REALIDAD DE UN SUEÑO

REALIDAD DE UN SUEÑO

De la manera más amable, Hernando Santos, con quien muchas veces he tenido discrepancias serias de opinión, me ha abierto las páginas de EL TIEMPO para que desde ellas manifieste con toda libertad mi pensamiento sobre diversos temas. Mil gracias a Hernando por su confianza. Y me inicio en el oficio refiriéndome a las conversaciones que están por reanudarse en Caracas con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Al fin y al cabo, reconózcase o no, me correspondió inventarlas.

29 de agosto 1991 , 12:00 a.m.

Precisamente, buscando material para la columna desarchivé el comunicado que di a conocer a los medios en la mañana del día 30 de abril del presente año. (Hace apenas cuatro meses). Me permito informar a la opinión pública decía que a estas horas se encuentra en la sede de la embajada de la República de Venezuela, la Comisión Oficial de Diálogo Directo con el Gobierno Nacional y la Coordinadora Guerrillera...

La Comisión la componen tres personas vinculadas de tiempo atrás y de manera activa a los grupos alzado en armas... Ellas se encuentran desarmadas. Nadie corre ningún peligro... Esto lo he hecho convencido de que no hay tiempo para explorar camino diferente al que hoy se traza... Por la boca de algunos, mi querida madre volvió a ser recordada. Y se dijeron las consabidas barbaridades que ya no mueven la aguja medidora de mis enojos: Comunista , estafeta de la guerrilla , idiota útil ; hasta se llegó a afirmar que lo que había tenido lugar había sido una toma de la embajada .

Algún día comentaremos con mayores detalles lo de la famosa toma . Lo que quiero subrayar aquí es que de ese episodio surgieron Cravo Norte y Caracas; y que vamos para la tercera ronda de conversaciones con la Coordinadora. Conversaciones que a no dudarlo culminarán exitosamente a mediano plazo.

La misma lluvia ácida que recayó sobre la humanidad de este servidor con ocasión del asunto de la embajada la había experimentado hace apenas dos años cuando con Navarro Wolff y en compañía de Juan Gabriel Uribe Vegalara acordé las en otra hora famosas reuniones de Panamá y Usaquén, que permitieron la liberación del entonces secuestrado doctor Alvaro Gómez Hurtado. Hoy nadie puede negar que la paz con el M-19 (a la sazón una de las alternativas democráticas) tiene su origen en esas patentes de invención. De igual manera, contra viento y marea se experimentaron trochas de entendimiento con el EPL, el PRT y el Quintín Lame.

Pero nada habría sido posible si dos personajes de talla XL no hubieran aparecido en los recientes capítulos de la historia patria: Betancur y Gaviria. El primero le enseñó a este país a dialogar civilizadamente y a la gente como yo a ser especialmente aguantadora; el segundo, además de tener iniciativas de trascendencia de su propio cuño y qué iniciativas, como los gladiadores de lucha olímpica, utiliza con agilidad y total acierto la fuerza del otro: la fuerza ajena.

Y está bien que así sea, porque de lo que se trata es de buscarle salidas a Colombia sin importar de dónde o a buena cuenta de quién aparecen las fórmulas que recogidas oportuna e inteligentemente sirven para resolver los problemas nacionales.

Es por esto por lo que la realización de la Constituyente y la paz siempre serán obras del presidente Gaviria así su iniciación se encuentre en cabeza de otros; lo mismo que la eventual revisión de la política de seguridad interna del Estado, no importa si ella surge en parte de las negociaciones con la guerrilla. Como sin duda es obra suya la revisión del artículo 121 de la antigua Carta así no haya participado el gobierno en la redacción de los nuevos textos; igual que le pertenece plenamente el desmonte del parágrafo del ordinal 1 del artículo 120, la reforma de la rama jurisdiccional y del Congreso y hasta el éxito de la mal llamada revocatoria del mandato de los congresistas, sin que se olvide mencionar el de la consecuente convocatoria de las próximas elecciones extraordinarias. En fin, todas las innovaciones institucionales son y serán creación del actual jefe del Estado.

Lo mismo acontece con la apertura económica originada en la anterior administración pero revisada y acelerada hasta donde ha sido posible por el actual mandatario. O si se quiere, con la lucha contra el narcotráfico y el enriquecimiento ilícito.

También podrá meter el presidente Gaviria en la mochila de sus éxitos el desarrollo legal de la Constitución del 91, y con todo derecho. Como solo a su propio pulso se debe el retorno de un civil al Ministerio de Defensa.

Pero es que ahí está el arte de gobernar: conjugar sin egoísmo las propias fórmulas con las ajenas si en ellas hay bondad y si con su aplicación se piensa exclusivamente en la satisfacción que produce atinar y el deber cumplido.

De mi parte, informo que continuaré en la tarea (a mi manera) llueva, truene o relampaguee de impulsar forzar si es que corresponde hacerlo estimular y vigilar el desarrollo del diálogo y el posible acuerdo con la Coordinadora Guerrillera. Me entusiasma que el gobierno haya recogido como propias iniciativas tales como las del diálogo en el exterior, la veeduría internacional, la comisión asesora, y los kibutz , mejor llamados zonas o territorios de paz.

Falta sin embargo la vinculación de la empresa privada al proceso, lo mismo que la de otras personalidades extranjeras con peso específico y entidad moral; que prontamente se aboque el tema social y que se piense enventualmente en otros patios externos que permitan recrear el ambiente y exponer al mundo la intención real de las partes.

Pero el presidente Gaviria no necesita consejos; presiento que quiere convertirse en el César de la paz. Implica ello que el acuerdo podría encontrarse a la vuelta de la esquina: la paz de todos y para todos los colombianos. Ni más ni menos que mi sueño convertido en realidad.

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