LA GUERRA NEGRA

24 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Así como hay una guerra sucia, la guerra que podría llamarse negra aparece con los primeros cadáveres de un conflicto. Ya entre los combatientes del Golfo Pérsico se han presentado las primeras bajas. De parte y parte. Son aquellos que no volverán a sus hogares con el relato espeluznante de lo que fueron testigos y actores en el frente. Ya también se conocen sus nombres. Hay llanto de viudas, de huérfanos, de padres adoloridos. Y el lacónico y frío texto de una comunicación oficial en la que se informa que murieron mientras cumplían con su deber.

La guerra negra es la que durará siempre en el corazón y en el recuerdo de los que perdieron en ella a un hermano, un esposo, un hijo, un prometido. Esa es la más larga de todas porque de ella se conservará el recuerdo en las generaciones que vendrán después de las que fueron sus protagonistas o la sufrieron sin ir al frente. Tal vez alguna medalla para que con ella jueguen los nietos. Y dos fechas que encierran entre sus números el lapso de una vida que no pasó de la juventud.

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