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LA DEMOCRACIA LOCAL ANTE LA AUSENCIA DE ESTADO

LA DEMOCRACIA LOCAL ANTE LA AUSENCIA DE ESTADO

Un Estado sin la capacidad para cambiar es un Estado sin la capacidad para conservarse. Burke

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de julio 2002 , 12:00 a. m.

Un Estado sin la capacidad para cambiar es un Estado sin la capacidad para conservarse. Burke.

A pesar de la Constitución del 91, la provincia le sigue quedando lejos al centralismo de las grandes ciudades. Hemos aceptado que el nuestro es un país de regiones y de diversidades, pero insistimos en gobernarlo con reglas homogéneas. Mantenemos la fórmula unitaria, desde la óptica de un monismo jurídico que nace en el corazón del Estado nacional y enerva la creatividad de las regiones y localidades.

Leyes ciertamente descentralizadoras, como la 136 de 1994, fueron neutralizadas por reformas posteriores. Los peligros del déficit y los desvíos de algunos mandatarios locales no significan que sea imposible compatibilizar la templanza fiscal con la autonomía territorial. Los gobiernos nacionales siguen recetando desde el centro, sin lograr la remoción de unos factores de crisis que son periféricos. Por falta de liderazgo e imaginación, estamos destruyendo las posibilidades de la democracia local como eficaz estrategia para la transformación política.

La diversidad de regímenes locales.

El artículo 320 de la Constitución autoriza el señalamiento legal de diversos regímenes de gobierno para los municipios colombianos. No se trata de categorías según su población y recursos, ni de señalar distinta organización administrativa, sino distinto régimen político. En otras palabras, la Carta reconoce la conveniencia de gobernar con diverso régimen a municipios tan distintos como Cartagena de Indias y Cartagena del Chairá, o Valledupar y Roncesvalles. Lo importante sería que esa normatividad fuera producto de la voluntad local.

Los centros urbanos, que en Colombia no llegan a cincuenta, han impuesto sus normas a más de mil municipios, por encima de su realidad histórica y de sus circunstancias sociales. Como lo anota el jurista Augusto Hernández Becerra, el pequeño municipio puede funcionar sin Concejo y con uso intensivo del cabildo abierto; o con un Concejo cuyo presidente cumpla, al mismo tiempo, las funciones de alcalde. Incluso, podría funcionar sin alcalde, dependiendo de sus características y de la capacidad creadora de su comunidad.

En esa forma surgiría una especie de pluralismo jurídico sano, consentido y autorizado por el Estado, cuyas leyes aprobarán cada régimen local para garantizar la unidad política del país. Los ciudadanos ejercerán la democracia territorial como instrumento para construir, de abajo hacia arriba, una patria unida y diversa, con un tejido social dispuesto a transmitir valores solidarios, sentido de pertenencia, espíritu de tolerancia. El flujo de la democracia local garantizará la legitimidad de sus alcaldes y la reconstrucción progresiva de las instituciones. Por lo tanto, es necesario preservarlo. En Colombia, esa democracia local está amenazada, porque está amenazada la seguridad de funcionarios y ciudadanos que viven en provincia. Sin embargo, las autoridades nacionales suelen negarse a aceptar respuestas construidas desde el ámbito local/regional, con el argumento de que el manejo del orden público es responsabilidad de los poderes centrales.

Mientras tanto, la violencia sobre la vida comarcana produce un impacto de consecuencias imprevisibles. Tengo bien averiguados los progresos de la fuerza pública en materia de capacidad operativa, pero también sus limitaciones y los costos de incorporar cada nuevo soldado profesional al combate. Por otra parte, la Policía Nacional acusa una crisis interna que está afectando su credibilidad. En consecuencia, es preferible reorientar la dirección de los recursos hacia soluciones más cercanas al origen y a la naturaleza del problema. Si se ha descentralizado la guerra es preciso descentralizar también la manera de enfrentarla.

Resulta necesario crear una fuerza armada de nivel territorial manejada por las autoridades territoriales. Una especie de guardia civil o de policía municipal, provincial o regional, reglamentada institucionalmente. Una fuerza profesionalizada, idónea, bien dotada, entrenada para mantener el orden y repeler cualquier agresión armada, pero respetuosa del Estado de derecho y sujeta a control desde niveles superiores del Estado.

Pero no es en la fría cúpula de los poderes centrales, sino en la dinámica viva del organismo local donde deben estar el origen y el eje de esta policía comarcana, integrada por vecinos que se la jueguen por su patria chica, con capacidad para defender la legitimidad democrática y con la esperanza de realizar en su propia tierra su proyecto de vida.

* Profesor universitario

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