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UNA CLÍNICA DE SORPRESAS

UNA CLÍNICA DE SORPRESAS

La casa se convirtió lentamente en el sitio preferido de los padres. Allí llegan hombres de diferentes partes para resolver sus inquietudes, para solucionar sus problemas más íntimos , y hasta para saber cosas que desconocen de sus matrimonios. En la Clínica del Hombre, a pesar de que hay consultas de especialidades como urología, información y tratamiento de enfermedades de transmisión sexual, infertilidad masculina y sexología, la reina es la vasectomía.

Y ese procedimiento de planificación familiar masculina, convertido en un verdadero fenómeno social, es el protagonista de algunas historias de padres, en las cuales se mezclan, increíblemente, la responsabilidad y la infidelidad.

No es un secreto que cada día son más los hombres que se someten la sencilla operación. Lo curioso es que con ella algunos descubren secretos que sus esposas intentan guardar infructuosamente.

Ocurre en pocos casos, que son verdaderas perlas de la ironía, como lo demuestran las anécdotas que cuenta la directora de la Clínica del Hombre, Cecilia Cadavid. Son historias sorprendentes.

Ingeniero sin cálculo Entre los casos que más recuerda la directora está el de un ingeniero metalúrgico de Boyacá, al que después de dos años de haberse vasectomizado, le resultó embarazada su amante.

Ella vino a la clínica para hablar conmigo, pues tenía tres meses de embarazo. Y, según ella, eso se debía a que la vasectomía de su compañero había fallado , recuerda la directora.

Entonces al hombre se le practicó un espermograma, que resultó negativo. La infidelidad de la amante quedó demostrada y el corazón del señor, destrozado.

Pero ahí no terminó la historia. En una Navidad, varios años más tarde, volvió el mismo hombre, pero esta vez con su verdadera esposa: en esa ocasión ella era la que estaba embarazada.

Nuevamente él fue sometido a la prueba de fertilidad y, para su asombro y desdicha, el examen otra vez resultó negativo...

Un policía burlado Pero una de las historias que generó mayor expectativa en la Clínica del Hombre fue la de un responsable policía que un día decidió no tener más familia. El uniformado se sometió al procedimiento y, orgulloso, se lo comentó a sus compañeros en el cuartel. Incluso, les repartió folletos sobre la operación.

Claro que también se vasectomizó y así se lo confesó a la directora de la Clínica para estar seguro de que su esposa no le era infiel, pues él viajaba mucho en esa época. A los pocos días regresó y encontró que su mujer tenía cinco meses de embarazo.

El espermograma del uniformado resultó negativo, y en el interior de la clínica creció el temor por un trágico desenlace. La primera reacción del policía fue pensar en que sus compañeros conocían su situación y él no tenía cómo explicar lo que sucedía.

Así que pidió su traslado para otra ciudad del país, a donde se fue con su esposa y con el hijo de ella. A los dos los recibió porque, según lo recuerdan los testigos, para él era más importante el amor que sentía, que el problema que se le había presentado.

El pastuso fervoroso Tal vez el colmo de las historias secretas que reveló la vasectomía en la Clínica del Hombre reposa sobre las espaldas de un padre pastuso (en Profamilia es una marca).

Igual que los demás, el hombre volvió varios meses después de vasectomizarse; igual que los demás, regresó con su esposa embarazada; igual que con los demás, tuvo la misma discusión: Señor, usted no puede embarazar a nadie en el mundo, le dijeron en la Clínica, después del examen de rigor para probar que no podía procrear.

Sí, ese hijo es mío, replicó, con un severo tono de seguridad.

Entonces le hicieron la invitación: Por favor, hágase el espermograma.

Y luego de conocer el resultado vino la perla: Está bien, es negativo. Pero mi fe, como dice el dicho, mueve montañas. Esto es obra del Espíritu Santo. Gracias a Dios, sin tener semillas masculinas, he podido engendrar un hijo.

Después de esa respuesta, el ambiente en la clínica se enrareció. A todos les quedó un extraño sabor que confundía las ganas de reír, la tristeza, la rabia, el silencio: la paternidad a veces es responsable, pero...

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