EL BOLÍVAR-CÓNDOR VUELA

EL BOLÍVAR-CÓNDOR VUELA

El Cóndor-Bolívar, una soberbia escultura en bronce, mitad hombre mitad pájaro, del maestro Rodrigo Arenas Betancur, es el nuevo huésped de la plaza principal de Manizales. La idea de darle a la capital otro Bolívar nació hace siete años, durante la administración municipal del ingeniero Hernando Arango Monedero, cuando se construyó una nueva plaza de corte europeo, con escalinatas, parecida a una media torta. La vieja, clásica y centenaria escultura de Tenerani, sobre un pedestal altísimo, quedaba perdida y desentonaba con el entorno. Surgió, entonces, la idea de un monumento que armonizara con el aspecto urbanístico de la plaza, la catedral y la Gobernación.

26 de agosto 1991 , 12:00 a.m.

Objetivo en el que se comprometieron, a fondo, la Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales, el Ministerio de Obras Públicas, la Gobernación de Caldas y el municipio. Así, con 73 millones de pesos contrataron al maestro Arenas, para esculpir el nuevo regalo para la ciudad.

El Bolívar-Cóndor, a su vez, parte la vida artística del escultor en dos: antes y después del secuestro. Cuando cayó en manos de los delincuentes tenía en su taller de Caldas (Antioquia) todo el proyecto en yeso. La obra era impecable y bella, dice María Elena Quintero, su esposa. Pero durante su cautiverio el yeso se deterioró tanto, bajo el sol y el agua, que hacía difícil su restauración.

Al recobrar su libertad no sólo mandó al carajo lo que había hecho, sino que replanteó todo el proyecto para ajustarlo a la situación de crisis y violencia que padecía el país, y a su circunstancia personal. En principio el rostro de Bolívar tenía una dimensión de casi tres metros. Luego, el maestro decidió crear el rostro violentado de un Bolívar ciego.

En esta nueva fase construyó un Bolívar dentro de la misma línea del monumento al Pantano de Vargas, es decir incorporado a un contexto cósmico, según el maestro Arenas. Una relación del hombre con el ámbito americano. Salvaje y bárbaro. Continuando el derrotero del Bolívar Desnudo de Pereira, está dentro de un contexto chamánico, es decir del hombre y su imágen cósmica.

Por lo mismo podríamos decir expresa el maestro Arenas que es un Bolívar dentro del contexto del mito. No está por consiguiente dentro de los linderos de la razón. Diríamos que está dentro de la desmesura, algo así como la barbarie. No es hermoso o armónico. Es brutal. Está dentro de la desmesura de Bolívar. Dentro del concepto del cosmos .

La escultura, de 13.5 metros, está ubicada en el costado suroccidental de la plaza de Bolívar, sobre un pedestal de 12.54 metros. Sus 25 toneladas descansan sobre el pie izquierdo, articulado a una base metálica.

En vez de ojos el cóndor tiene agjeros, que significan la ceguedad de la vida y de la existencia. Tiene dos máscaras de Bolívar en negativo que están empotradas en el pedestal, que representan al Bolívar de la penumbra. Estarán iluminadas de día y de noche con el fin de que contrasten con los volumenes que se lanzan al espacio.

Colgando del pedestal, cerca a la base, aparece la máscara de Bolívar en bronce, sin un ojo y con el otro defectuoso. El lo agredió señala su esposa María Elena dándole unos machetazos, luego del secuestro. Traducen una paz y una libertad en suspenso. Ese ángulo de la cara es para mi lo más importante porque conjuga la parte heroica de la obra con lo que es Manizales, que es básicamente teatro .

El hombre-cóndor tiene rotos en el pecho y las alas, como expresiones de violencia. Es difícil determinar la actitud del hombre-cóndor sobre el pedestal, en el sentido de si acaba de posarse sobre la montaña o se apresta a levantar el vuelo. Es una asociación de los Andes con la imágen de un Bolívar sumergido. Controversia del Bolívar-Cóndor El nuevo huésped manizaleño, el Bolívar-Cóndor, se ha convertido en el centro de una aguda controversia.

Para muchas personas como el arzobispo de Manizales, Monseñor José de Jesús Pimiento, es feo .

Sin embargo, al director de teatro español Salvador Távora le parece impresionante por lo imaginativa, con esa mirada a las alturas y al futuro, queriendo volar como vuela Latinoamérica .

El escritor Rodrigo Ramírez Cardona lo confunde con un fucú para asustar a los infantes.

Alberto Londoño Alvarez, crítico de arte, lo considera un orgullo para la escultura, para la concepción histórica, para la poesía lírica y épica, para la gloria del símbolo .

El escultor Fernando Alvarado, por su parte, dice que la obra está concebida con el sentido en relación al aspecto urbanístico de la plaza de Bolívar.

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