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LA PIRÁMIDE EMBRUJA A MEDIO MUNDO EN BOGOTÁ

LA PIRÁMIDE EMBRUJA A MEDIO MUNDO EN BOGOTÁ

Aquí están mis cien mil pesos dice un hombre de unos 40 años que junto con otro grupo nutrido de gente se había citado esa noche, en una taberna de barrio Galán a jugar a la pirámide . De repente, del fondo del lugar, una voz comenzó a llamar a ocho personas que deben pasar al frente del alegre grupo. El objetivo es entregarle a cada uno 800 mil pesos. Esas mismas personas hacía cuatro días que habían aportado 100 mil pesos cada una.

En medio de la rechifla general y de los aplausos de algunos emocionados, los ganadores, con aureola propia, comienzan a recibir ofertas para que participen en una u otra pirámide.

Mientras tanto, sobre las paredes se extienden carteleras en donde aparecen claramente reseñados los nombres de las personas que participan en cada pirámide y en el centro de la pared una que da las explicaciones para los novatos: Condiciones: 100 mil pesos, dos socios y en cuatro días tendrá 800 mil pesos .

Pero hay una que no aparece allí reseñada: el secreto del juego es que quien se involucre cumpla; si no se cae la piramide y todos pierden su dinero.

Una hora después, el alegregrupo se desintegra. Dentro del bolsillo llevan la dirección de otro lugar de la ciudad en donde se reunirán al día siguiente para seguir jugando.

Durante esos 60 minutos se entregaron 6 millones 400 mil pesos y dentro de los bolsillos de algunos parroquianos quedaron los cien mil pesos listos para comenzar el juego.

Esa escena, que parece que se hubiera vivido sólo en un rincón apartado de toda la ciudad, se repite casi que con pasmosa igualdad en todos los sitios de Bogotá, especialmente en los barrios.

El juego no requiere asesor de imagen porque tiene su propio gancho: el rumor. Se dice que se juega en el Galán, Santa Isabel, Fontibón, Unicentro, los Sanandresitos, en el centro y en las plazas de mercados.

Hace pocas semanas apareció en las calles. Al autor nadie lo conoce pero el método se regó como pólvora y desde las amas de casa, los oficinistas hasta los estudiantes conocen al dedillo cómo funciona.

El juego comenzó a tener más credibilidad cuando aparecieron los primeros ganadores y la forma astuta como lo lograron. Un oficinista, por ejemplo, no tenía los 100 mil pesos; entonces, un amigo se los prestó con la condición que si ganaba le devolviera 200 mil pesos. Ganó sin apostar un peso y le pagó a su amigo, y claro, volvió a jugar.

En Kennedy, una joven peluquera reunió sus ahorros de toda la vida y le apostó a dos piramides. Su ilusión es que con el millón 600 mil pesos que se gane se pueda independizar y montar su propio salón de belleza.

Argumentos Y a esos casos se suman los argumentos que dan los jugadores: Mire, si usted va a pedir prestado 800 mil pesos en una Corporación, cuántos requisitos le exigen y fuera de eso le toca pagar intereses. Aquí usted coge su plata tranquilo y se va .

O el de una señora que explica como una tahúr profesional: Es que no hay pierde. Se levanta usted dos personas firmes, que no se echen para atrás y en cuatro días tiene su plata. Pero eso sí, que sea gente que responda .

Cuando les dicen que el juego es clandestino y que los van a meter a la cárcel, cada uno tiene su propia versión.

Lo que pasa es que como ésto no tiene impuestos, entonces el Gobierno se pone bravo. Pero cuándo se acuerdan de nosotros .

Si el problema es por el juego dice un hombre de unos 52 años lo que debe hacer el Gobierno es decir que cada vez que haya un ganador, éste deba donar 100 mil pesos para tapar los huecos de Bogotá y yo sí estoy dispuesto a darlos con tal de que en cuatro días me gane 800 mil pesos .

Tahúres El juego está cogiendo tanta fuerza que ya se está subiendo el monto de las apuestas. En Corabastos cada jugador pone 3 millones de pesos (el ganador obtiene 24 millones); en Unicentro, es de un millón de pesos (8 millones de pesos para el victorioso); en los Sanandresitos el juego es a 500 mil pesos (4 millones al ganador).

E incluso tienen su propio sistema: En Galerías, por ejemplo, se dio cupo a 56 socios y no se entregan 800 mil sino 600 mil pesos. Los que sobran van a un fondo para pagarles a los de la base que no lograron tener socios para cuando termine el juego.

Pero ya hay quebrados. Hace poco una señora dio un millón cien mil pesos para arrancar la pirámide; se consiguieron nuevos socios, entre ellos uno que aportó cinco socios, pero de esos, cuatro no aportaron la plata. Así que la pirámide se cayó.

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