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LA VERDADERA TUTELA AÉREA

LA VERDADERA TUTELA AÉREA

Hay pocos temas de tanto interés general como el de la seguridad aérea. Involucra a las autoridades, al Congreso, a las aerolíneas, a los pilotos y, por supuesto, a los usuarios. Sobre el tema se hacen investigaciones, se critica, se especula y se concluye, no siempre con la objetividad y calma que materia tan delicada requiere. Como en todo, para obtener los mejores resultados, se necesita una correcta planeación, recursos y tiempo y, desde luego, la vigilancia y el control ejercidos en su oportunidad. En Colombia se han cumplido estos requisitos pero, a juzgar por los resultados, las cosas no han salido tan bien como se esperaba. Actualmente y ante el doloroso accidente de SAM, los diferentes sectores de opinión se han volcado en una polémica que busca corregir, en forma emotiva y precipitada, los errores y deficiencias de las administraciones aeronáuticas que, en el tiempo, han hecho unas cosas pero han dejado de hacer otras. Para juzgar bien el problema y buscar soluciones es ne

En nuestro país la seguridad aérea tiene una debilidad específica, consistente en que dos funciones distintas son ejercidas por una misma entidad; por una parte, la construcción y manejo de la infraestructura aeroportuaria que años atrás era responsabilidad de la extinta Empresa Colombiana de Aeródromos (ECA), y, por la otra, la función propia de una Aeronáutica Civil que consiste en la regulación del tráfico aéreo, la navegación y el control de la seguridad en toda su extensión, es decir, la verdadera tutela de la seguridad. Esta última se debilita en la medida en que la misma entidad ejerce las dos funciones, actuando como juez y parte, puesto que frecuentemente dichas funciones entran en conflicto. Esto no sucede así en muchos países miembros de la OACI.

Parece que nuestro sistema aéreo sufre más por fallas estructurales que coyunturales. La Aeronáutica Civil, independiente de quien sea su director, es una entidad gigante y paquidérmica, condiciones que generan ineficiencias que encuentran su atenuante en diversas circunstancias como la acción terrorista, el complicado sistema de contratación, los problemas laborales y la carencia de adecuado presupuesto.

Por los anteriores motivos es injusto concentrar toda la responsabilidad del problema en los directores de Aeronáutica, a quienes como chivos expiatorios se quiere enviar al desierto para que paguen por sus propios pecados y los acumulados durante muchos años por un Estado burocrático, costoso y lento. Nuevamente, podríamos recordar el dicho de que el calor no está en las sábanas.

Es urgente aprobar las leyes que descentralicen los aeropuertos y descongestionen la actual Aeronáutica Civil para que puedan concentrarse en su principal función que es la operación, regulación y control del tráfico aéreo, más aún en estos momentos en que por la nueva política aérea se encuentra operando en el país un mayor número de aeronaves que han congestionado aún más la precaria infraestructura aeronáutica, especialmente la del aeropuerto Eldorado.

Si las entidades regionales fueran las dueñas de los aeropuertos mediante empresas autónomas, éstas tendrían mayor flexibilidad y rapidez en la corrección de sus problemas de funcionamiento y seguridad. Entonces, la Aeronáutica Civil tutelaría con toda independencia la vida de los pilotos y pasajeros sin la intervención de jueces que no son los funcionarios más idóneos para tomar trascendentales determinaciones sobre la seguridad aérea. Ya se empieza a discutir y así lo leímos en reciente editorial de EL TIEMPO las inconveniencias de un cogobierno a través de tutelas de la rama jurisdiccional.

Ahora, en Colombia estamos enfrentados a un mare mágnum de decisiones que por un lado son buenas, por otro son perjudiciales y a veces exageradas. Con todo el respeto hacia los jueces que han tomado las últimas determinaciones en esta materia se cree que la restricción impuesta al aeropuerto José María Córdova, de Medellín, es por lo menos prudente y segura, pero no puede decirse lo mismo de la total suspensión de vuelos en aviones tipo jet al aeropuerto Camilo Daza, de Cúcuta, pues, en principio, parece exagerada.

Por último, vale la pena recordar que la seguridad aérea es un concepto relativo que puede medirse en una escala que comienza en lo inseguro, para luego subir a un nivel de seguridad mínima y, finalmente, alcanzar el nivel de máxima seguridad. Desde luego que hoy, en los finales del siglo, con todos los avances tecnológicos y la construcción de equipos especializados, se considera insegura la operación y los procedimientos que en los años 40 o 50 se aceptaban como seguros. Me decía un veterano piloto que la mejor y más segura ayuda en la navegación de entonces era el VOR , Ver o Regresar.

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