le daremos renovado impulso al estudio de las soluciones a los grandes problemas que afectan al país. Esperamos, con las asociaciones similares, prestarle decisivo concurso al Partido Liberal en sus empeños programáticos. Estos centros de estudio ofrecen oportunidades a los ideólogos, y a quienes tienen tesis sobre el país, de expresarlas en foros idóneos y adecuados.

Señoras y señores liberales: Me siento muy honrado y satisfecho de haber tenido tan selecto auditorio, para informarlo de la situación política y para reclamarle su respaldo. Les he dicho mi verdad y les he expuesto mi criterio sobre la conducta por seguir. Sin el concurso de la opinión liberal no se puede avanzar hacia el objetivo superior de esta batalla. En ustedes y en todos los copartidarios confío para lograr actuar como liberales al servicio de Colombia.

Les renuevo nuestra gratitud por su presencia y les reitero nuestros reconocimientos por esta diáfana demostración de amistad.

Gracias, muchas gracias.

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