CUATRO MESES SIN FRANCISCO

CUATRO MESES SIN FRANCISCO

Vinieron y pasaron la Navidad y el Año Nuevo; se produjo la toma de Casa Verde y se celebraron elecciones para Constituyente; se venció el ultimátum de la ONU a Hussein y estalló la guerra en el Golfo Pérsico. Todo esto ha sucedido, y Francisco Santos sigue secuestrado. El sábado se cumplieron cuatro meses del cautiverio de Pacho; 120 largos días de ausencia desde ese 19 de septiembre cuando fue arrancado fría y brutalmente de su entorno afectivo y familiar; separado con premeditación y violencia de su trabajo y de todo lo que le es caro en la vida.

24 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Y sin embargo, la vida sigue. Las rutinas continúan. La mujer y los hijos de la víctima, su familia más cercana, los amigos íntimos, deben adaptarse al trauma emocional y reanudar sus existencias cotidianas. No olvidar ni un instante al ausente y no obstante subsistir y proseguir. El terrible desgaste de todo orden que produce en los seres queridos; la tortura emotiva y psicológica que acompaña cada día de ausencia para no hablar de la que sufre el cautivo, todo esto convierte al secuestro en el más cruel y despiadado de los delitos. Chantaje abominable que también degrada, humana y moralmente, a quienes lo cometen. Durante este período he pensado mucho en lo que estará pensando Pacho. Una persona tan acelerada y nerviosa, cómo habrá manejado el encierro? Un periodista integral, que vibra físicamente con las noticias, cómo habrá asimilado la desesperación de estarse perdiendo históricos acontecimientos nacionales e internacionales? Preguntas que se remiten al temple mental y fortaleza interna de la persona. Y, obviamente, a las condiciones del cautiverio. En su mensaje de hace dos meses el único que se ha recibido de Francisco, dice que lo tienen en buenas condiciones. Si es que esto es posible estando secuestrado. Quiero pensar que sea en algún paraje rural, donde pueda ver la luz del día y tenga acceso a información sobre el mundo exterior, que para Pacho es como el pan de cada día. No imagino peor martirio que estar totalmente incomunicado en un sótano oscuro. Son reflexiones que, con las diferencias de cada caso, deben hacerse todas las miles de familias que en Colombia sufren o han sufrido el secuestro de un ser querido. Angustias cada vez más compartidas en un país donde este delito hace años se volvió rampante. Cada día se encuentra uno a alguien que vive este drama desgarrador y que casi siempre sufre en silencio la extorsión económica y el chantaje moral o político que lo acompañan. En el caso de Francisco Santos y demás periodistas secuestrados, de nada han servido los plebiscitos y plegarias de todo orden pidiendo su liberación. Ni siquiera las del Papa. Y hasta cierto punto resulta un contrasentido acudir a la sensibilidad y humanitarismo de quienes practican con pasmosa frecuencia, facilidad y sangre fría el más inhumano de los crímenes. Llevamos, pues, cuatro meses sin Francisco. Ausencia que nos golpea todos los días. No solo en el ámbito familiar, sino en el de la redacción de EL TIEMPO, donde ha dejado un vacío difícil de llenar. Una redacción que está siendo remodelada de arriba abajo y que no va a reconocer cuando regrese. No hay cómo describir la falta que hacen su energía nerviosa y su acelere periodístico. Y en estos momentos de tanta noticia de gran calibre, cuando la guerra del Golfo, o la que padecemos internamente, tienden a relegar todo lo demás a un segundo plano, pienso más que nunca en Pacho. En el entusiasmo frenético que estaría desplegando por todo el periódico. En los gritos que pegaría con cada misil que cae sobre Tel Aviv. Habrá que seguir haciendo de tripas corazón. Confiando en que Francisco y sus colegas de cautiverio tengan la fuerza y entereza para sobrellevar la situación indignante e infernal en que los han colocado. Esperando que factores externos la entrega de extraditables, la instalación de la Asamblea Constituyente contribuyan a su liberación. Conservando, en fin, lo que nunca debe perderse: la esperanza. Mientras tanto, solo cabe decir: ánimo, Pachito. Fe y dignidad.

Despierta con las noticias más importantes.Inscríbete a nuestro Boletín del día.

INSCRIBIRSE

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.