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LOS JAPONESES SE VOLVIERON PAISAS

LOS JAPONESES SE VOLVIERON PAISAS

Acuciados por la recesión económica, los japoneses, que hace menos de un año gastaban a manos llenas, descubren que la frugalidad aporta consuelo espiritual y que las gangas de las tiendas de descuentos reconfortan a los mermados bolsillos de los consumidores. Finalmente, los japoneses nos damos cuenta de que la verdadera riqueza, es decir, la satisfacción del espíritu, pasa por una revisión del modo de vivir: descubrir la libertad de no tener y la limitación del deseo de poseer , son palabras de Koji Nakano, el autor de El espíritu de la honorable pobreza, el libro que se conoce como el más vendido de la recesión económica.

Con cerca de 700.000 ejemplares vendidos en seis meses, el libro de Nakano se ha convertido en oráculo filosófico y símbolo de los tiempos de duda y crisis moral en los que la situación económica ha sumido al consumidor japonés medio.

El espíritu de la honorable pobreza, que reseña la historia de famosos poetas, escritores y artistas japoneses que durante las tres últimas centurias, según el autor, vivieron en pobreza pero encontraron la riqueza en su vida interior, ofrece al ávido lector nipón la respuesta sobre cómo ser feliz sin necesidad de recurrir al ciclo de compra, posesión, consumo, dispendio .

Numerosos nipones han descubierto, acaso sin tanta filosofía pero con gran sentido práctico, que en época de recesión se puede seguir consumiendo, por ejemplo, cognac francés de calidad por 4.000 yenes (37 dólares) en lugar de los 12.000 yenes (110 dólares) que costaba la misma botella hace un año.

Rebaja y regateo De repente las tiendas de descuentos se han multiplicado como hongos y ofrecen desde pañuelitos de papel (antes 10 dólares cinco cajitas y ahora 3 dólares) hasta chaquetas del diseñador italiano Gian Franco Ferré (antes 1.030 dólares y ahora 500 dólares).

Para muchos japoneses que tenían como lema comprar los productos más caros en la vitrina porque el precio era garantía de calidad, el examen concienzudo de múltiples ofertas, incluso el regateo algo impensable hace varios meses, se ha convertido en una hábil estrategia de compra.

Las firmas que antes de la recesión mostraban su generosidad con los empleados mediante abultados gastos de representación y, de paso, desgravaban ante el fisco, también han descubierto el sentido de la frugalidad y el valor del dinero.

Antes de la primavera de 1992, las empresas desembolsaban sin rechistar 100.000 yenes (950 dólares) por cabeza para una cena en compañía de una geisha; ahora prefieren invitar a sus empleados a restaurantes menos elitistas donde por 10.000 yenes (90 dólares), pero sin geisha, pueden degustar lo que se ha popularizado como el menú de la crisis : callos y entrañas de animales con verduras.

Ahorro que cuesta Las primeras víctimas de este furor ahorrativo de las empresas han sido los centros de esparcimiento y tiendas de regalo empresariales.

Solamente en Ginza, en el centro de Tokio, mil restaurantes han terminado en bancarrota en el último año, mientras una botella de whisky escocés en unos grandes almacenes del mismo barrio capitalino con una etiqueta de 500.000 yenes (4.700 dólares) espera en el escaparate tiempos mejores.

No es de extrañar, pues, que en la capital más cara del mundo, la venta de alimentos básicos y baratos como el arroz y el pan haya experimentado un aumento espectacular mientras languidecen las ventas de palos de golf a 300.000 yenes (2.800 dólares) o los melones de 25.000 yenes (230 dólares).

El consumo en nombre del espíritu de las tres jotas (por las iniciales de sus vocablos en japonés: discreto, práctico y sólido) se ha impuesto entre los cada día más conscientes consumidores nipones.

Términos que podrían explicarse como discretos en precio: los productos de menos de 3.000 yenes (30 dólares); prácticos en uso; es decir, en lugar de perfumes franceses, alimentos comestibles; y sólidos de fabricación: vestidos que duren más de una temporada y, a ser posible, sin marca conocida. De alguna forma, el espíritu de las tres jotas enlaza con el de la honorable pobreza del pensador Koji Nakano.

Lo que está por ver es si la salida de la crisis que el gobierno anuncia ya a bombo y platillo se materializa y la honorable pobreza vuelve a los libros de historia.

Por lo menos así lo cree M. Ichikawa, el director del departamento de Industria y Telecomunicaciones de la patronal nipona, para quien los japoneses han degustado el buen vino y será difícil que se aguanten sin volver a probarlo.

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