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FUENTES DEL TIEMPO

FUENTES DEL TIEMPO

Es mentira que el tiempo todo lo borra. Más bien, se encarga de traer aquello que los hombres insisten en suspender en el pasado. El tiempo, como una esfera que conduce irremediablemente al mismo punto, sugiere la circulación de los episodios, el comienzo infinito, el retorno y la reiteración de los hechos propios del devenir del hombre. Carlos Fuentes lo entiende así. Y en su más reciente libro El naranjo, o los círculos del tiempo lo reitera. Para ello, se aferra por igual a la realidad y a la ficción.

El naranjo es la suma de cinco novelas cortas que, aún con su profunda carga de historia, vuelve una y otra vez por el presente. Esa movilidad la explica mejor uno de los personajes del libro cuando pregunta: Cómo van a aceptar que el presente es no solo el heredero del pasado sino el origen del futuro? .

El libro es un pretexto para que el portador de La región más transparente compruebe sus teorías sobre la circularidad de las historias y el poder a que se enfrenta quien domina la palabra.

Fantasear es el verbo que conjuga en todos los tiempos. Es también un juego de inventiva por el cual se explica una historia que está ausente de connotaciones aburridas y llena de doble sentido.

Fuentes es la voz íntima de cada personaje. De las bocas de Jerónimo de Aguilar, los hijos de Hernán Cortés, Cornelio Escipión, las mujeres de Numancia, Polibio de Megalópolis, Vince Valera y Colón, sale su voz de escritor convencido de que hoy, más que nunca, el presente cumple su cita con el pasado. Así, hace un recorrido por historias profundamente bellas pero intensamente dolorosas. La negación de la libertad humana es una constante de estos relatos. Una expresión sobre el reiterado exterminio de culturas.

Las dos orillas el primero de los relatos, está contado de fin a principio. Es la voz de Jerónimo de Aguilar, un marinero que tenía el poder de unir y destruir los pueblos, pues conocía la lengua de los Aztecas. Aguilar, como la Malinche, fue traductor, puente... Ambos sirvieron a Cortés. Ambos compitieron. Y ambos, con la idea de unir, separaron: la lengua era más que la dignidad, era el poder; y más que el poder era la vida misma que animaba mis propósitos, mi propia empresa del descubrimiento, único, sorprendente, irrepetible... Los hijos del conquistador representan la historia de México vista desde los dos extremos del mundo. Al fin y al cabo, cada uno está del lado opuesto del otro: uno era mestizo y el otro hijo de españoles. Son dos voces que cantan, una naánuatl y otra en castellano. Los hijos de México, un nuevo país: un país herido de nacimiento, amamantado con la leche del rencor .

Viene después Numancia, un capítulo que Fuentes había dejado abierto en El espejo enterrado. Es la historia de una ciudad en el extremo de los Pirineos que no cedió ante el cerco romano, doscientos años a. de C. La ciudad fue arrasada finalmente por Cornelio Escipión, pero durante un siglo Roma vio que sus barcos salían cargados de vida y regresaban con el único fruto de España: la muerte.

Ante este relato de Las dos Numancias, más esa idea de Fuentes de que la historia se repite, flota una pregunta: Puede repetir la humanidad un cerco semejante al que dos milenios atrás arrasó a Numancia? Apolo y las putas es un relato sui generis en el libro. Sin embargo es una comparación, desde los tiempos del cinematógrafo, con episodios de la tragedia griega y un recorrido por las costas del Mar de Cortés.

Finalmente, en Las dos Américas se confirma la teoría del devenir en el tiempo. Para Fuentes, Colón no se equivocó del todo cuando, buscando el Japón, llegó a América. Hoy, 500 años después, el Japón, su tecnología y su espíritu competitivo, se vino al paraíso americano.

Pero El Naranjo es también uno de esos experimentos en los que Carlos Fuentes ensaya a darle la palabra a uno y otro de los personajes, a intercalar voces, a sumar versiones, a construir escenarios que son eco de la aurora inicial , a devolverse en vez de avanzar en la historia...

El naranjo es una semilla que aparece por todos los mares de la historia. Que se planta en el centro de Numancia, que entra por la ventana de las agonías de Cortés, que se asocia con la muerte. Además, se muerde, se pela, se palpa, se recorre como todas las esferas. Fuentes siembra el naranjo y marca la historia con la sombra perecedera de la palabra. El escritor quizás no tiene otra cosa sino el recuerdo con el cual salvarse, él mismo, de la muerte .

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