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POLICÍA NACIONAL Y JUDICIAL

POLICÍA NACIONAL Y JUDICIAL

Como ya se aproxima la nueva estructura de la Policía Nacional, conviene hacer algunas precisiones y sugerencias entre ésta y la Policía Judicial, para que si son aceptables se acojan así sea parcialmente: Presentación: La Policía Nacional debe ser un organismo eminentemente civil. Lo cual significa que su funcionamiento tiene que estar divorciado de toda conformación castrense. Y en consecuencia su proceder debe tener como actividad rectora la persuasión racional, prudente y equitativa. La prevención razonada constituye la ley de oro de las modernas policías del universo. En cambio, la Policía Judicial es un cuerpo técnico-científico cuya misión es la investigación de ilicitudes.

Son, pues, dos instituciones de labores distintas que llevan la misma dirección pero diferente sentido: la armonía comunitaria dentro de la seguridad, salubridad y tranquilidad públicas. Vale decir, una defensoría oficiosa del orden público.

Descripción: Si sus fines son unívocos su organización tiene que adaptarse paralela, pero como institutos totalmente autónomos. La dualidad de funciones, como las ha venido ejercitando la Policía Nacional, por ejemplo, ha generado la impunidad, las arbitrariedades y situaciones de descomunal gravedad, pues se cita el caso histórico sobre el cual Colombia reclama respuesta inmediata: según expresiones de un detenido que fue liberado de su injusta prisión, por el asesinato de Luis Carlos Galán, el autor del atentado iba en uno de los vehículos que hacía escolta oficial al eximio joven estadista.

Y entonces por cosas del sistema la prevención se confundió con la investigación para lograr los objetivos propios de los asociales: la impunidad, ya por negligencia o por dolo presunto.

Regímenes funestos que deben proscribirse.

Proyecciones: Nuestra Magna Carta previene que la Policía es un cuerpo de naturaleza civil . Mandamiento claro, terminante e ineludible. Al igual que la disposición en virtud de la cual la Policía Judicial debe estar dirigida por el Fiscal General de la Nación. Preceptos que hasta el momento se han cumplido con enfermiza timidez pues el método anterior persiste y que por lo tanto se hace su contemplación directa e indubitable en la nueva organización.

Este es el fundamento para consolidar los esperados cambios. Reformas que requieren firmeza y despojo del temor. Que la justicia sea la ordinaria, que las jerarquías no sean de charreteras, que las apreciaciones no vengan de imposiciones sino de la lógica, que la acción se genere en el hecho y no en la subordinación miliciana.

Epílogo: La multiplicidad de mandos no se justifica, pues es conocido de todos que sobre un agente de policía mandan hasta 20 superiores, desde el modesto dragoneante, hasta el Presidente de la República, pasando por estados menores y mayores, coroneles, cabos, sargentos, generalatos de una, dos y tres estrellas.

La verticalidad de las órdenes debe abolirse. La faceta castrense para estas instituciones es anacrónica e inconveniente. La fuerza de la razón dominará la razón de la fuerza.

Para el tema y su tratamiento radical y efectivo nada más confortante que evocar al gran don Miguel: El poder de los valientes cuando caen, se pasa a la flaqueza de los que se levantan .

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